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¿Dónde va el mundo con Trump y su ultranacionalismo xenofóbico y racista?

Este texto es un primer intento de actualización de documentos anteriores de nuestra corriente. Si bien esta firmado por Pedro Fuentes, el mismo ha sido debatido con miembros del ejecutivo y otros compañeros de nuestra corriente. Se tiene que tomar como una primera aproximación.

La crueldad de Trump de separar los niños de los padres inmigrantes que buscan un futuro mejor en la frontera con México sacudió al mundo; al punto que la revista Time ilustró ese salvajismo en la tapa.

Escribimos en un artículo anterior que el caricaturesco, narciso, demagogo y errático Trump es la expresión de la decadencia de la hegemonía de los EE. UU. en un mundo más caótico. Trump es eso, pero sería un error despreciar que esas características psicológicas que hay en este personaje que dirige (todavía) la mayor potencia del mundo, se conjugan con una política ultraderechista que se apoya en un nacionalismo imperialista (nada que ver con los nacionalismos de los países atrasados), de supremacismo blanco y de persecución a los inmigrantes. Ha polarizado a la sociedad estadounidense apoyándose en los sentimientos racistas y antiinmigrantes de los sectores políticamente más atrasados de los trabajadores que han visto perder sus empleos con la globalización (traslado de fábricas) y los sectores medios más atrasados y derechistas. Su lema de poner a “América en primer lugar”, merece varias lecturas.

Una ruptura con la política de consenso

“América en primer lugar” es el intento de retomar la hegemonía que va perdiendo EE. UU. por la vía de una política internacional que va más allá, o mejor dicho rompe la política imperialista que venían siguiendo los gobiernos de EE. UU. en la que primaban cierto consenso de políticas “moderadas” con la UE, (Francia y Alemania). Esa política de la época Obama procuraba recomponer los regímenes democráticos burgueses cediendo en el terreno de algunas reivindicaciones democráticas: algunos derechos de las mujeres, tolerancia al racismo o los homosexuales. Trump ha abandonado la gastada bandera de país democrático de los presidentes americanos.

Trump ha roto con el G7, con los acuerdos comerciales con China y la OMC, con el acuerdo con Irán, los del clima de Francia, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, el consenso internacional que había sobre el statu quo en Jerusalén. Toda esa política consensual era (y ahora es) más frágil, parches ante la crisis mundial, pero daban cierto consenso inter imperialista y con China. (Por ejemplo, había acuerdo en la UE de enfrentar la política de Putin contra la anexión a Crimea). Era cierto consenso inestable de la globalización neoliberal. Un consenso que tenía también un acuerdo general de avanzar con la contrarrevolución económica permanente en todos los países. Para ello se intentaba limar los conflictos más agudos regionales e inter imperialistas.

Trump (como todas las clases dominantes), sigue la política de contrarrevolución económica, pero en la política exterior ha roto ese inestable consenso.

Se une o apoya lo más totalitario y reaccionario que hay en el mundo. In el conflicto palestino-israelita es socio del sionismo de derecha de Netanyahu que está rompiendo toda salida negociada preparando una separación unilateral de Israel con sus actuales territorios ocupados incluyendo sus asentamientos. (Algo que ni la casta corrupta de Abbas puede aceptar). Apoya incondicionalmente a Arabia Saudita, su socio privilegiado en la otra parte del Medio Oriente para atacar la influencia de Irán en esa parte del mundo. Su nuevo monarca Mohammed bin Salman está llevando una agresión criminal con su intervención directa en Yemen y está dispuesto a atacar el puerto de Moka lo que puede provocar una situación de hambre para 2 millones de personas que dependen de ese puerto para sobrevivir. Apoya incondicionalmente al gobierno húngaro de János Áderl el más racista y antiinmigrantes de la Europa del Este.

Ese trípode (Trump, Netanyahu, Mohammed bin Salman) va a dejar a Siria en manos de Assad. Al mismo se puede sumar, casi seguro que se va a sumar, Putin con quien se encuentra dentro de dos semanas, que ya está en acuerdo con Netanyahu. En un futuro seguramente Erdogan ya que todos tienen en común el autoritarismo y el racismo.

De esta manera, su política internacional hecha más llena al fuego de la inestabilidad mundial. Merkel y Macron no están ofreciendo una política alternativa y tampoco los demócratas en EE. UU.

El mundo no está pasivo ante estos “nuevos” líderes

Pero el mundo no asiste pasivamente al crecimiento del nacionalismo derechista. Hay reacciones importantísimas que tenemos que mirar en su dinámica. El triunfo de Alexandria Ocasio Ortez en las primarias demócratas en New York, como la oleada de huelgas de los maestros en los EE. UU., la masiva onda de entusiasmo popular hacia AMLO en las elecciones mexicanas en la que es seguramente ganador, la huelga general de Argentina, la insurrección nicaragüense contra Somoza, muestran que las luchas de los trabajadores y las luchas democráticas son también parte de esta situación mundial. Parte fundamental de ella es la oleada feminista que no deja de alcanzar conquistas como la ley del aborto en Argentina e Irlanda. Y para dar algunos otros ejemplos: en Armenia, país vecino a Hungría multitudinarias movilizaciones impusieron como nuevo primer ministro a Nikol Pasinhyan contra el gobierno autoritario. En Perú hubo paros cívicos en Cusco y el Sur del país. En Francia los paros de los “cheminots” (ferroviarios) continúan. Es decir que las luchas democráticas y contra las reformas económicas no paran.

La base social de Trump y los nuevos movimientos proto fascistas

Trump es la figura principal de un nuevo tipo de políticos y partidos autoritarios derechistas que se diseminan en Europa (la ultraderecha pronazista alemana, de Inglaterra, Austria, Holanda, la Liga del Norte en Italia) y que ya están en el poder en el poder en Hungría, Turquía, Indonesia, y en Italia, en este caso con menos aristas por tratarse de un país insertado en Europa Occidental.

Estos gobiernos encuentran su base social defendiendo un nacionalismo reaccionario frente al fenómeno de la inmigración de refugiados de las guerras de Siria, Afganistán, Yemen, Palestina, de la violencia en Centroamérica en Honduras, Salvador y la masacre que está llevando el gobierno de Ortega en Nicaragua. También del estado narco de México. Y la inmigración desesperada de trabajadores y pobres que intentan huir en busca de una vida mejor por las guerras y el hambre que se extiende en los países semicoloniales y desarrollo atrasado. En el mundo hubo el año pasado 60 millones de desplazados, refugiados o inmigrantes. Se trata del 1% de la población mundial.

La inmigración es la fuente de mano de obra barata en los países imperialistas. Lo sigue siendo, aunque ahora el proceso es más incontrolado porque aumenta la desesperación con la barbarie. Por eso la inmigración, como fueron los judíos en Alemania, es también un pretexto para desarrollar la política nacionalista imperialista xenófoba.

Gobiernos de los multimillonarios y del capital financiero

En el gobierno de Trump más que en ningún otro los multimillonarios se han hecho cargo de la política económica estadounidense. Ha llevado adelante una contrarreforma impositiva que los beneficia en toda la línea, que crea una mayor desigualdad, liquida el servicio de salud, y erosiona la educación pública. Está de manos dada con el capital financiero. Lo mismo ocurre en Turquía y los países donde triunfa la ultraderecha. Ninguna diferencia con el neoliberalismo en el terreno de favorecer al capital financiero y las grandes corporaciones.

Proteccionismo y guerra comercial

La otra cara de la “América en Primer lugar” (contradictoria con la globalización neoliberal, y que refleja sus contradicciones), es que este ultranacionalismo de Trump lleva adelante un proteccionismo económico y de ruptura con los acuerdos comerciales obtenidos por las grandes potencias con la globalización. De esta manera agudiza la Inter competencia de las grandes potencias al estado de una guerra comercial que choca con la globalización económica, los intereses de las otras potencias y mismo en los EE. UU. En la cuestión del proteccionismo comercial Trump está sujeto a más presiones de la gran burguesía y las corporaciones de su país, que hacen parte de la globalización. Por eso esa política puede ser más dudosa que el terreno político. De todas formas el beneficiado tanto de la política internacional como de la económica es el gobierno chino de Xi Jingpin que se ha fortalecido tanto en el terreno económico como en político.

Polarización social y política

Estos gobiernos provocan una polarización social creciente que por un lado provoca enfrentamiento entre sectores populares y sectores de la clase trabajadora, sobre todo los más atrasados. La ultraderecha nacionalista (como ya dijimos), arrastra a sectores atrasados y la clase obrera de las metrópolis que pierde sus trabajos, y fortalece los sentimientos racistas y antiinmigrantes del sector de derecha de la sociedad. Esta cierta fractura se da más en el terreno electoral y menos en la lucha de clases.

Ocurre porque no hay en el mundo una alternativa por la ausencia de dirección, por el retraso en la conciencia que hace que los trabajadores no actúen como clase obrera internacional. Los nacionalismos de derecha siempre tienen como base de apoyo la fragmentación o división de la clase por ausencia de una perspectiva estratégica con la cual enfrentar al capitalismo en su fase de la globalización neoliberal. El actual contexto de la lucha de clases es diferente al de los años 30 cuando emergió el fascismo en Europa. Aquel se apoyaba en derrotas de los trabajadores, (Alemania, España, Italia, Francia) en la actualidad esto no ha ocurrido, por eso hay resistencia de masas. Lo que hay es ese vacío de alternativa anticapitalista, pero al mismo tiempo hay un sentimiento creciente de solidaridad democrática ante los nacionalismos de rechazo, de luchas democráticas como la oleada feminista.

La confrontación está abierta, nada está consolidado como ocurrió en los 30. Por un lado, porque más allá del tipo de gobierno que sea, hay una confrontación general contra la agresión económica a los salarios a las reformas laborales etc. Y por otro contra el autoritarismo y la reacción ultraderechista, que si bien no ha originado todavía alternativas anticapitalistas va conformando una resistencia y oposición en base al rechazo a la derecha autoritaria.

En EE. UU. y en otros países hay polarización creciente. Trump que comenzó como un outsider contestado hasta en las filas de los republicanos, ha logrado volverse el exponente de la derecha republicana que ha tomado fuerza a través de este impulso reaccionario. Los líderes tradicionales del partido Demócrata no parecen ser la alternativa. Pero hay polarización y búsqueda. Escribimos hace meses que el régimen bipartidista estaba en crisis y que los polos serían Trump y Sanders. Esa caracterización aparece. Se afirman nuevas expresiones sociales todavía atomizadas, y emergen nuevos candidatos socialistas son por ahora parte de esa polarización social creciente en el país del Norte. El 26 asistimos al triunfo de la candidata de Our Revolution y miembro del DSA Alexandria Ocasio Cortez, latina de origen portorriqueño de 28 años, que derrotó en las internas al histórico demócrata que era el cuarto en sucesión de este partido y el delfín de Nancy Pelosi. Un hecho del que habla toda la prensa de EE. UU. y mundial. Las repercusiones han sido enormes. El diario El País de España habla del derrumbe de los viejos regímenes refiriéndose y comparándola a la crisis que vive Merkel.

Lo vimos también en Colombia con Petros, en Turquía con los grandes actos electorales del partido laico y los resultados del PHD que con su líder preso pasó la cláusula del 10% y conquistó más de 60 diputados.

Latinoamérica en este contexto

Latinoamérica merece una lectura especial. Aquí hay un rechazo menor a los inmigrantes y no hay movimientos racistas como en los otros continentes. Los venezolanos que son quienes para el Sur por la crisis bajo el régimen de Maduro terminan siendo acogidos en Brasil, Perú y Argentina. Aquí, los gobiernos neoliberales de derecha no tienen ninguna capacidad de ser “nacionalistas”, o hacer dumping lo que sería progresivo. Por el contrario, están en crisis también porque el proteccionismo de Trump no los ayuda.

El nuevo fenómeno que se abre en México (que muy difícil que sea un nuevo Lázaro Cárdenas), significa una bocanada de aire fresco frente a los viejos regímenes que canaliza también el sentimiento anti-Trump y tal vez también en cierto progresivo proteccionismo económico.

En Perú por lo que parece en la última encuesta Verónika crece y Keiko baja. En Brasil Bolsonaro intenta ser una copia de Trump, y tiene elementos similares en su homofobia, su misoginia y la posición de armamento. Pero su programa está lejos de ser proteccionista o nacionalista. Está inspirado en el neoliberalismo y las agroindustrias.

En Argentina el neoliberalismo de Macri se está derritiendo. En ese país los puntos altos fueron la movilización feminista y la huelga general que coloca la necesidad de construir una nueva alternativa al margen del viejo y gastado justicialismo peronista.

Tenemos que ver hasta adonde el neo-imperialismo chino se convierte, ante el proteccionismo de Trump, en el centro no solo económico que ya en parte lo es, sino también político. No es una casualidad que el gobierno de Xi Jinping este convidando para conocer China a nuevos líderes y movimientos que han surgido en Latinoamérica.

¿Dónde ubicar a Ortega y Maduro en este marco?

Nicaragua vive una situación insurreccional donde hay ciudades donde el poder está en manos de los estudiantes y el pueblo como en Masaya. La represión de Ortega es brutal. Al mismo tiempo que da palos y mata al movimiento negocia con la burguesía. De continuar la insurrección la caída del gobierno estará sellada. Maduro y Ortega están en el mismo camino de Trump o Erdogan (salvando las diferencias).

Maduro es una situación más compleja; porque EE. UU. quiere sacarlo, pero por otro lado está más fuerte que Ortega porque no hay una insurrección popular para tirarlo. Su apoyo a Erdogan muestra quien es, un régimen cada vez más autoritario que se está consolidando tal como lo muestra en su gesto de ser el primer presidente en felicitar a Erdogan: “desde Caracas le envío un abrazo bolivariano y nuestro firme compromiso para seguir profundizando nuestros lazos de solidaridad y cooperación

La unidad de acción contra la derecha y la construcción de nuevas alternativas

Frente a estos gobiernos neoliberales en nuestro continente o ultranacionalistas en los países adelantados hay que hacer unidad de acción alrededor de la defensa de los derechos democráticos y por supuesto en la defensa de las reivindicaciones de los trabajadores.

Pero esta táctica no puede convertirse en estrategia. Tanto en el terreno de las organizaciones de masas como en el político se necesitan nuevos dirigentes y direcciones. Así está ocurriendo en la movilización en la insurrección de masas que enfrenta a un autócrata en el poder. Hay en ese país una unidad entre los nuevos dirigentes del movimiento estudiantil y que incluye a representantes de las patronales. Pero la única posibilidad de que el movimiento no termine en una salida pactada o conciliación con Ortega y su régimen asesino es continuar la insurrección popular y apostar en la nueva dirección que está surgiendo como lo plantean las genuinas corrientes de izquierda en Nicaragua. Como en la huelga general argentina hay unidad de acción, pero también enfrentamiento. Imprescindible para la construcción de nuevas alternativas. Y la necesidad de alternativas independientes de la vieja izquierda o el llamado progresismo es muy importante también en las elecciones.

México, los EE. UU. y Nicaragua son puntos clave en nuestro continente. El triunfo del DSA en NYC es algo inédito en ese país; por primera vez la izquierda llega a la Cámara de los Diputados. Seguramente significará un nuevo crecimiento geométrico del DSA como sucedió después del triunfo de Sanders. De ahí también la necesidad de construir militantes sólidos en ese partido con posiciones internacionalistas y marxistas.

En México seguramente el proceso de López Obrador abrirá nuevas posibilidades al movimiento socialista en ese país. Hay en todo Latinoamérica mucho espacio para eso.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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