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Crónicas catalanas – 6 E: LA UNIÓN FORZOSA ES UN DESASTRE COLECTIVO

Alfons Bech – (La Aurora)

La decisión del juez Llarena de mantener a Oriol Junqueras en la cárcel muestra el límite de este Estado español. Un Estado imperialista fracasado, no democrático. ¿Se piensan quienes dirigen este Estado que con la represión, las amenazas, las palizas, la cárcel para algunos de sus dirigentes, resolverán el actual estado de cosas? Al revés: se complicarán cada vez más.

Sin ir más lejos la aplicación de todo el arsenal represivo ya está provocando la retirada de apoyos de varias autonomías a los presupuestos generales del Estado que el PP tiene que presentar para 2018. Empezando por los nacionalistas vascos, pero siguiendo por los socialistas valencianos y de las islas Baleares. No; el PP no tiene nada fácil seguir gobernando esta Monarquía corrupta, a pesar del apoyo que le brinda la dirección del PSOE y de Ciudadanos.

No hablemos ya de la corrupción, con casos que cada día le estallan a don “M.Rajoy”, al que los jueces no son capaces de identificar (!!!). Hablo de que el equilibrio territorial y económico establecido con el régimen del 78 ya no da más de sí. Ni la Monarquía puede ceder un “cupo catalán” como tiene los vascos porque se arruinaría y entraría en guerra con las autonomías que reciben los beneficios que aportan las autonomía más ricas -por tanto en un lugar destacado la catalana- ni puede seguir ahogando económica y financieramente al principal motor industrial y turístico del Estado, que es la gallina de los huevos de oro.

Si uno piensa friamente la única opción que le queda a Rajoy y el bloque del 155 es continuar y aumentra la represión, es la movilización del ejército y del ala fascista que representan muy bien Ciudadanos y algunos “socialistas” como Borrell. Sólo así pueden conseguir -por un cierto tiempo no muy largo- dar la vuelta a lo que las elecciones han mostrado, una y otra vez, pero en esta ocasión con mayor rotundidad y con una participación récord del 81%: que los independentistas son ya el sector social mayoritario y más movilizado de Catalunya. El 21 D fue la derrota del 155. No hay discusión.

La ministra de Defensa, Cospedal, ya ha dejado claro en esta Pascua militar que “el ejército estuvo y está preparado” para cuando tenga que intervenir. A esta franquista sin reciclar no le cae la cara de vergüenza de añadir que ningun mando del ejército haya hecho un pronunciamiento “no es tan fácil conseguirlo en ningún país del entorno”. O sea, que debemos dar la gracias porque no se haya producido otro intento de golpe de Estado como el 23F del 81.

Pero si el PP lo tiene difícil no quiere decir que la gente trabajadora y la democracia lo tengan fácil.

Al quitarse la careta “democrática” el Estado va avanzando en un camino del cual es difícil salirse. Salvando las distancias, la actuación del Estado español y de las fuerzas del 155 me vuelven a la memoria los inicios de las guerras balcánicas de principios de los 90. Empezó con el ataque del principal Estado de la Federación yugoslava, Serbia, a sus vecinos en aras a controlar el conjunto de la Federación. Eso es lo que llevó a una desmembración violenta, nefasta para todas las partes. En cambio, como han señalado los presidentes de las actuales Repúblicas de Chequia y Eslovaquia, la separación amistosa entre ambas sólo trajo beneficios. Pero…¿puede el Estado español aceptar una solución así?

Oriol Junqueras seguirá en la cárcel. No por ningún peligro inmediato, no por ningún plan “anticonstitucional”. Seguirá en la cárcel porque mantiene sus ideas independentistas. El día 4 el juez Llarena lo ha decidido así, en una suerte de juicio exprés y paralelo, sin poder defenderse ni que el Estado presente pruebas. Basta las suposiciones de un juez. Él y el gobierno del PP, con apoyo implícito de PSOE y explícito de Ciudadanos, cierran la puerta al diálogo, a la negociación, a la investidura del gobierno que las urnas han decidido.

Puigdemont en el exilio junto a cuatro consellers. Oriol Junqueras, Font y los dos Jordis en la cárcel. El desafío de formar gobierno y seguir movilizándose es la clave para que las brechas del régimen se muestren en toda su magnitud y dar paso a un cambio social y democràtico en este 2018.

 

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