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Una nueva guerra imperialista en Oriente Próximo

Hoy se conmemora una vez mas la Nakba, la expulsión del pueblo palestino de sus tierras con ocasión de la proclamación del estado sionista de Israel y la guerra árabe-israelí de 1948. Esta catástrofe, que supuso una violación del plan de partición de Palestina de 1947 de la ONU, y respondió a una estrategia diseñada de limpieza étnica colonizadora, seria motivo suficiente para expresar nuestra solidaridad con el derecho de autodeterminación del pueblo palestino.

Pero ayer, 14 de mayo, la administración Trump, en una violación flagrante del derecho internacional, desplazó su embajada de Tel Aviv a Jerusalén Este, reconociendo de facto a Jerusalén como una ciudad bajo jurisdicción y capital del Estado de Israel, a pesar de la línea de demarcación de 1967 que la divide. Mientras las autoridades de EEUU e Israel -con la ausencia de los representantes de la UE- inauguraban las nuevas instalaciones, los francotiradores del ejército israelí asesinaban en un solo día a 52 palestinos y herían a otros 770 de bala, de los 40.000 manifestantes que se aproximaron a la verja que cerca Gaza.

No sabemos aun la cifra de muertos y heridos de hoy, martes 15 de mayo, cuando hay convocadas manifestaciones en los Territorios Ocupados de Gaza y Cisjordania. Teniendo en cuenta los precedentes de las últimas semanas, el 70 aniversario de la partición de la Palestina histórica se ha convertido en una bacanal sin precedentes de sacrificios humanos por parte de los francotiradores israelíes. Sería un crimen de guerra si hubiera una guerra. Pero se trata de un asesinato en masa a sangre fría unilateral.

La semana pasada, el 9 de mayo, Israel llevó a cabo el mayor ataque aéreo contra docenas de bases militares en Siria desde 1974. Bibi Netanyahu, primer ministro israelí, lleva años preparando una guerra contra Irán por la hegemonía del Próximo Oriente. Su argumentación, apoyada en un sionismo religioso ridículo, y cuyo verdadero objetivo es marginar las cuatro investigaciones por corrupción que lo acorralan, se basan en la necesidad de un golpe preventivo que haga caer al régimen teocrático de los ayatollahs en Teheran antes de que puedan desarrollar armamento nuclear, con la excusa de que pueden representar una amenaza al único estado que cuenta realmente con armas nucleares tácticas de toda la región.

Tras el acuerdo de control nuclear de 2015, firmado por Irán con las potencias del Consejo de Seguridad de NNUU y Alemania, los inspectores de la ONU han certificado periódicamente el cumplimiento de Irán. No así de la administración Trump de EEUU, que no ha levantado, sino reforzado las sanciones económicas que ahogan al pueblo iraní. Netanyahu ha conseguido no solo que Trump denuncie el acuerdo firmado por Obama -ante la oposición de la UE, Rusia y China- sino que tanto Trump como Putin le hayan permitido atacar impunemente decenas de bases militares en Siria utilizadas por los pasdarans iraníes. Pero su verdadero objetivo no son solo las milicias iraníes y de Hezbollah en Siria y el sur de Libano. El verdadero objetivo de Netanyahu es un ataque aéreo israelí contra las instalaciones nucleares en territorio iraní, a pesar de estar bajo inspección de NNUU.

Tras la derrota del estado islámico en Irak y Siria, Israel amenaza con una nueva guerra generalizada en Oriente Próximo, con el apoyo de EEUU y Arabia Saudí, para destruir la hegemonía del eje Iran-Irak-Siria y Hezbollah, apoyado en Siria por Rusia.

Se trata de un conflicto inter-imperialista. Y precisamente por ello, hay que denunciar a quiénes utilizan como victimas expiatorias a los pueblos de Oriente Próximo para imponer por la razón de la fuerza los mezquinos intereses de sus clases dominantes.

Y como es habitual, esta guerra ha comenzado ya en Palestina y se extenderá desde Siria y Libano a toda la región, de la mano de Netanyahu, Trump y Bin Salman.

A menos que un movimiento contra la guerra imperialista se lo impida.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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