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Sobre la situación en Nicaragua

La Comisión de Relaciones Internacionales del Movimiento Nuevo Perú, expresa su preocupación por lo que actualmente sucede en Nicaragua. Esta dolorosa situación nos obliga a una profunda reflexión sobre la izquierda, el poder político, y la constante rebeldía de los pueblos de Latinoamérica.

Consideramos que la actual movilización popular en Nicaragua no es un movimiento artificial ni coyuntural. Las movilizaciones empezaron –es cierto- por un evento concreto: la reforma inconsulta e impopular del sistema de pensiones; pero pronto se sumaron otras serias razones. Entre estos motivos, destaca la coacción a las y los trabajadores que deben lidiar con bajos salarios y empleos precarios, la afectación de los derechos de las mujeres con leyes extremistas que prohíben el aborto incluso para salvarla vida de la gestante. También se suma el rechazo a la construcción de un nuevo canal centroamericano, a través del Lago de Nicaragua, sin licencia social ni ecológica, y pese a las objeciones de campesinos y pueblos indígenas. Hay un claro rechazo también al flagelo de la corrupción y a la constante vulneración de los derechos políticos puesto que la oposición, en la que se encuentran líderes históricos del antiguo sandinismo, ve negada su legalidad electoral.

La suma de estos hechos explica la constante protesta de la ciudadanía nicaragüense, y la tenacidad de su resistencia, en medio de una brutal represión. Todo parece indicar que el gobierno de Ortega y Murillo, aunque utiliza de vez en cuando los viejos símbolos del sandinismo, aparta cada vez más de esa herencia heroica.

Sabemos que, dentro de las izquierdas, en el Perú y en el continente, los hechos de Nicaragua todavía provocan dudas y confusión. Existe el justo temor de hacer el juego al imperialismo o a los opresores de siempre en nuestros países. Debe reconocerse que existen distintos intereses en juego y determinados sectores de derecha buscan un escenario de caos que los favorezca para convocar nuevas elecciones. No obstante; está cada vez más claro que no se trata sólo de intromisión desestabilizadora. Por el contrario, quien busca la “estabilidad” y le tiende una mano al gobierno de Nicaragua es Estados Unidos pues Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo le habrían garantizado a EEUU ser un aliado confiable en el control del narcotráfico y la migración. Además, informes de la CIDH, que fue invitada al país por el propio gobierno, confirman la extensión de la tragedia, y el patrón de represión extrema y desbocada, causada por grupos paramilitares con los que el gobierno no ha podido ni querido deslindar.

Consideramos que una fuerza política transformadora de izquierda, no puede alinearse automáticamente con un gobierno porque este agite las clásicas consignas revolucionarias, debe más bien ponerse del lado del pueblo solidaria y críticamente, porque de este surge la legitimidad de cualquier proyecto de transformación. El temor de que los movimientos nicaragüenses terminen de la mano de la derecha no se resuelve aislándolos, sino tendiendo puentes y alianzas honestas. Sabemos que existen muchos riesgos y mucha polémica en llamar a esta reflexión, pero si una fuerza de izquierda rehúye aldebate termina traicionándose.

Nos corresponde a las izquierdas y fuerzas progresistas del continente realizar una profunda reflexión, desde el corazón de la solidaridad y ejerciendo la crítica más responsable, para construir miradas conjuntas y contribuir eficazmente a la paz en un país querido y respetado como Nicaragua. Llamamos a los gobiernos de la región ydelmundo a respaldar la misión de la CIDH y del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, para que contribuyan a detener la violencia. Llamamos al gobierno nicaragüense a detener la represión y participar productivamente en el diálogo nacional, con miras a una resolución pacífica del conflicto. Llamamos a la sociedad civil nicaragüense a mantener su energía crítica y evitar las provocaciones de los violentos, apostando a un diálogo incluyente y que se desarrolle con totaltransparencia. Llamamos a ambas partes a encontrar una respuesta nicaragüense a un reto nicaragüense, sin la intromisión imperialista delgobierno de Trump.

Reiteramos nuestra solidaridad con los movimientos sociales organizados más allá de nuestras fronteras. Creemos que los gobiernos deben ser juzgados por lo que hacen y no por lo que dicen, y que el progresismo se prueba en los hechos. Como fuerza de izquierda, debemos mantener una política internacionalista consecuente con la soberanía latinoamericana, el respeto a los derechos humanos yla unidad de los pueblos.

 

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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