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A 45 años del golpe de Pinochet en Chile

Estamos en un nuevo aniversario de la triste derrota del proceso chileno y el inicio de la sangrienta dictadura de Pinochet en Chile. Cuando se veía venir la tragedia chilena en la Argentina post-cordobazo hacíamos una manifestación muy numerosa pidiendo “armas para Chile carajo”. Es solo un recuerdo. Ahora es un momento para reflexionar sobre una de las varias lecciones que deja esa derrota: como se podía parar en aquel momento a la derecha y el fascismo. Un tema que tiene actualidad ante el avance del totalitarismo y la derecha profascista en el mundo y en Brasil.

El gobierno de Allende

Como parte del proceso de ascenso de la lucha de masas en el Cono Sur Latinoamericano en las elecciones generales de Chile de 1970, triunfa la Unidad Popular, una frente entre el Partido Socialista y el Partido Comunista, junto con la Izquierda Cristiana (que era una división del partido burgués de Freire que había sido presidente), y otras agrupaciones menores. Ese triunfo fue posible gracias al hecho que el Partido Conservador y el Demócrata Cristiano de Freire, los dos grandes partidos burgueses, fueron divididos las elecciones.

Existe a idea en muchos sectores de la actual vanguardia brasileña y mundial que, con el gobierno de Allende era ya un gobierno socialista, y que esto demuestra que se tiene posibilidad de tener una vía pacífica al socialismo. En la realidad el gobierno de Allende era un gobierno antiimperialista (con rasgos más profundos de radicalización de lo que fue el gobierno de Chávez en Venezuela, pero no era un gobierno de ruptura con la burguesía; Chile estaba en una gran turbulencia revolucionaría, pero el estado siguió siendo burgués, en particular porque su ejército no fue tocado por el gobierno de Allende. El gobierno de Allende abrió situación revolucionaría en Chile, pero esta situación lamentablemente se vio quebrada por el golpe militar de Pinochet de 11 de septiembre de 1973.

La victoria de la Unidad Popular abrió una situación de efervescencia de masas y de lucha por sus reivindicaciones. El gobierno de Allende tomó medidas enormemente progresivas frente al imperialismo. Nacionalizó las minas de cobre, el más importante recurso económico del país hizo a reforma agraria en sectores del campo bastantes productivos, nacionalizó otras fábricas e implantó un sistema de producción mixto y de cooperativas. Nacionalizó el sistema bancario y comenzó reformas educativas profundas.

No podríamos decir que era un gobierno de los trabajadores, ya que los Partidos Comunista y Socialista estaban en el poder junto a un partido pequeño burgués producto de una división de la burguesía (Trotsky llamó a estos gobiernos de Frente Popular). A pesar de que haya habido profundas transformaciones, la estructura del Estado no fue modificada y una institución fundamental, el Ejército, siguió siendo la misma. Pinochet fue comandante-en-jefe nombrado después del primer intento de golpe de estado fallido contra el gobierno de Allende.

En la realidad este gobierno pasó a ser un sándwich entre el movimiento de masas que quería radicalizar el proceso rumbo al socialismo y la burguesía y el imperialismo que empezaron a acosarlo por la derecha. Ante tal avance de la derecha, los trabajadores comenzaron el proceso de autoorganización de los cordones industriales – que eran formas soviéticas de organización desde las fábricas. Algo semejante ocurría en los barrios populares. En muchas fábricas, ante la presión de la derecha que lanzó una huelga de camioneros, se comenzaron a producir armamentos. Los trabajadores veían como inevitable el enfrentamiento y para tal se preparaban. Entre a suboficialidad del ejército y, particularmente, entre los marineros, hubo un proceso de levante contra los militares conspiradores especialmente después la primera tentativa golpista. Allende se mantuvo como el defensor de la “institucionalidad”, incluso insistimos, nombrando Pinochet como comandante-en-jefe del Ejército.

El reconocido gesto de Allende fotografiado enfrentando con una ametralladora el bombardeo del Palacio de La Moneda no apaga el hecho de que él tenía en sus manos todas las posibilidades de enfrentar el golpe no solo con una ametralladora en las manos, pero facilitando – y no obstaculizando – el armamento de los trabajadores y del pueblo (El gobierno requisó las armas en las fábricas días antes del golpe). Eso hubiera significado colocar el poder en las manos de los trabajadores y del pueblo para avanzar en la revolución socialista. Y eso fue lo que Allende no quiso hacer.

El gobierno llamó la pacificación para evitar un derramamiento de sangre, pero la sangre fue mayor en las manos de la sangrienta dictadura de Pinochet.

Fue el fracaso de la vía pacífica al socialismo. Ésta era la palabra de orden que instrumentaban en todo el continente los partidos comunistas. Esta estrategia era utilizada para decir que debía ser mantenida la legalidad en Chile, y que no si debía provocar la derecha para seguir avanzando por un curso institucionalidad. Este camino, escogido principalmente por el Partido comunista si demostró ser bien equivocado.

La situación actual de Chile y todo el continente es diferente. Estamos en otro nivel, lejos de una situación revolucionaría en Brasil y en el continente. Pero ellas vendrán y tenemos que sacar lecciones de la tragedia chilena para que no se repita.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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