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UN PROGRAMA PARA BRASIL CONTRA EL YUGO DEL CAPITAL FINANCIERO Y LA SANGRÍA DE LA DEUDA

Fuente: https://movimentorevista.com.br/2018/07/um-programa-para-o-brasil-contra-o-jugo-do-capital-financeiro-e-a-sangria-da-divida/

Traducción: Clara Baeder

 

El debate electoral va ganando más densidad y se aproxima el momento de definiciones de las candidaturas y coligaciones, terminada la participación brasileña en la Copa del Mundo y después de la disputa en los tribunales del último fin de semana sobre la soltura de Lula. Además, a éste respeto, en nuestra opinión, era evidente que la Policía Federal debía haber cumplido el orden del juez Favretto de conceder habeas corpus a Lula. Es en este ambiente de inestabilidad política permanente que, en cerca de un mes, el período oficial de campaña tendrá inicio.

En los debates preparatorios para la presentación del programa de la candidatura de Guilherme Boulos y Sônia Guajajara – en la alianza entre PSOL, PCB y movimientos sociales como el MTST y a APIB – hemos presentado nuestras contribuciones. En los grupos de trabajo, consideramos fundamental traer al centro del debate político y económico las cuestiones más candentes que deben estar en nuestro programa, una formulación que debe ofrecer diagnósticos sobre los graves problemas nacionales, desde los cuales sea posible organizar la movilización popular necesaria para las transformaciones profundas de que Brasil necesita. Particularmente, algunas polémicas han surgido en los debates sobre el programa económico y las medidas centrales para jerarquizar nuestra agitación pública. Se trata de un debate complejo, que evidentemente no puede agotarse en las pocas líneas que siguen. Pero es fundamental que la militancia del PSOL participe en esta discusión, como forma de que construyamos una candidatura de Boulos y Guajajara con fuerza para disputar la elección presidencial y apuntar un camino para las movilizaciones después de octubre.

En ese sentido, una importante definición para todo el campaña electoral es como apuntar una salida para la crisis presupuestaria, utilizada por el gobierno Temer y por la burguesía como justificativa para los cortes en áreas sociales y la congelación de inversiones por medio de la ley del techo de gastos, para remunerar el rentismo nacional y extranjero y mantener la sangría de los recursos públicos destinada a los gastos financieros. La profundización del ajuste fiscal, las privatizaciones y la reforma previsional están en el menú de las candidaturas de la derecha. Esta receta, sin embargo, no encuentra portavoces creíbles, dada la impopularidad de las medidas, la descalificación de los partidos políticos profundamente envueltos en escándalos de corrupción y el desastroso gobierno Temer, una verdadera ancla para su candidato, Henrique Meirelles, y para todos aquéllos que se colocan como alternativas de “centro” – en la realidad las candidaturas de la derecha neoliberal, también vaciadas por el espacio ocupado por Jair Bolsonaro en la extrema-derecha.

Entre las candidaturas de centro-izquierda y de oposición a Temer, se destaca Ciro Gomes, que ha presentado en sus exposiciones y entrevistas un programa de recuperación de las inversiones de la economía con centro en una reforma tributaria de carácter progresivo; cambio en el perfil de la deuda pública, para apocar los costas financieros; y seguir el ajuste fiscal, por medio de una reforma previdenciária orientada por la capitalización, retirando derechos de los trabajadores y financiarizando los derechos de la seguridad social del pueblo. Ciro presenta su programa como “viable”, creíble, y pide confianza a la burguesía, como hizo en la CNI, argumentando que solamente a centro-izquierda tendría capacidad de realizar las reformas necesarias para la recuperación del crecimiento de la economía. O sea, los aspectos interesantes de su predicación – la crítica al techo de costos, las propuestas de tributación de los más ricos y la crítica de los costos financieros – muestran su inconsistencia, de un punto de vista de izquierda, cuando colocadas en foco su disposición de realizar con más capacidad y “autoridad” el ajuste fiscal y las reformas reivindicadas por la burguesía. Al mismo tiempo, las alianzas que ensaya hacer, con partidos como DEM y PP, muestran su tentativa de reorganizar lo arreglo congresual que llevó al gobierno de Dilma a la falencia. No basta “colocar el PMDB en la oposición” reciclando los otros elementos corruptos, protagonistas de la falencia de la Nueva República a que se asiste hay por el 5 años.

Por su vez, el PT presenta un discurso aparentemente radicalizado por la defensa de sus dirigentes, pero no explica cómo irá a repetir la gestión macroeconômica de sus 13 años de gobiernos, muchos de los cuales en angosta colaboración con Meirelles, Levy y otros agentes directos de los grandes bancos, en los cuales, cual si jacta Lula, banqueros y empresarios ganaron “como nunca antes en la historia”. En la realidad, los gobiernos de coalición liderados por el PT se orientaron por la defensa de la rentabilidad del grande capital – por medio de políticas de exoneración que costaron cientos de mil millones de reales al Tesoro o del estímulo a la fusión y a la internacionalización de conglomerados sediados en Brasil – y por la defensa de la alta remuneración del capital financiero, por medio del mantenimiento de intereses altos, de la defensa sacrosanta del “trípode macroeconómico” y de la orientación por el superávit primario. No por acaso, hasta el último minuto, Lula recomendaba a Dilma que colocase Henrique Meirelles en el comando de la Hacienda.

Por todo eso, la responsabilidad de la candidatura del PSOL es enorme. En nuestra campaña, debemos mostrar la necesidad de romper el yugo del capital financiero, la fracción hegemónica de la clase capitalista transnacional, y a partir de allí elevar la conciencia de amplios sectores sobre la articulación entre las tareas democráticas y de defensa de nuestra soberanía con las medidas económicas que pueden apuntar un porvenir de otro tipo para la clase trabajadora y el pueblo brasileños. En nuestra agitación, necesitamos explicar problemas complejos de forma simple, accesible y movilizadora.

Tenemos la convicción de que, contando con un programa de este tipo, Guilherme Boulos y Sonia Guajajara pueden presentar una solución e incluso ocupar un enorme espacio electoral que sigue vacío: el de millones de personas que buscan una salida al desempleo, a la informalidad, a la precariedad laboral, a la falta de servicios públicos, a la crisis social en las ciudades, a la violencia y a las decenas de miles de brasileños, especialmente pobres y negros, que son asesinados cada año. Esta mayoría de los trabajadores se siente resentida, justificadamente, por la corrupción generalizada y el fracaso de los partidos del régimen. Podemos ofrecer una salida progresiva al odio social generalizado, señalando medidas eficaces que nos permitan superar la crisis y mostrar un horizonte socialista para Brasil. Este es el tamaño de nuestro desafío. Si no lo logramos, perderemos espacio para alternativas inconsistentes, como Ciro Gomes, o para el derechista Bolsonaro, que de una manera muy reaccionaria y peligrosa dialoga con la ira del pueblo.

El carácter de la globalización neoliberal y nuestras medidas: un problema de encuadramiento

Frente a la profunda crisis económica de los últimos años, diversas fracciones de la burguesía se han encontrado unidas por medidas que creían necesarias para recuperar la rentabilidad del capital en Brasil: es un programa neoliberal duro, basado en: 1) la compresión de los costos laborales (para lo cual la reforma laboral, la presión del desempleo y la nueva ley de externalización juegan un papel importante); 2) la incautación de parcelas crecientes del presupuesto público para garantizar la remuneración de las rentas y el capital aplicado a la deuda pública (con la ley de techo, los profundos recortes en las áreas sociales, el mantenimiento de las tasas de interés real más altas del mundo, los ataques al funcionalismo y las propuestas de reformas de las pensiones y la desvinculación del presupuesto desde las áreas sociales); y 3) en la profundización del saqueo de tierras, recursos naturales (con la expansión de la frontera agrícola, los cambios en el Código de Minería recientemente concluidos, las propuestas de flexibilización de licencias ambientales y de permiso de venta de tierras a extranjeros) y de patrimonio público, generando activos devaluados en los que se puede invertir capital sediento de ganancias de todo el mundo (como lo demuestra el espíritu redoblado de privatizaciones de Eletrobrás y distribuidores de energía, de campos petroleros y subastas de Petrobrás, de empresas y activos de infraestructura y las propuestas de venta de Caixa y Banco do Brasil, entre otros). Considerando todas las medidas en conjunto, estas propuestas de la burguesía representan un ataque sin precedentes al pueblo brasileño y sus derechos.

El combate a este programa, por tanto, debe nombrar nuestros enemigos, comprender cómo opera globalización neoliberal y cuáles los fundamentos de su crisis. Una de las armas más insidiosas del neoliberalismo es presentarse como una lógica, una naturaleza del mundo y de las relaciones sociales. En la falta de opciones, todos deberían adecuarse a sus presuposiciones. Es necesario decir una vez más: ¡no! El capital financiero global, como fracción hegemónica del capital transnacional, dirige por medio de sus agentes (en los gobiernos, instituciones estatales, bancos centrales, organismos multilaterales, en las instituciones financieras, universidades y en medios de comunicación) la economía global y somete los Estados nacionales a sus intereses, promoviendo programas de ajuste, apertura comercial y a inversiones extranjeras, privatizaciones y desvalorización de activos para garantizar los flujos de inversiones lucrativas en la economía global. Las deudas públicas tienen un papel fundamental en este mecanismo, no apenas por el pillaje de recursos públicos con su remuneración, pero, fundamentalmente, por permitir al capital financiero (grandes bancos y fondos de inversión globales, agencias de rating etc.) dirijan el conjunto de la política económica de los Estados nacionales, coordinándola a sus necesidades de acumulación. La experiencia internacional lo demuestra con bastante elocuencia.

Especialmente delante de todo a que se asistió en los últimos años en Brasil y en el mundo, necesitamos tener claro que estos mecanismos y explicar al pueblo como el capital financiero hegemoniza el conjunto de la burguesía global y de las burguesías nacionales – de resto igualmente permeadas, dadas las fronteras ya totalmente ensuciadas de las fracciones burguesas, por intereses en la remuneración financiera y en la garantía de su rentabilidad.

Algunos de los esbozos programáticos discutidos sobre la campaña de Boulos y Guajajara señalan correctamente, por ejemplo, la necesidad de revocar la enmienda 95 (ley de techo), la ley de responsabilidad fiscal y la desincentivación del presupuesto sindical. Esto es fundamental, pero es necesario explicar claramente a la gente la razón por la que se inician estas propuestas: necesitamos revocar tales mecanismos porque son el medio desde el cual el gobierno brasileño se somete a los intereses de lucro del capital internacional y de la burguesía nacional. Sin embargo, es una batalla muy dura. Obviamente, eso llevaría a una profunda confrontación con la burguesía, que ciertamente haría cualquier cosa para impedir que cualquiera de estas medidas fuera aprobada. Será necesario organizar la lucha, llamando a la gente a participar en ella.

Por eso, en nuestra opinión, los consejeros de la candidatura de Boulos, como la economista Laura Carvalho, cometen un error al restarle importancia e incluso luchar contra las propuestas de auditoría de la deuda pública. Utilizando argumentos como que lo que la izquierda evalúa tradicionalmente sobre la contabilidad de los gastos financieros suele ser impreciso y erróneo, que hay inversiones de fondos de pensiones en algunos títulos de deuda o incluso diciendo que los economistas y técnicos ya conocen los números, estos asesores critican la inocuidad de la auditoría y optan por criticar las deudas sólo por sus altos intereses, y el flujo y perfil de los contratos. Este enfoque nos parece muy equivocado por varias razones: independientemente de la controversia sobre las cifras, la auditoría no sólo ayudaría a dilucidarlas, sino que, sobre todo, ayudaría a movilizar a la población al demostrar que el presupuesto nacional no está destinado a garantizar los servicios públicos y la realización de los derechos de las personas, sino que, de hecho, está controlado por los bancos, los fondos de inversión y una minoría privilegiada que controla la riqueza nacional. Al fin y al cabo, poco importa si “los técnicos y economistas conocen los números”, ya que esta batalla no sólo se resolverá con la pluma de un ministro, sino con la fuerza de las calles.

En este sentido, el enfoque de la campaña de Luciana Genro a partir de 2014 ofreció una salida, mostrando la importancia de enfrentar política y pedagógicamente el tema de la deuda pública, para que, apoyados en la movilización callejera, pudiéramos cancelar o suspender los pagos ilegales, devaluando la deuda ilegal, a la vez que defendemos los derechos de pensión de los pequeños ahorristas.

Hay otro aspecto aún más importante sobre este debate. Dudas y cuestiones legítimas sobre la eficacia de una propuesta como la auditoría de la deuda pública no pueden hacer la izquierda socialista solo mencionar brevemente o elidir el diagnóstico a respeto de la globalización neoliberal y de la financiarización o de la economía, que está hondamente relacionada a lo apresamiento y dirección del Estado nacional para colocarlo a servicio de la rentabilidad del capital transnacional, de su fracción financiera, y de la gran burguesía nacional.

No si trata de un debate académico. El programa de la burguesía para Brasil tiene relación profunda con todo lo que está dicho arriba. En la semana pasada, fue noticiada la conclusión de las negociaciones para que a Boeing asuma el control de la loncha de chorros comerciales de la Embraer. En los últimos meses, se divulgaron acontecimientos semejantes: negociaciones para a venda de la Braskem, por la Odebrecht y Petrobrás, a fondos de inversión internacionales; la inclinación a la pulverización y desnacionalización del control accionario de la Vale después el nuevo acuerdo de accionistas; la presencia creciente de fondos de inversión chinas en la compra de generadores y distribuidores de energía eléctrica; la venta de lonjas de la Petrobrás llevada a cabo por Temer y Parente; además de la consolidación en años recientes de grandes conglomerados de capital abierto, con sede en Brasil o en el exterior, que acaparan u “oligopolizan” sectores fundamentales como alimentos y proteínas (JBS y Marfrig, por señal ahora las dos líderes mundiales en el sector, con sedes en EEUU), celulosa (con la fusión de Fibria y Eldorado Celulose), entre tantos otros, mostrando como la transnacionalización de la economía brasileña se acelera. Fuera de nuestras fronteras, recientemente fue anunciada la fusión entre Bayer y Monsanto, creando una transnacional inmensa, que controla la cadena química de punta la punta, absorbiendo, por medio de sus ventas de fertilizantes, pesticidas, allende sus patentes y royalties, parcela fundamental de las rentas del agronegocio brasileño, apuntado por muchos como la salida para economía nacional, cada vez más desindustrializada delante de la dificultad de competición con la producción global dispersa en cadenas de valor.

Como consecuencia, por ejemplo, el balance de poder entre capital y trabajo es desventajoso para este último; sectores estratégicos de la economía comienzan a ser controlados por fuerzas internacionales, profundizando la desnacionalización de la economía; el desempleo crece; la balanza de pagos tiende a enfrentar problemas crónicos con las remesas de divisas provenientes de actividades vitales como la generación de energía o el transporte; entre muchas otras malas consecuencias.

Los esbozos programáticos que se debaten en la campaña de Guilherme Boulos y Sônia Guajajara también señalan correctamente la necesidad de una profunda reforma tributaria que enfrente los privilegios de los ricos y la oligarquía como una forma de recuperar la capacidad fiscal, haciendo inversiones que generen empleos e inviertan en servicios públicos. Medidas como la tributación de las grandes fortunas y herencias, los impuestos sobre las ganancias y dividendos y la tributación de las inversiones especulativas deben ciertamente movilizarse para enfrentar la desigualdad y atacar las conquistas de la burguesía. Nada de esto se ha planteado durante los 13 años de gobiernos del PT y es fundamental que la izquierda socialista los defienda en las elecciones.

Estas medidas, sin embargo, se enfrentarán a una fuerte resistencia de las clases altas y pueden llevar a la paradoja de ser utópicas si nos acercamos a estas ideas desde un punto de vista que ponga demasiado valor a las medidas como “prácticas”, formuladas sobre la base de tecnicidades alcanzables. Los ejemplos internacionales deben guiarnos: la trágica experiencia de los años de gobiernos del PT – que prometieron cambios, pero sólo atendieron a los intereses del gran capital – el colapso de la socialdemocracia en Europa o incluso el ejemplo fallido de Syriza, en Grecia; todas estas experiencias nos muestran que el capital transnacional y su mayor fracción, desde el primer minuto de un gobierno de un liderazgo del movimiento de los sin techo de izquierda en Brasil, atacaría sin piedad, operando sus herramientas de presión y sumisión sobre el financiamiento y sobre la moneda brasileña.

 

Por un PSOL fuerte en las elecciones de octubre y preparado para las luchas que tenemos por delante

Nuestro programa no puede ser guiado centralmente sólo por medidas fiscales que permitan el retorno de la inversión, el crecimiento y la creación de empleos. La burguesía ha demostrado más que suficientemente que el éxito de este enfoque dependería de la profunda movilización de la clase obrera para poner en sus manos las palancas fundamentales del poder estatal contra el poder de la burguesía, especialmente su fracción financiera hegemónica.

Por todo esto, la campaña del PSOL necesita presentar un diagnóstico de nuestros problemas fundamentales y una agitación que apunte a una solución concreta a los problemas del desempleo, la deuda familiar, la habitación, la seguridad y la recuperación de los servicios públicos, al mismo tiempo que muestra la necesidad de luchar por el poder, avanzando en los engranajes profundos de la sumisión del Estado brasileño a la clase capitalista transnacional, a la gran burguesía nacional y a la fracción financiera que los hegemoniza. Esta es la síntesis de una orientación que señala un camino hacia las elecciones de 2018, así como hacia las luchas que inevitablemente seguirán a partir de octubre, dada la profundidad de la crisis brasileña.

Esta es también la mejor manera de abordar el programa derechista neoliberal, que quiere condenar a nuestro pueblo a la miseria social y al desierto de la austeridad, a la vez que muestra lo que nos distingue de resultados inconsistentes, como los presentados por Ciro Gomes o el PT, que pueden presentarse como “viables” o con mejores posibilidades de disputa electoral. El voto en el PSOL es un voto por el cambio y un voto por la transformación profunda del país. Luchamos contra una lógica que naturaliza la falta de alternativa, demostrando que existe y que surgirá de nuestras movilizaciones, nombrando a nuestros enemigos y midiendo su fuerza.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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