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¿Por qué luchan los estudiantes en México?

El 27 de agosto de 2018 la comunidad estudiantil de Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) plantel Azcapotzalco -uno de los 15 bachilleratos de la UNAM- decidió mediante una asamblea tomar las instalaciones e iniciar un paro, decisión tomada por diversas problemáticas entre las que destacan falta de profesores, ataques impunes de grupos porriles y decisiones autoritarias por parte de la dirección del colegio.

Días después, el día 2 de septiembre, en el Estado de México fue encontrada calcinada Marcia Miranda, una estudiante de CCH Oriente, esta noticia tuvo un gran impacto ya que en México diariamente son asesinadas 7 mujeres, sin embargo la condición de ser mujer joven aumenta exponencialmente la posibilidad de ser víctima de feminicidio. A pesar de tan estremecedor suceso la universidad no dijo nada al respecto.

Es por ello que ante la lamentable noticia del feminicidio de Marcia se convocó a una manifestación el 3 de agosto, la cual concluyó en el edificio de rectoría de la UNAM, en ciudad universitaria (C.U). En dicho acto se encontraban miembros de la familia de Marcia, pero también familiares de las víctimas de otros feminicidios como la madre de Lesvy Berlín -víctima de feminicidio dentro de las instalaciones de C.U-, miembros de la familia de Mariela Vanessa -estudiante de lengua y literatura hispánica desaparecida desde abril de 2018-. Además esta manifestación serviría para seguir visibilizando las demandas estudiantiles de los compañeros de CCH Azcapotzalco.

Mientras se llevaba a cabo el mitin nuevamente un grupo de aproximadamente 50 porros irrumpió golpeando con palos, tubos, bombas molotov y piedras a los participantes. La manifestación se diluyó, intentando poner a salvo a las madres de las víctimas pero también intentando salvaguardar la integridad de todos los presentes, sin embargo los porros cumplían su misión: romper con la manifestación, valiéndose de la violencia extrema para lograrlo. Hubo varios estudiantes heridos pero, dos de ellos fueron hospitalizados, uno de los cuales perdió parte de la oreja y fue acuchillado en el riñón.

Es importante decir que los grupos porriles son grupos de choque formados en su mayoría por estudiantes de las mismas universidades pero dirigidos por personas externas a las escuelas; suele existir un grupo porril por cada escuela o plantel. Estos grupos de choque son usados por los directivos de las instituciones y por figuras políticas de los partidos del régimen para amedrentar a los estudiantes organizados por causas sociales. Estos mismos grupos son organizados desde la década de los 70 para los mismos fines y tienen un listado enorme de estudiantes heridos y muertos.

La gota que derramó el vaso

El ataque a la manifestación del 3 de septiembre fue la gota que derramó el vaso en el descontento de la comunidad universitaria donde la inseguridad, la violencia de género, la impunidad, la criminalización del consumo de drogas y la falta de presupuesto son solamente algunos de los puntos que destacan entre las demandas e inconformidades que tienen los estudiantes y que se discuten hoy en las asambleas.

La manera en que se hizo visible el descontento de la comunidad universitaria fue mediante asambleas en las cuales participaron miles de estudiante, mediante ellas se impulsó el paro de actividades en 41 planteles de la UNAM y otras universidades solidarias con las demandas, como el IPN (Instituto Politécnico Nacional), la UPN (la Universidad Pedagógica Nacional), así como Universidades de otras regiones del país.

La primera convocatoria pública fue el 5 de septiembre con una marcha al interior de Ciudad Universitaria. Esta impresionante marcha recorrió gran parte de las instalaciones y terminó en rectoría, mismo lugar donde fue el ataque del día 3, pero en esta ocasión eran miles, se habla de más de 30 mil estudiantes, académicos y trabajadores, dejando un mensaje claro: la comunidad universitaria no permitirá más violencia contra sus estudiantes.

En el nuevo panorama político donde se cuestiona por parte grandes sectores de la población los pilares de las políticas neoliberales aplicadas por 40 años, esta movilización estudiantil pone ritmo a la lucha contra un régimen descompuesto y moribundo y advierte al nuevo gobierno entrante que las nuevas generaciones seguirán en las calles para arrancar derechos y cambiar de fondo al país.

En los próximos días se decidirá en cada escuela las demandas que el movimiento en su conjunto tomará para continuar la lucha y la forma de exigir su cumplimiento, por el momento se ha destapado la rabia de la juventud universitaria, que tiene tras de sí las experiencias del #YoSoy132, de la lucha por la aparición con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la lucha por la educación pública. Los aires de cambio son respaldados por una nueva generación de universitarios que quieren reconstruir un país profundamente herido por la violencia, la impunidad y las políticas neoliberales.

 

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