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Hace algunas semanas el gobierno de DANIEL ORTEGA, tomo una serie de medidas promovidas por el F.M.I., entre algunas de ellas la subida de la edad de jubilación y una rebaja en las pensiones, esto trajo como consecuencia la repulsa popular y la salida del pueblo a las calles, encabezado por el movimiento estudiantil, arrojando hasta la fecha más de un centenar de muertos y heridos.

No es la primera vez que ocurre un fenómeno como este, igual se dio hace algunos años en España y en Grecia, acá en América, recientemente en Argentina con el gobierno de Macri. La diferencia está en que en ninguno de esos países se produjo un nivel de represión tan bárbaro como los producidos en el “gobierno sandinista” de Daniel Ortega.

Y nuevamente sale a relucir el típico y gastado debate entre los distintos sectores de izquierda en América Latina, unos que dicen que el gobierno de Ortega es revolucionario, porque es el resultado de la Revolución Nicaraguense que llevó al poder a los sandinistas en 1979, otros planteamos que el gobierno de Ortega, hace años dejo de ser revolucionario cuando decidió emprender la reconstrucción del país por la vía capitalista, aceptando de esta manera la economía de mercado, por cuanto el destino que esperaba a Nicaragua no iba a ser otro que, acumular las contradicciones que le son propias al sistema, tales como: Mala distribución de las riquezas, desempleo, pobreza, insuficiencia de servicios básicos.

Desafortunadamente en cuanto a la acumulación de riquezas se trata, resulta nada más y nada menos que Daniel Ortega, ha sido uno de los principales beneficiados del proceso de acumulación capitalista, logrado a costilla del sacrificio que hizo el pueblo, durante décadas de lucha en contra de la Dictadura Somocista.

Para los que siguen creyendo que en Nicaragua existe un proceso revolucionario en curso, le decimos que ciertamente el mismo se está dando, pero no a partir del gobierno represivo de Daniel Ortega, sino a partir de los miles y miles de trabajadores, estudiantes, campesinos e indígenas, que vienen luchando en toda Centro América, como en efecto fue el año pasado en Honduras en contra del fraude electoral que llevó al poder a Juan Orlando Hernández, como se dio en febrero de este año en Guatemala cuando se dio una gigantesca marcha calculada en medio millón de personas en contra del gobierno corrupto de Yimy Morales, como ocurrió hace algunas semanas en Costa Rica con la derrota electoral del pastor evangélico Fabricio Alvarado.

Una revolución no se profundiza matando y encarcelando a su pueblo, sino con el avance de las libertades democráticas y derechos del pueblo trabajador, y avanzaría más con la expropiación de la tierra a los grandes terratenientes, para una verdadera reforma agraria, expropiando a la burguesía el monopolio de los medios de producción y de cambio. Si algunos creen que NO está planteada una SALIDA SOCIALISTA, mucho menos lo está el hecho que gobiernos arribistas, llamados “progresistas” o “reformistas”, se enriquezcan o se hagan millonarios unos pocos, gobernando en compañía de los grandes empresarios de la burguesía, pero dando la cara aquellos que tienen el prestigio de haber dirigido las luchas y se “auto proclaman de izquierda”, creando de paso una división y confusión en los sectores populares. La represión ocurrida en Nicaragua con un saldo grave de muertos y heridos es una responsabilidad directa precisamente de los sectores que se aferran a mantenerse en el poder a cualquier precio de lo contrario sería ilusorio creer que sectores fascistas son los que dominan las calles, si ese fuera el caso, entonces ya el gobierno no mandaría cuando la verdad de los hechos, es que por todos los medios se veía al ejercito reprimiendo.

La razón objetiva fundamental por el cual el movimiento estudiantil encabeza las luchas actualmente en Nicaragua es por las mismas razones por el cual en Panamá, durante décadas el movimiento estudiantil encabezó la lucha generacional en contra de la presencia norteamericana, o sea la falta de una dirección obrera que las encabezara y dirigiera. Ciertamente que en Nicaragua la dirección sindical está copada por el gobierno de Daniel Ortega.

El actual gobierno de Nicaragua, no expresa otra cosa más que el desgaste propio de un gobierno que acumula las contradicciones sociales y de clase que engendra el sistema, si a esto le agregamos que el propio Daniel, sus esposa, familia, amigos y un importante sector de la burguesía Nica, amasan fortunas en nombre de una revolución ahogada por sus propios líderes, entonces la única conclusión justa que podríamos obtener, es que es completamente legítima la lucha que hoy día libra el pueblo de Nicaragua en contra del gobierno corrupto y autoritario de DANIEL ORTEGA.

 

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