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No den por agotado al Partido Democrático de los Pueblos

FUENTE: David Barchard / Middle East Eye / Rebelion/ Kurdistan America Latina

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, volvió a ganar las elecciones en la primera vuelta de las presidenciales del pasado domingo con el 52% de los votos, un 20% por encima de su rival más próximo. Al superar la barrera del 50% en dicha primera vuelta, puede anticiparse que el nacionalismo autoritario será uno de los rasgos principales de la política turca en los próximos años.

Turquía desmantelará ahora su sistema parlamentario en favor de uno presidencial. A primera hora del lunes 25, se anunciaron ya los detalles de un nuevo sistema de ministerios departamentales, cuyos titulares serán directamente nombrados por el presidente, siendo responsables ante él y no ante la Gran Asamblea Nacional como sucedía antes.

Todo ello supone una revolución en el gobierno, y el presidente, en el discurso de la victoria que pronunció por la noche, hizo hincapié en ello aunque prometiendo mantener y ampliar las libertades democráticas.

Los comentarios iniciales de Erdogan sugieren que su prioridad sigue siendo combatir el “terrorismo”. En el contexto turco, esto significa una represión continua del movimiento Gülen, una hermandad sufí turca a la que se hace ampliamente responsable del intento de golpe de Estado de julio de 2016; así como la lucha contra el PKK (el Partido de los Trabajadores del Kurdistán), machacado ya en gran medida dentro de Turquía y al que Ankara está combatiendo en estos momento con importantes operaciones militares al otro lado de las fronteras con Siria e Iraq.

Hasta ahora no hay indicios de cómo se propone lidiar con las crecientes presiones que sufre la economía turca.

Aunque a nivel personal ha conseguido una victoria contundente, al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) de Erdogan no le ha ido tan bien, recogiendo sólo el 42% de los votos en las elecciones generales que se celebraron al mismo tiempo, comparado con el 49% de las últimas elecciones de noviembre de 2015. Como consecuencia, el AKP sólo consiguió 290 de los 600 escaños de la Asamblea.

Parece que el partido de Erdogan es mucho menos popular que su líder.

Pero el socio más cercano al AKP, el ultranacionalista MHP (Partido de Acción Nacionalista, por sus siglas en turco) obtuvo un sorprendente 11% de los votos, con 49 escaños, lo que da la mayoría al gobierno de Erdogan aunque, en función de la nueva Constitución, ya no la necesita.

¿En qué se equivocó la oposición?

Las elecciones mostraron que los partidos de la oposición turca están inmersos en un caos profundo.

Sabían cómo emprender una campaña electoral eficaz, pero hasta ahora mantienen silencio frente a la aplastante derrota sufrida o por qué las elecciones han tenido un resultado tan diferente al que preveían todos los indicadores de que se disponía, incluidos los sondeos de opinión y los grandes mítines celebrados en las grandes ciudades.

Las discrepancias eran notables. Incluso avanzado el recuento, llegaban mensajes de observadores de los colegios electorales de que las urnas estaban dando la impresión de un desplazamiento del voto hacia la oposición. Pero ese anticipado logro, especialmente en las grandes ciudades, no llegó a concretarse nunca.

En vez de avanzar, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, por sus siglas en turco), la principal oposición, retrocedió unos puntos porcentuales hasta el 22,7% de los votos, frente al 25,3% de 2015.

Esto supuso una sorpresa total, teniendo en cuenta el enorme éxito de los actos electorales celebrados por el CHP en Esmirna, Estambul y Ankara en la víspera de las elecciones, de los que afirmaron, probablemente exagerando algo, que habían asistido millones de personas. La mañana siguiente a las elecciones, el candidato del CHP Muharrem Ince utilizó en varias ocasiones la expresión “pido disculpas” ante sus seguidores durante una trasmisión por TV.

Una de las actuaciones más inconsistentes en las elecciones generales la escenificó el recién fundado Partido Bueno (IYI, por sus siglas en turco) de Meral Aksener, un grupo escindido del MHP. Después de sufrir una gran violencia preelectoral a nivel local, apenas logró rasguñar el 10% de los votos, cifra inferior a la vaticinada por la mayoría de los encuestadores, otorgándole un contingente relativamente pequeño de 44 escaños parlamentarios.

Es probable que el MHP haga cuanto pueda ahora para recuperar ahora a estos desertores. Tampoco Aksener puede ayudar tanto como le gustaría. La líder del IYI no pudo presentarse al parlamento ya que también se postuló para la presidencia, y puede que ahora tenga que observar cómo se desintegra su partido.

¿Fueron justas las elecciones?

Será difícil interpretar el fracaso de la oposición hasta que se disponga de cifras detalladas de votantes en las provincias y subprovincias y no sólo de porcentajes. Y todavía no están disponibles.

La principal fuente de noticias sobre los datos electorales durante esta sufragio no fue el Alto Consejo Electoral, que normalmente emite una serie de cifras desde las urnas durante el recuento, sino la agencia de noticias Anadolu, una agencia estatal que en esta ocasión anunció anticipadamente la victoria de Erdogan mientras marginaba a la oposición, que parece haber sido pillada por sorpresa, a pesar de los rumores existentes sobre posibles irregularidades.

La prensa y las cadenas de televisión nacionales, que están ahora en su mayoría bajo propiedad y control de los simpatizantes del AKP, siguieron el ejemplo de Anadolu, silenciando cualquier discusión de la oposición.

Aun así, el débil mensaje emitido a los votantes de la oposición, que Muharrem Ince confirmó poco después de la medianoche, es que Erdogan había ganado la primera vuelta aunque las elecciones no hubieran sido justas.

Tal vez el mejor comentario fue el que hizo Dani Rodrik, el economista turco de la Universidad de Harvard, quien declaró en Twitter que “las elecciones de Turquía, por un amplio margen, no han sido ni libres ni justas. No obstante, uno tiene aún que asombrarse ante el apoyo popular que Erdogan conserva después de quince años en el poder (y de hostigar el Estado de derecho y la libre expresión sobre el terreno). Un verdadero mal presagio para el resto de democracias intolerantes existentes”.

La afirmación de Imre de que las elecciones no habían sido “justas” pareció representar un paso atrás de cualquier sugerencia de que habían sido realmente manipuladas. Sí, ha habido informes sobre incidentes locales a lo largo del día en algunas provincias, en particular en el sureste, donde los observadores electorales sufrieron presiones, y hay informes sugiriendo que quienes trabajaban para el HDP se vieron especialmente acosados. Pero las autoridades han rechazado todas las afirmaciones sobre manipulaciones graves.

Un equipo de observadores internacionales de la OSCE, liderados por Audrey Glober, abogada británica de los derechos humanos, ofreció su punto de vista sobre las elecciones en una conferencia de prensa del lunes, durante la que hizo una suave reprimenda sobre la falta de igualdad de condiciones para la oposición. El equipo había sido denunciado previamente por Anadolu por supuestamente planear “enturbiar los resultados de las elecciones”: al parecer, a algunos de sus integrantes se les impidió entrar en Turquía.

HDP: El único éxito

Si ha habido un partido que ha salido relativamente bien de las elecciones ese ha sido el HDP, al superar el umbral del 10% nacional para poder entrar en el parlamento, a pesar, a diferencia del resto de partidos importantes, de no formar parte de una alianza electoral.

Esto resultó aún más notable teniendo en cuenta todos los escollos a que tuvo que enfrentarse, incluido el acoso a sus observadores y el hecho de que muchos de sus líderes destacados están en la cárcel enfrentándose a acusaciones de terrorismo, entre ellos su dirigente Selahattin Demirtas, ocho diputados del anterior parlamento y 68 alcaldes que pertenecen al partido.

El HDP, con el 11,5% de los votos y 68 diputados, continuará siendo una fuerza visible en la política nacional turca, aunque sigan siendo objeto del ataque de las autoridades y sus líderes encarcelados.

Una de las preocupaciones de sus rivales será cómo impedir que el partido –que defiende puntos de vista izquierdistas liberales y afirma que representa tanto a los turcos como a los kurdos- se coma el apoyo de que disfruta el Partido Republicano del Pueblo con todo su historial de ineficacia continuada.

Mientras tanto, los vecinos de Turquía y el mundo en general deben esperar para ver qué es lo que hará Erdogan con el enorme incremento de fuerza política obtenido en estas elecciones.

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