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EDITORIAL #28: La gran mayoría del pueblo no está con Maduro ni con la derecha tradicional y necesita una nueva referencia política alternativa

Fueron más los votos contrarios y la abstención que los votos por Maduro

Los resultados electorales, que dieron como ganador a Nicolás Maduro (PSUV) con casi un 68 % de votos (6.157.185 electores), nos colocan, por ahora, ante un escenario de continuidad del gobierno burocrático-militar hasta 2025, con sus políticas fatalmente lesivas para el pueblo, marcadamente autoritarias y de penosa reversión del proceso revolucionario liderado por Chávez.

El sector de la derecha tradicional que participó en las elecciones, representado por Henry Falcón, no logró remolcar el descontento y la rabia de la gran mayoría con el gobierno hacia su proyecto neoliberal y su oferta de dolarización.

El hecho más destacado es que cerca del 54 % se abstuvo, cuando históricamente la abstención nunca pasó del 30 %. Sólo votó un 46 %, 9.261.839, y hubo 1,9% (176.210) de votos nulos. La participación fue la más baja desde 1958. Y este volumen de la abstención cambia la interpretación de los resultados completamente.

Si sumamos los votos contrarios a Maduro con la abstención, tomando en cuenta el total de electores, observamos que un 68 % no votó por el candidato PSUV y sus satélites políticos. Entre los contrarios y los que se abstuvieron hay casi dos tercios que no apoya al presidente electo: 14 de los 20 milones que componen la población electoral.

Gran parte de los partidos de la oposición de derecha, antes MUD, tuvo una posición abstencionista, de desconocimiento del proceso electoral, pero no significa que la abstención estuviese motorizada esencialmente por ellos. Cabalgaron el estado de conciencia y de ánimo de amplísimos sectores del pueblo, que están demostrando que ya no creen en ninguno de los actores políticos, ni en las elecciones ni en las instituciones del Estado.

La actitud abstencionista no implica necesariamente un seguimiento de las directrices de la derecha, sino que expresa descontento y malestar general con el gobierno de Nicolás Maduro, en el marco de un gran vacío por la falta de una alternativa política. Una parte de la abstención es habitual y por lo general ha estado entre el 20 y el 25 %, pero al menos un 30 % de la actual abstención pudiera ser calificada como “consciente” o “militante”, sea cual sea su signo, pudiendo abarcar inclinaciones hacia la derecha o posiciones conocidas como “chavismo crítico”.

La posición asumida por una parte de la derecha fue alentada por el gobierno de Trump y por el llamado Grupo de Lima (los gobiernos más reaccionarios de América Latina), tiene una hoja de ruta conspirativa insurreccional asociada a alguna forma de intervencionismo imperialista que puede incluir la incursión militar. Pero, fundamentalmente es un engranaje del “juego del garrote y la zanahoria”, que aprieta fuerte por un lado con sanciones económicas-financieras o con el sabotaje, pero que busca mejores condiciones para la negociación, hacia una posible “transición” pactada para la salida de Maduro y de la burocracia que osó arrebatarle el Estado y la hegemonía capitalista a la burguesía local, tras la degeneración sufrida por la revolución bolivariana a manos de esta dirección política.

La altísima abstención y la suma de los votos adversos, convierten al de Maduro en un gobierno que no cuenta con la simpatía ni el apoyo de dos tercios de la sociedad y en esa franja mayoritaria se congregan amplios sectores del pueblo con un profundo rechazo por este gobierno al que ven y sienten como una calamidad y una tragedia.

Pese a los votos forzados y la compra de votos se debilita la base política del gobierno

Esto hace que la aparente “victoria” electoral de Maduro tenga, en realidad, contradictoriamente, elementos de una derrota política. Porque, en el fondo, refleja un importantísimo retroceso y pérdida de respaldo de la población (respecto a votaciones anteriores), con disminución muy notable de la participación, que tiene una significación muy negativa respecto al gobierno y al sistema electoral. Chávez ganaba con apoyo y entusiasmo de amplios sectores del pueblo mientras en la actualidad se impone la maquinaria electoral burocrática que motoriza un voto básicamente clientelar o forzado a regañadientes. Es palpable que también se produjo, en muy poco tiempo, un descenso considerable respecto a los resultados de las también cuestionadas elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que se eligió en julio 2017 sin la participación de la oposición y en la que los votos informados por el CNE fueron superiores a los 8 millones. Casi 2 millones de votos se esfumaron o fueron una ilusión.

No hay que entrar a cuestionar los resultados numéricos de estas elecciones presidenciales para señalar que en todo el proceso pre-electoral y en su desarrollo mismo, fueron evidentes numerosos y distintos tipos de irregularidades y abusos, grosero ventajismo, peculado de uso de los recursos y medios del Estado, coacción y amenazas, utilización clientelar o condicionada de beneficios sociales, presión obligante sobre empleados del Estado, control social con el Carnet de la Patria, votos “asistidos” (violando el voto secreto), etc.

Pero uno de los ilícitos electorales más escandalosos y además, muy evidente, como hecho público y comunicacional, a través de los discursos del propio candidato-presidente, fue la oferta engañosa de bonos de recompensa por el voto, con instalación de puntos de control del voto oficialista en las inmediaciones de los centros electorales, entre muchas otras violaciones de las leyes y reglamentos electorales y de los derechos del elector.

Hay, entonces, una gran cantidad de votos forzados, con chantaje o una especie de comercio electoral muy deplorable, que no expresan el libre ejercicio decisorio y que, por consiguiente, configuran una situación fraudulenta continuada, donde el CNE ha mirado para otro lado y se ha comportado como un alcahuete o cómplice necesario.

No se puede ser presidente premiando votos con recursos del Estado

Así que el hecho de que Maduro ofreciese un premio o recompensa, un bono “bien bueno” a los que fuesen a votar con su Carnet de la Patria, obviamente a su favor y con recursos del Estado para una parcialidad, constituye falta flagrante, suficiente para descalificarlo como candidato y presidente. Esta falta la reconoce el CNE al tener que declarar la prohibición del pago de bonos o incentivos monetarios, luego de conocerse los ofrecimientos.

Por menos que esto fueron removidos varios diputados del estado Amazonas, cuando se reveló una operación de compra de votos, lo que desató la situación conducente a que fuera declarada en “desacato” la Asamblea Nacional y se produjera su inhabilitación como poder legislativo. Con estos antecedentes y en concordancia con la Constitución y la Ley, un presunto comprador de votos no podría ser considerado como presidente legítimo y el ente electoral tendría que entrar en profunda reestructuración para un replanteamiento garantista de las elecciones.

Lo palpable es que, aunque Nicolás Maduro haya sido reelecto y se mantenga para un nuevo período, esto sucede con una reducción clara de su caudal de votos y de su base social, dado que la gran mayoría de la población votó en su contra o se mantuvo al margen de las elecciones, enviando de esta manera una señal de rechazo al gobierno.

No obstante, cuenta con un nicho, anclado en el aparato del Estado (funcionarios públicos), en movimientos burocratizados y clentelizados, y en sectores muy empobredidos que dependen de los subsidios estatales para sobrevivir en la crisis o que temen perder lo poquísimo que queda de las conquistas más importantes de la revolución bolivariana (por ejemplo, Misión Vivienda). Estos sectores también manifiestan alto grado de descontento, aunque puedan seguir votando por el gobierno bajo condiciones electorales controladas por la burocracia, además de temerle a una vuelta de la derecha tradicional y… por no haberse levantado una fuerza política alternativa.

Maduro no cuenta con la mayoría, pero faltó una alternativa política capaz de provocar el cambio

Así que, Maduro no cuenta con la mayoría de la población a pesar de haber alcanzado la mayoría relativa de los votos; su triunfo tiene “sabor a poco”, y lo central de la votación ha sido el predominio de la abstención, relacionada en alguna medida con la ausencia de una alternativa o referencia política atractiva para quienes han apoyado la revolución de Chávez y hoy experimentan decepción, o para aquellos que rechazan tanto a Maduro como a la derecha tradicional, pero no ven opción con posibilidades de hacerse gobierno.

Lo que también es evidente, es que la oposición de derecha tradicional (hay quienes consideran que el Gobierno-PSUV ya es otra derecha) está dividida en sus tácticas, ya que una parte (liderada por Falcón) asumió una actitud más conciliadora, mientras que la otra tiene una línea conspirativa-insurreccional a la sombra de Estados Unidos y los gobiernos más derechistas del área. Esta fracción de la derecha venezolana, que estuvo nucleada en la ex MUD ahora está principalmente en el Frente Amplio, con algunos factores del chavismo, contrarios a Maduro, partidarios de lo que llaman “unidad nacional contra la dictadura”).

El pronóstico de este escenario, respecto al Gobierno-PSUV, es que estará tentado a acentuar su autoritarismo al achicarse su base social. Un gobierno con el cual la revolución bolivariana se ha alejado tanto, que su desmantelamiento va dando paso a una conducta cada vez más contrarrevolucionaria de su dirección política, con rasgos neo-estalinistas, en la que ha hecho metástasis la corrupción a gran escala.

Pero, la votación contraria, la abstención y la votación forzada podrían ser el preludio de una intensificación de las protestas y luchas, que ya se vienen escenificando, en medio de las tremendas dificultades que aquejan a la clase trabajadora, a los sectores populares y sectores medios, pues el gobierno es incapaz de dar salida real a la terrible situación de penurias. Las nefastas políticas del “madurismo” y el acoso de una derecha digitada por Washington, no harán otra cosa que empeorar las circunstancias.

Marea Socialista procuró promover un voto independiente de las élites de poder

El único candidato de izquierda no madurista, Reinaldo Quijada, de UPP89, apoyado por Marea Socialista, obtuvo el 0,39 %, con algo más de 36.000 votos. Este voto representa un intento de actuar con independencia política respecto a los actores dominantes, a la neo-derecha madurista, la burocracia o lumpen-burguesía, y a la derecha tradicional, que obedece directamente al imperialismo y a la burguesía nacional.

En este sentido, el voto de Marea Socialista para Reinaldo Quijada (UPP89) ha procurado buscar una mayor proyección y condiciones más favorables de construcción política, apuntando a poder levantar esa opción independiente de la burocracia y de la burguesía, que pudiese canalizar lo que se fue desde la izquierda y del chavismo crítico hacia Falcón o hacia la abstención inorgánica, y para estar mejor posicionados hacia el impulso de una nueva referencia o reagrupamiento político que pueda tener a MS como un promotor principal.

No logramos aún, en estas elecciones, el impacto deseado en esa dirección, pero una tarea central será mantener la conexión e intentar organizar a al menos una parte de ese electorado (36 mil votantes) que decidió apoyar una candidatura deslindada del Madurismo y de la derecha. Esto nos ayudará en nuestro trabajo político si al mismo tiempo intervenimos en las luchas que han de sobrevenir, si apostamos a que lo que ocurrió en las elecciones ha de manifestarse en el terreno directo de la lucha, renovando la disposición de cambio y transformación del pueblo venezolano.

Maduro llama a “dialogar” mientras sigue “con el mazo dando”

Por último, ante la invitación de Nicolás Maduro a los candidatos para un nuevo “diálogo”, pensamos que la conducta gubernamental no da ninguna señal positiva más allá de la retórica. Y no nos referimos a las fracasadas experiencias de “diálogo” unilateral y secreto con la derecha y con agentes del capitalismo global, sino a la consabida recepción de propuestas que caen en saco roto, a las que el gobierno, más allá del la pose y el show, no les presta la más mínima atención, como aquellas “10 mil propuestas de las patrullas para Nicolás Maduro”. Por eso creemos que ir al dialogo con Maduro en estas condiciones es abonar a escenario de otro fracaso; un dialogo que ha demostrado ser una vitrina mediática que sólo favorece al gobierno en su afán de relegitimarse, y del que no ha surgido ninguna iniciativa válida para sacar al pueblo de su situación de miseria.

Un gobierno que ha roto el respeto a los derechos políticos fundamentales del pueblo al violentar los mecanismos constitucionales, incluido el referendum, como sucedió con la convocatoria de la ANC; que gobierna bajo estado excepción; que recurre cada vez más a la represión; que hunde día a día al pueblo en los peores sufrimientos conocidos en décadas, mientras continúa su desenfrenado desfalco a la nación; ha perdido absolutamente toda la credibilidad. Por consiguiente, creemos que la gran tarea es contribuir a reorganizar al pueblo para que pueda resistir, favorecer la recomposición del movimiento obrero y popular, y avanzar hacia la construcción de la referencia política alternativa, con una genuína posición de izquierda, anticapitalista, antiburocrática, antiimperialista y democrática.

Construyamos la nueva referencia política que necesita el pueblo

Necesitamos dotarnos de esa nueva referencia política alternativa que impulse la lucha en pos de un cambio que permita aplicar un plan de emergencia y salida de la crisis, recuperar las mejores conquistas de la revolución bolivariana, restaurar el clima democrático del país, superar los vicios y limpiarnos de corrupción, revertir la entrega que protagoniza la traición, sin volver a caer en las manos de las élites de poder. Para eso llamamos, tanto a quienes votaron de manera autónoma como a quienes que se abstuvieron, también de manera consciente y autónoma, frente a los factores de la dominación, a que unamos nuestras fuerzas y trabajemos juntos y juntas con estos objetivos.

Equipo Operativo Nacional de Marea Socialista

Posición electoral de Marea Socialista en la presidenciales del 20 de mayo 2018:

https://www.aporrea.org/ideologia/a261930.html

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