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Balance de las elecciones en Colombia

Aunque solemos decir que las elecciones no reflejan de manera directa el resultado de la lucha de clases, porque se realizan en el terreno de la burguesía y son controladas totalmente por el estado burgués, en esta oportunidad podríamos decir que en Colombia, desde hace varios años, la lucha de clases y la pelea electoral se van acercando un poco más de lo acostumbrado, es decir, las definiciones electorales, reflejan un poco más de cerca la realidad de la lucha de clases y la confrontación entre el movimiento de masas y los gobiernos y facciones burguesas.

Durante décadas de la conducta reaccionaria y los métodos de guerra civil contrarrevolucionaria, desatada por la alianza entre la burguesía, los terratenientes, los narcotraficantes, muchos políticos y congresistas y las bandas criminales, utilizando bandas armadas de asesinos, con el apoyo del ejército colombiano (recordemos los falsos positivos con un saldo de más de 4000 jóvenes inocentes asesinados y acusados falsamente de guerrilleros), esta alianza nefasta, oscura y criminal mejor conocida como las autodefensas, desató una guerra contra el pueblo, contra los dirigentes sociales, sindicales y políticos y contra los partidos obreros y populares, recordemos también que, solamente entre los años 1986 y 1994 fueron asesinados más de 4000 miembros de la Unión Patriótica, (la mayor agrupación de izquierda que existía en el país), también desplazaron a los grupos guerrilleros de varias regiones del país. En el trasfondo de esta guerra, subyace la expropiación y el despojo de la tierra y defenestración de su patria chica de millones de familias campesinas, hoy con más de 6 millones de desplazados.

Los colombianos en general pero, sobre todo en las áreas rurales, han vivido las últimas décadas, prácticamente bajo un régimen de terror, manipulado por presidentes “Elegidos en democracia”, que han representado antes que nada, ese carácter reaccionario y de ultraderecha de la mayoría de la burguesía colombiana. Por supuesto que este fenómeno ha marcado profundamente la conciencia política de sectores importantes de la población colombiana, especialmente en los zonas rurales y campesinas de Colombia, sometidas e inermes frente al yugo implacable de los terratenientes y sus bandas armadas, más la tremenda influencia religiosa y la milenaria atadura del campesinado a la tierra, han construido en amplias regiones como Antioquia, Córdoba y el eje cafetero (Caldas, Quindío y Risaralda), una base rural, sometida social y políticamente a los designios de las clases dominantes por casi dos siglos de vida republicana. Esta clase de voto, es amarrada y controlada por los burgueses y terratenientes locales y es precisamente allí donde se encuentra el mayor bastión del Uribismo, a diferencia de lo que ocurre hoy, en las grandes ciudades y áreas urbanas de otras regiones, como Bogotá, Cali y Barranquilla (con excepción de Medellín), donde se expresa una votación más libre y con muchas menos ataduras al clientelismo secular.

Es por esto que el curso de la lucha de clases ha venido tomando un carácter y un rumbo muy democrático, en el sentido de la amplitud de las luchas políticas y sociales, entre ellas la lucha por la tierra, por la reforma agraria, por las libertades de asociación, por las libertades políticas, por los derechos de movilización y huelga, por la defensa de la vida y los derechos humanos y una lista interminable de derechos conculcados.

Me refiero a lo ocurrido en las últimas décadas, porque el hecho político fundamental y el significado de los resultados electorales de 2018, marcan un cambio importante, un hito en las relaciones políticas en Colombia, en sus expresiones políticas organizadas, con consecuencias en los alineamientos de clase correspondientes y marcando la dinámica de las luchas en el futuro próximo.

La Primera Vuelta

En la primera vuelta del 27 de mayo empezaron a tomar cuerpo dos polos opuestos en la política colombiana, al principio de manera algo confusa, por la ausencia de grandes partidos obreros y organizaciones de masas de las clases asalariadas y de los pobres del campo y la ciudad. También por el carácter vacilante y democratero que le han querido imprimir a sus movimientos políticos, la mayoría de las direcciones que van configurando la alternativa democrática, defensora del proceso de paz. En el campo de la derecha, se postuló el candidato del partido liberal, Humberto de la Calle, con una arista bien democrática, al presentarse como defensor y garante del proceso de paz que el mismo había impulsado en los diálogos de la Habana, como representante y dirigente del proceso por parte del gobierno, pero con el lastre que representó para su campaña, la facción del expresidente Gaviria en el partido liberal y toda una serie de gamonales y caudillos regionales, representantes de la corrupción y el clientelismo de marras, esta candidatura sufrió una contundente derrota en la primera vuelta, solo obtuvo 400.000 votos.

Luego la candidatura liberal de centro dirigida por el profesor, exalcalde y exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo, con poca diferenciación de los programas neoliberales y con el acento en la educación y la transparencia política, separado orgánicamente de los partidos tradicionales pero curiosamente no combatido a fondo por esa burguesía reaccionaria del sindicato antioqueño que aglutina sectores importantes de industriales y banqueros paisas(de Antioquia y el eje cafetero) con mucho peso a nivel nacional. El voto por la Coalición Colombia, cuyo candidato Sergio Fajardo aglutinó a sectores importantes de la clase media e intelectuales y periodistas descontentos y críticos con el gobierno Santos y con las prácticas clientelistas de los partidos tradicionales además aglutinó las bases de sectores importantes de la juventud universitaria, democrática y urbana que arrastro sectores de centro izquierda, liderados por una parte por el partido verde del exalcalde de Bogotá y exrector de la Universidad Nacional, Antanas Mockus y la reconocida intelectual y dirigente política Claudia López, una de las críticas más fuertes del Uribismo, del paramilitarismo y del gobierno Santos, también reconocida dirigente de los grupos LGBT, ella fue la formula vicepresidencial de Sergio Fajardo en la primera vuelta.

Por otra parte esta alianza estaba apoyada por el Polo Democrático, dirigido por Antonio Navarro ex dirigente de la guerrilla del M-19 y por el MOIR, agrupación de origen maoista cuyo máximo líder el senador Jorge Robledo fue el senador más votado en las elecciones de congreso en 2016, esta organización tiene influencia en algunos sindicatos importantes de Bogotá y en el magisterio a nivel Nacional. Con esa coalición de la izquierda y el centro, configurada en diciembre de 2017, el candidato Sergio Fajardo obtuvo 4.5 millones de votos, dando una sorpresa monumental en la primera vuelta a la prensa y a los dirigentes de los partidos liberal y conservador, después que la mayoría de la dirección liberal había abandonado subrepticiamente al candidato Humberto de la Calle quien solamente ganó 400.000 votos, de los más de 2,5 millones que se esperaban, debido a que los barones electorales del partido liberal se habían pasado de hecho a la campaña de Iván Duque, el candidato Uribista.

Sergio Fajardo estaba pisándole los talones al fenómeno político más destacado del torneo electoral, el candidato de Colombia Humana, Gustavo Petro, quien obtuvo 4,8 millones de votos.

Los apoyos sociales y de clase a Gustavo Petro.

En primer lugar, los apoyos de las direcciones sindicales más importantes del país, que la gran prensa y los medios de la patronal ocultaron sistemáticamente.

La Federación Colombiana de Educadores, Fecode, sindicato con más o menos 270.000 maestros afiliados y el más poderoso de los que conforman la CUT (más de 500 mil miembros) apoya mayoritariamente a Gustavo Petro.

Según Rafael Cuello, miembro del Comité Ejecutivo del sindicato, 12 de los 15 miembros del comité están con Petro, los dos del Moir están con Fajardo y el del sindicalismo liberal con De la Calle. Según Cuello “no va a haber un pronunciamiento oficial por parte de Fecode para apoyar a un candidato porque esta es una organización democrática y hay una pluralidad que respetamos, no se puede pasar por encima de nadie con una votación. Las diferentes tendencias podrán sacar sus propias declaraciones.” El presidente del sindicato, Carlos Rivas, ha mostrado su apoyo a Petro en su cuenta de Twitter con trinos como “Por una educación humana. Somos maestros con Gustavo Petro.”

La Central Unitaria de Trabajadores, CUT, como central sindical agrupa a varios sindicatos incluyendo Fecode, Sintraelecol y la USO. En ella están representadas muchas corrientes ideológicas, que se identifican en líneas gruesas como el sector clasista (más radical) y el democrático (moderado). En el primero están sindicalistas afiliados al Partido Comunista y al Moir, y en el democrático al PTC (Partido del Trabajo de Colombia, que está en la Alianza Verde) y el sindicalismo liberal cercano al Partido Liberal.

Como sucedió antes de las elecciones de Congreso, el sector clasista se divide entre apoyar a Gustavo Petro (Partido Comunista) o a Sergio Fajardo (Moir). El sector democrático está la mayoría con Gustavo Petro y de manera más marginal con Humberto De la Calle e Iván Duque.

Según declaraciones de César Loza, presidente de la poderosa Unión Sindical Obrera, USO, se tomó la decisión de apoyar a Petro y se dejó claridad de que hay una parte apoyando a Fajardo. El 25 por ciento está con Fajardo y el 75 por ciento con Gustavo Petro.

La Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic, es la principal organización indígena del país, con presencia en 28 de los 32 departamentos y, según su página web, agrupa al 80 por ciento de la población indígena, casi 1,4 millones de personas. Petro contó también con el apoyo de las Autoridades Indígenas de Colombia, Aico, partido que integra 49 autoridades indígenas sobre todo en Nariño.

El Proceso de Comunidades Negras, que agrupa a diferentes organizaciones afrocolombianas y, que según uno de sus miembros reúne a más de 30.000 personas, apoyó a Petro a la Presidencia. Mario Angulo, uno de sus voceros, indicó que la decisión de apoyarlo se tomó a nivel regional y luego se formalizó a nivel nacional. “Tenemos compatibilidad con la propuesta que ha venido planteado, sobre todo en los temas de medioambiente, de garantía de los territorios de las comunidades y de fortalecimiento de lo público,” agregó. (La información estadística de apoyo a Petro que se ha descrito arriba, fue tomada del medio digital colombiano “La Silla Vacía”).

Petro también conto con el apoyo (no solicitado), de las FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común), el partido formado por las guerrillas de las FARC, que firmaron los acuerdos de paz en 2016 y retiraron su candidatura a finales de marzo de 2018, debido a dos atentados y varias amenazas a su candidato Rodrigo Londoño, alias Timochenko.

La Segunda Vuelta.

Los analistas coinciden cuando apuntan que Gustavo Petro es el primer candidato abiertamente de izquierda que pasa a la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales en la nación sudamericana.

En las campañas de las coaliciones de la centroizquierda hubo algunas vacilaciones, pero finalmente la mayoría de las direcciones opuestas a la candidatura del Uribismo, se decantaron por el apoyo a Gustavo Petro.

Petro “firmó en mármol” ante la ciudadanía los compromisos que Claudia López y Antanas Mockus le exigieron para recibir el apoyo a su campaña. Entre estos compromisos se encuentra no expropiar, no convocar a asamblea nacional constituyente, garantizar la democracia pluralista, el respeto a la diversidad entre otros, similares acuerdos pactó con la dirigente del partido “Todos Somos Colombia”, Clara López Obregón, exministra de trabajo del gobierno Santos y exdirigente del Polo democrático, quien participó en la primera vuelta como fórmula vicepresidencial de Humberto de La Calle.

Con estos apoyos de la primera vuelta, se configuró en práctica, para la segunda vuelta, un frente electoral de la izquierda colombiana, con un programa amplio y democrático, por la defensa del proceso de paz, integrando al tiempo las aspiraciones de distintos sectores de la clase media con los sectores obreros y populares de las grandes ciudades y poblaciones negras e indígenas y de parte importante de los sectores más pobres del país, como el pacífico colombiano.

Sin duda este hecho animó a importantes intelectuales de la izquierda internacional y una buena cantidad de personalidades del mundo artístico y cultural de Colombia a definir su apoyo a Gustavo Petro. El economista francés Thomas Piketty, el Novel de Literatura sudafricano John Maxwell Coetzee, el filósofo australiano Peter Singer y el lingüista, activista político y filósofo estadounidense Noam Chomsky, uno de los teóricos del lenguaje y activistas políticos más importantes del siglo XX.

El Uribismo y el resto de los partidos burgueses.

En la otra orilla, en la primera vuelta, la ultraderecha Colombiana, aglutinada desde un principio por el Uribismo, concentrado en el parido Centro Democrático, formó una coalición de sectores recalcitrantes y reaccionarios, con los restos del partido conservador del expresidente Andrés Pastrana y Gustavo Gerlein, Barón conservador de la Costa Atlántica, con el exprocurador homófobo y racista Alejandro Ordoñez y la Exministra de Defensa conservadora, Marta Lucía Ramírez, quien sería la formula vicepresidencial de Iván Duque. Esta Coalición resulto con la mayoría de los votos obtenidos por la derecha, con 7.5 millones de Votos. Acá tenemos que acotar que el Uribismo funciona en la práctica como vocero político de la alta oficialidad de las fuerzas militares de Colombia y la mayoría de las veces de su sector más reaccionario, enemigo declarado de la izquierda, de ahí su empecinamiento en cambiar en su conjunto los acuerdos de paz de la Habana.

Con el delfín Germán Vargas Lleras, vamos a un breve paréntesis para comentar algunos hechos históricos relevantes, Vargas Lleras nieto de uno de los líderes más destacados del liberalismo en Colombia, Carlos Lleras Restrepo, presidente electo en 1966, quien se enfrentará en el congreso en el debate por una reforma agraria, pero también el artífice del robo en las elecciones de 1970, consumado contra el General Gustavo Rojas Pinilla, por quien habían votado la mayoría de las masas pobres del país, le entregó la presidencia al perdedor, Misael Pastrana Borrero, padre del actual expresidente Andrés Pastrana. Este hecho origino que una fracción parlamentaria de la Alianza Nacional Popular, ANAPO, la organización del general Rojas, se fuera a la guerrilla y fundara en abril de 1970 el M19, donde algunos años más adelante militaría Gustavo Petro.

Vargas Lleras el ex- vicepresidente de Juan Manuel Santos, quien había preparado juiciosamente durante años, su campaña a la presidencia y quien contaba con el supuesto apoyo mayoritario de la llamada maquinaria electoral de los barones electorales, reyes del clientelismo y la corrupción, esperaba sacar más de tres y medio millones de votos en primera vuelta pero, sufrió una contundente derrota, solamente obtuvo 1.4 millones, lo que de inmediato lo lanzo a las toldas del Uribismo, con quienes no tenía ninguna diferencia política con la excepción de que el candidato a presidente sería él y no el que dijera Uribe.

Pero la derecha tuvo siempre una quinta columna, los medios de comunicación que pesan mucho en la conciencia política de las masas trabajadoras, ellos se encargaron de propagandear profusamente calumnias contra la izquierda y especialmente contra Petro, como el cuento del Castrochavismo, asimilando un posible triunfo de Petro con el desastre del Madurismo en Venezuela, o con la entrega del futuro de la política Colombiana a los dirigentes de las FARC. Sobre este tema viene a la memoria un excelente artículo del periodista Joaquín Robles Zabala, publicado en la revista semana del pasado 20 de Junio, con título “Un país sin rendición y un periodismo cínico” cuyo último párrafo dice: “Que el paramilitarismo haya sido un fenómeno que arrasó poblaciones enteras, desterró a miles de campesinos y desplazó a millones se debió, entre otros hechos, a la ‘complacencia‘ de algunos medios de comunicación que, como lo dejó consignado el Tribunal Superior de Bogotá en ese histórico fallo de 2014 contra Mancuso, “la prensa fue fundamental en la propagación y legitimación de los discursos de odio”. En otras palabras, convirtieron a unos criminales y narcotraficantes en héroes de la patria”.

Como resultado de la primera vuelta, se gestó en principio la unidad de la izquierda y de buena parte de las campañas que cuestionaban la politiquería y el clientelismo con un discurso de centro, como sucedió con la de Sergio Fajardo y algunos sectores del liberalismo que venían con Humberto de la Calle y se pronunciaron para la segunda vuelta en favor de Petro, configurando un verdadero frente electoral liderado por la izquierda y con el sello de clase aportado por el apoyo de la mayoría de la CUT y los sindicatos más grandes del país y las organizaciones indígenas, de la negritud, LGBT y otras minorías, poniendo la impronta popular de la campaña.

En las toldas del Uribismo, sonaron las alarmas porque el triunfo no estaba garantizado, además de la cantidad de gamonales, políticos y parlamentarios corruptos que ya tenían en sus filas, se les unieron los perdedores de toda laya, otrora compañeros de viaje u opositores de Uribe, como la gavilla del partido liberal dirigida por Cesar Gaviria, quien había encabezado la campaña por el Sí en el referendo de la paz, el propio Germán Vargas Lleras, dirigentes cristianos y evangélicos, periodistas de derecha, y pos supuesto toda la patronal y los medios de comunicación, de modo que en los hechos se configuró un frente reaccionario y sin principios contra la candidatura de Gustavo Petro.

Los Resultados y sus consecuencias.

Los resultados, las cifras puras y duras de las elecciones fueron las siguientes, por Ivan Duque votaron 10.3 millones de colombianos (54%), por Gustavo Petro votaron 8 millones de colombianos (41.8%), hubo además 0.8 millones de votos en blanco (4.2%). Votó el 52% de la población habilitada para hacerlo.

En primer lugar, hay que resaltar el aumento considerable de la votación respecto de las elecciones realizadas en elecciones anteriores, en 2014 hubo 15.8 millones de votos contra 19.5 millones en 2018, esto se explica por la voluntad de votar que despertó el realineamiento político ocurrido en importantes sectores de la población colombiana, por supuesto que como en todas las elecciones en Colombia, hubo fraude y compra de votos en algunas regiones del país, de los que ya se han publicado varias denuncias, de este fraude no sabemos su magnitud, pero no pensamos que sea de mayores proporciones, ya que las proporciones de la votación se mantuvo cercana a la mayoría de las encuestas, lo que sí pudo haber cambiado fue la magnitud de los números en la Costa Atlántica, que pudieron ser mucho mejores en favor de Petro, pue en esta región, siempre ha habido esta clase de fraude, protagonizado por la casta política de liberales y conservadores.

Lo que no estuvo pronosticado fue la interesante coalición de los partidos y grupos de izquierda y de la mayoría de los grupos independientes de los partidos de la burguesía, que se formó para la segunda vuelta a favor de Petro, como los grandes sindicatos obreros y organizaciones indígenas y campesinas y de la juventud estudiantil como masa popular participativa de la campaña electoral, en la mayoría de las universidades del país. Esta coalición ganó en Bogotá con 1.88 millones de votos el 53.35% de la votación, en Cali la tercera ciudad, con 446,467 votos, el 53.05%, en Barranquilla, la cuarta ciudad con 242,473 votos equivalente al 54.5% de los votos y en Cartagena con 176.421 votos, el 56% de los votos. Duque ganó en Medellín, con 693,334 votos, que representan el 72.15% de los votos. Petro también ganó en Pasto, Popayán, Santa Marta, Sincelejo y Tunja,, con porcentajes de 68%, 60%, 51%, 55% y 59% respectivamente, en el resto de ciudades intermedias ganó Duque. Podemos decir que el voto por Petro es en su mayoría urbano de los sectores populares de las ciudades, aunque obtuvo votos en todo el país y en el exterior.

Los más de diez millones de votos por Duque, lo primero que indican es que Colombia sigue siendo un país todavía dominado por los partidos y organizaciones políticas burguesas, clientelistas y corruptas, de las cuales no cesan de aparecer novedosos escándalos de corrupción todos los días.

Pero lo que gana Duque, lo pierde German Vargas Lleras dirigente del partido Cambio Radical, partido escindido del partido liberal y con varios dirigentes acusados o enjuiciados por paramilitarismo, a su vez pierde Cesar Gaviria, cada uno con su séquito clientelar de parlamentarios y políticos de toda laya. También significa una grave derrota para los partidos liberal y conservador que pueden decir que ganaron las elecciones, pero contradictoriamente perdieron su identidad política en esta elección y tuvieron que marchar a regañadientes en la procesión del Uribismo. También Duque al presentarse como un outsider al sistema y en oposición al gobierno Santos, le propina una derrota al gobierno Santos y a su partido el partido de la U, ya muy desprestigiados en las postrimerías del gobierno.

El otro gran derrotado a pesar de ser un gran ganador en la primera vuelta es Sergio Fajardo, candidato presidencial que ganó mucho con su meteórica carrera en la primera vuelta con la Coalición Colombia, la cual formó con el Polo Democrático, los verdes y el movimiento Compromiso Ciudadano y los senadores de oposición, Claudia López y Jorge Robledo, pero en la segunda vuelta Fajardo se pronunció a favor del voto en blanco, lo mismo hizo el máximo dirigente del MOIR Jorge Robledo, por diferencias históricas con Petro. El resto del Polo Democrático, Los verdes, y demás sectores de la coalición se fueron con Petro.

El significado del Voto en Blanco

El significado del voto en blanco, sobre el que se desataron agrias polémicas en la izquierda y en la coalición del Polo, incluido el sector del partido Liberal que apoyó a Petro. Fajardo argumentaba que su posición política de campaña, no le permitía apoyar uno u otro candidato, desconociendo en los hechos la nueva realidad política que emergió el 27 de mayo con la votación de la primera vuelta, ahora salía de la escena esa posición de centro derecha que él representaba y ante la imposibilidad de decir a su electorado que podría pensar en apoyar a Duque, lo apoya veladamente, diciendo que no va ni por Duque ni por Petro; en realidad, independientemente del discurso qué lo justificase este era un apoyo velado al Uribismo, pues era evidente que objetivamente ayudaba a mantener la ventaja de Duque y le restaba votos a Petro. Esta noticia la recibieron alborozados los medios de comunicación que hicieron tremenda propaganda por el voto en blanco con múltiples entrevistas y referencias a la posición de Fajardo y de Humberto de la Calle, los medios continuaron haciendo propaganda conscientemente por Duque, en las entrevistas poniendo toda clase de zancadillas y preguntas prejuiciadas al candidato Petro y elogiando lo sana, respetable y democrática que era la posición del voto en blanco.

Se ha configurado una nueva situación Política en Colombia.

Sin duda el conjunto de los resultados electorales de 2018 han cambiado la situación política que tradicionalmente ha vivido Colombia desde 1958, año que vio nacer el Frente Nacional en Colombia, período en el que los partidos de la burguesía el Liberal y el Conservador, mediante el acuerdo firmado en Benidorm (España, bajo el Franquismo), se turnarían el poder cada cuatro años.

Esta situación fue elevada a una nueva contradicción en estas elecciones, dada la polarización política con sesgo de clase que se configuró durante las negociaciones del proceso de paz, con hitos importantes como el plebiscito, donde se aglomeró la extrema derecha en contra del proceso y el gobierno Santos, los liberales de Gaviria y sectores democráticos y de izquierda y sobre todo la juventud a favor de la paz, con la salvedad de que el papa y varios gobiernos europeos apoyaron el SI.

En la segunda vuelta se concretó un parteaguas político en el país. Con Petro votaron todos los sectores democráticos y de izquierda de Colombia y con Uribe, toda la derecha que responde a la gran burguesía, a las mafias, la corrupción y el clientelismo, con prestantes figuras y corifeos homofóbicos, racistas, xenófobos, antidemocráticos y rabiosamente anticomunistas.

Esta nueva polarización ocurrida en las elecciones en Colombia es la que abre una nueva situación, en los escenarios de la política; los partidos, el congreso, el proceso de paz y pensamos también se trasladará a las calles.

En primer lugar tenemos que destacar que es la primera vez en la historia política de Colombia que queda al desnudo en una orilla la propuesta política de toda la burguesía y sus partidos, acaudillada por el Uribismo, con toda su carga de arrogancia de poder y desprecio por los sectores de oposición y sus dirigentes aglutinados ahora en la candidatura de Petro y la defensa del proceso de paz.

Perspectivas

Por su parte del lado de los movimientos sociales y de la izquierda se abre la oportunidad de construir una nueva grande y estructurada organización política, lo más apropiado sería un frente amplio y democrático, que represente todos los sectores de los oprimidos y explotados de la sociedad, que sea inclusivo, mucho más amplio democrático, que el que se formó para esta campaña, que lidere las luchas sociales y políticas que se avecinan, que no dan espera, porque la derecha ya empezó a actuar y torpedear el proceso de paz, con su mayoría en el congreso, ha cambiado en las sesiones del 27 de Junio, 74 artículos de la Justicia Especial para la Paz (JEP), buscando impunidad para la mayoría de los militares incursos en crimines contra el pueblo y también impunidad para los terceros que han apoyado el paramilitarismo, para evitar que sean delatados por los mandos medios o los militares que están presos o judicializados por masacres y crímenes de lesa humanidad.

Ahora bien, el liderazgo que le corresponde a Gustavo Petro y Ángela María Robledo, el primero senador de la república y Ángela María, representante a la Cámara, ambos por derecho propio al quedar en segundo lugar como líderes de la oposición, ya no solamente en representación de sus propias organizaciones, sino como líderes del conjunto de la oposición. Para responder con iniciativas en favor de las masas trabajadoras en el congreso y denunciar públicamente las políticas antiobreras y antipopulares que nos tiene preparado el Uribismo y su presidente, proponer la movilización masiva de los trabajadores y la juventud, entre otras cosas, para recuperar las conquistas que nos ha arrebatado el Uribismo, como el seguro social y la edad de jubilación y devolver al estado las empresas privatizadas.

Les corresponde a la nueva coalición, codirigir y organizar por lo pronto la Consulta Anticorrupción que ha liderado la senadora Claudia López de la Alianza Verde y que fue aprobada por 84 votos a favor y cero en contra por el Senado de la República, el pasado 5 de Junio. Esta consulta debe conseguir 15 millones de votos el día 26 de Agosto, objetivo que es muy difícil si tenemos en cuenta que muchos sectores de la política tradicional, acostumbrados a la traición, a la coima y la corrupción, a enriquecerse con los contratos del estado, se van a oponer veladamente a esta campaña y van a tratar de enfriarla para evitar el apoyo masivo a la misma.

En medio del fragor de la campaña, el candidato Duque se comprometió con el apoyo a esta campaña, hay que cobrarle a la derecha el apoyo a la misma todos los días, para desplegar en todo el país, la campaña por reducir el salario millonario de los congresistas de 40 a 25 salarios mínimos, garantizar la cárcel para los corruptos, rendición de cuentas de los congresistas, un máximo de tres periodos y otras que proponen contratación transparente, un mayor control de las actividades de los congresistas.

La nueva organización de la oposición tiene el reto de formular programas y seleccionar candidatos de unidad para las elecciones de alcaldes y gobernadores que se van a realizar en el segundo semestre de 2019.

Las tareas son enormes, tanto o más o que el tamaño de las oportunidades, pero no las podemos dejar pasar.

 

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