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Petro en la segunda vuelta: una batalla inédita para la izquierda colombiana

En la noche del domingo 27 de mayo, los datos del escrutinio de la primera vuelta en la elección presidencial en Colombia apuntaban a una segunda vuelta aún más polarizada. El candidato de la derecha conservadora, Ivan Duque, venció la primera vuelta con el 39,14% de los votos. Gustavo Petro, apoyado por la mayoría de la izquierda social y política, alcanzó la segunda vuelta con un 25,09% votos válidos. Sergio Fajardo, de Coalición Colombia, articulación de varios sectores de la centroizquierda, tuvo el 23,73%. En seguida vinieron al ex vicepresidente German Vargas con el 7, 28% y el candidato Humberto De La Calle, conocido por haber sido el negociador de los acuerdos de paz con las FARC, tuvo el 2,06% de los votos.

Duque es el representante de Uribe y de los sectores más reaccionarios. Se ha fortalecido con un discurso contrario a los acuerdos de paz. Petro, ex guerrillero del M-19, fue alcalde de Bogotá. El otro candidato más alineado con el discurso de la derecha era German Vargas y fue la gran decepción, quedando muy atrás de lo que las encuestas apuntaban. Su vínculo con el actual presidente, Santos, acabó obstaculizando su desempeño. Fajardo unificó tres sectores del centro-izquierda, montando un frente que comenzó competitivo, pero osciló durante el período electoral. El tercer candidato del campo más progresista, De La Calle acabó siendo disminuido por la polarización y el voto útil. De los 32 departamentos, Duque ganó en 23, siendo Petro victorioso en 9 estados. Fajardo ganó en Bogotá. Las FARC, ahora convertida en partido legal, lanzaron a su principal dirigente, Rodrigo Timotchenko. Tras los atentados de la extrema derecha en los comicios electorales, las FARC retrocedieron, retirando su candidatura.

La elección fue polarizada por cuatro grandes temas: el reciente retroceso económico que lleva a una mayor crisis social; los acuerdos de paz con las FARC; la crisis política que salpicó al gobierno de Santos; y la creciente ola de movilización de sectores organizados de la clase obrera y de los campesinos.

El sucesor de Alvaro Uribe, Juan Manuel Santos, dejó un legado de retroceso económico. A pesar de intentar vender como grandes logros del país la asociación con la OTAN y la OCDE, creció el desempleo y la pobreza sigue siendo masiva – 13 millones, en términos absolutos. Los años dorados del crecimiento económico se quedaron atrás. El PIB creció sólo el 1.8%, lejos del 6/7% del período anterior. La propia violencia urbana volvió a reaparecer con fuerza, años después del “triunfo” de la política de guerra a las drogas.

El tema más polémico de la elección se refiere a los acuerdos de paz firmados entre el gobierno y la guerrilla. Después de varias rondas, que llevaron años, las negociaciones entre gobierno y las FARC en La Habana, que tuvo lugar en noviembre de 2016, acabaron por anunciar un acuerdo de “integración a la vida civil y política”, entre Santos y las FARC. Además de deponer las armas, después de 53 años de combates en las selvas, las FARC desmovilizaron casi 11 mil hombres, convirtiéndose en un partido legal -la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, habiendo reservado plazas en el parlamento, independiente de su desempeño electoral. El rechazo por la derecha al acuerdo llevó la ruptura definitiva entre el campo uribista y el gobierno. Los partidarios del ex presidente convocaron al no en el referéndum sobre el tema y galvanizaron el descontento para un sesgo conservador, o utilizando el discurso contra los guerrilleros contra el chavismo y Venezuela.

La corrupción que derribó al presidente Kuczynski en Perú llegó al Palacio de Nariño. A principios de 2017, el Ministerio Público reveló que la campaña a la reelección de Santos había sido abastecida por propinas de Odebrecht, en una operación que investigaba las ramas colombianas de la Lava-Jet. El ex senador Otto Bula delató que habría intermediado valores directos con la contratista para llegar a la campaña de Santos. Estas y otras revelaciones, combinadas con la crisis económica, llevaron al gobierno a tener su popularidad rayada. La prueba cabal del desengaño trágico de la Era Santos es que su candidato, German Vargas, no llegó ni cerca del 10% de los votos, distante la imagen de favorito que la prensa le concedía hasta hace pocos meses.

En los últimos años, a partir de las huelgas agrarias y de la entrada en escena del movimiento estudiantil universitario, el humor político de las clases populares comienza a cambiar. Las luchas tomaron cuerpo en categorías como portuarios, tercerizados y funcionarios de la justicia. Hace dos meses una huelga nacional de Avianca conmovió al país. Y la categoría de los profesores tuvo una secuencia victoriosa de huelgas regionales, culminando con una gran huelga nacional. Al lado de los conflictos laborales, muchos de ellos fruto de la sobreexplotación y del trabajo precario, tuvimos luchas ambientales e indígenas.

Colombia se ha convertido en un enclave del DEA y de la política imperialista. La serie “Narcos”, producida por Netflix, contó la historia de Escobar y de los enfrentamientos provenientes del tráfico. El país se convierte en el primer productor de coca del mundo en 1997. De acuerdo con el gobierno de Pastrana, en 2000, el gobierno de Estados Unidos aplica el Plan Colombia. Bajo la justificación de erradicar el narcotráfico, establece una línea directa de inversiones militares y de inteligencia para controlar las selvas del país.

La elección fue marcada por la crisis con el pedido de la extradición del ex guerrillero Jesús Santrich, en un esquema montado por el DEA para impactar el resultado, acusándolo de narcotráfico. Cuadro de las FARC, Santrich entró en huelga de hambre contra la medida que generó un amplio debate, incluso poniendo en riesgo los acuerdos de paz.

Durante el ciclo anterior, los gobiernos del continente matizaron tres campos diferentes: gobiernos de cuotas social-liberal, como el Brasil de Lula y la Argentina de los Kirchner; los gobiernos independientes, como de Chávez, Evo y Correa; y los gobiernos directamente conservadores, encabezados por los regímenes colombiano y mexicano. Ambos países pasan por procesos electorales, donde alternativas no alineadas con el imperialismo y la derecha conservadora pueden vencer. No por casualidad el nivel de libertades democráticas es bastante restringido en estos dos regímenes, sometidos y acosados a altos índices de violencia política.

La izquierda está ante un desafío histórico. El paso de Gustavo Petro a la segunda vuelta se convierte en un acontecimiento. Con casi cinco millones de votos, rompe la tradición en el bipartidismo a la colombiana, abriendo espacio para expresar el descontento represado con la situación social y política, en un escenario de ascenso de luchas que recién comienza. A pesar de tener un programa limitado, Petro amplió su espacio – en 2010 fue candidato del Polo Democrático Alternativo, logrando el 9% de los votos. Los tres candidatos que defienden una salida democrática comprometida con el proceso de paz, aunque con desigualdades, se llega cerca de la marca del 51% de los votos. Sabiendo que la máquina del fraude y del clientelismo va a pesar mucho en la segunda vuelta y que no todos los votos de Fajardo emigran automáticamente a Petro, podemos apostar en una disputa rigurosa, con escenarios inciertos.

El lugar de Colombia, segundo país más poblado de América del Sur, en la definición de los rumbos geopolíticos del continente es estratégico. Sus vínculos militares con Estados Unidos y su condición de reciente asociado a la OTAN y la OCDE sólo refuerzan tal importancia.

América Latina ingresa en un nuevo y contradictorio ciclo, donde los gobiernos neoliberales tienen dificultades para imponer el ajuste, creando tensiones y resistencias que pueden llevar a nuevos choques y explosiones sociales. Sólo un programa democrático y con tareas de transición puede servir para que las masas encuentren una vía positiva para canalizar la rabia social en un proceso de ruptura. Derrotar la derecha uribista-encarnada en Ivan Duque- y dar un salto de calidad en la coordinación de las luchas sociales y políticas es la tarea de la izquierda de todo continente, solidaria al Petro en la segunda vuelta, que se produce el 17 de junio.

FUENTE: https://www.psol50.org.br/israel-dutra-petro-no-segundo-turno-uma-batalha-inedita-para-a-esquerda-colombiana/

TRADUCCIÓN: Charles Rosa

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