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La ruptura de Trump con el G7 y la reunión con Kim Jong-un son expresiones de un caos geopolítico

Vivimos una situación mundial, en la cual solo se puede comprender las disputas interimperialistas e interburguesas y las oportunidades de liberación de los pueblos bajo una nueva “galaxia imperialista”. La superpotencia (en decadencia), de los EEUU, es dirigida por Mr. Trump, un hombre imprevisible, al mismo tiempo que nuevos poderes capitalistas emergen en la crisis de hegemonía yanqui, configurando un escenario que en general se llama de “multipolaridad”, pero que en realidad es un “caos geopolítico”, como definió Pierre Rousset:

“Las burguesías británicas y estadunidenses (bajo los mandatos de Reagan y Thatcher) fueron las primeras a imponer las políticas antisociales neoliberales. Enseguida, hace un cuarto de siglo, la implosión de la Unión Soviética hizo posible la globalización de estas políticas en su completa dimensión. Eso no se traduce en una forma estable de dominación internacional, sino en una situación crónicamente caótica. Algunos imperialismos tradicionales continuaron su declive, mientras nuevos poderes capitalistas se consolidaron por sí mismos, aumentando sus rivalidades geopolíticas. (Pierre Rousset – GLOBALIZACIÓN, IMPERIALISMOS, CAOS GEOPOLÍTICO Y SUS IMPLICACIONES)”

Un día después de romper la reunión del G7, que será recordada por la foto de Merkel increpando a Trump con cara de niño contrariado, el presidente norteamericano que gobierna por twitter agarró un avión para reunirse con el “pequeño hombre cohete”, el dictador de la Corea del Norte Kim Jong In, al cual había amenazado atacar y no dejar de pie ninguno de los misiles de su arsenal nuclear. Una reunión diplomática entre los dos países no ocurría desde la Guerra de la Corea en los años 50, lo que revela su carácter histórico; pero ¿cuál es el significado de tal hecho?

La principal vencedora es China. Tanto de la crisis del G7, cuanto de los pobres resultados de la reunión de Singapur. Kim, protegido por China, sale reconocido por EEUU como gobierno legítimo, al mismo tiempo que el cese de las maniobras militares conjuntas de EEUU con Corea del Sur debilita la presencia militar en Asia Oriental como ya antes había acontecido con la ruptura del TTP. (Tratado Trans Pacífico)

En Singapur se reunieron dos “líderes” caricaturescos que revelan el mundo que vivimos. El pitoresco Trump, representante de la derecha nacionalista ultra-reaccionaria que emerge en medio al caos geopolítico y la crisis de los regímenes de la globalización neoliberal, y Kim, que gobierna con “mano de hierro” el último resquicio de lo que fueron los países degenerados del estalinismo.

Si comparamos esta situación con los años de la diplomacia del “Ping Pong” que EEUU ejercieron con China después la derrota del Vietnam el contraste es abismal. En aquel momento, por medio del pacto, China ayudó a recomponer la hegemonía americana a cambio del reconocimiento de China y de dar la espalda Taiwán, exactamente el opuesto de lo que ocurre en este momento.

Desde Reagan, así sea “pour la gallerie”, el imperialismo americano siguió condenando la falta de democracia en la China. Em Singapur, Trump ni tocó en este tema y aún reforzó su admiración por Putin y las ultra-derechas protofascistas de Europa. Trump durante el G7 reivindicó la presencia de Rusia, sancionada por la intervención militar en Ucrania e incluso continúa con la política de romper el acuerdo de desnuclearización con Irán que la Unión Europea defiende.

Lo que salió de la reunión, en la cual el “pequeño hombre cohete” fue reconocido de igual para igual con la mayor potencia mundial, es una declaración genérica sobre a desnuclearización de la Corea del Norte, a cambio de la promesa de Trump de no realizar más maniobras militares en la Corea del Sur. Poco o ningún resultado para intentar recomponer la crisis de hegemonía de los EEUU. En última instancia, una política electoralista de Trump para las elecciones de medio término. Con ese objetivo volvió al inmediatamente al Twitter decir que los americanos podrían “dormir tranquilos” con el resultado.

El acuerdo “histórico” de Singapur, no acaba con las amenazas nucleares y el peligro de su uso por los EEUU o por el Estado de Israel. En verdad, no hay ningún avance en la batalla contra las armas nucleares. La única forma de conseguir la real desnuclearización es la lucha por una paz justa que solo podremos conquistar con una ruptura profunda de las masas en los países del primer mundo, de China y Rusia. La reunión de las caricaturas demuestra la fragilidad de la dominación imperialista que tiene a EEUU como el principal pilar. Y también, que una política “campista” donde se busca el “enemigo principal” frente al imperialismo, solo puede llevar al abandono de la principal víctima del caos geopolítico, la clase trabajadora mundial y los pueblos oprimidos.

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