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El crecimiento de Bolsonaro y cómo pararlo

El domingo 7 de octubre las elecciones a presidente consolidaron la disputa para el segundo turno entre Jair Bolsonaro, con 46% de los votos, y Fernando Haddad, con 29,3%. Las encuestas realizadas desde entonces hasta ahora que estamos editando este texto indican que Bolsonaro tiene el 59% de los votos válidos y Haddad 41%.

La elección representó un salto en la crisis política nacional. Un verdadero terremoto, que inclinó la elección nacional para la extrema-derecha, cambiando la balanza electoral en el ámbito parlamentario y en las disputas de los gobiernos estatales.

El gran resultado de Bolsonaro, que se aproximó en algunos momentos del escrutinio de una victoria en el primero turno; el vacío de los partidos de la derecha tradicional, cuyo espacio fue ocupado por el grupo elegido por el PSL (Partido de Bolsonaro) que será el segundo mayor de la próxima legislatura. El desempeño sorprendente de candidatos a gobernadores de Romeu Zema (NOVO) en Minas Gerais y de Wilson Witzel (PSC) en Rio de Janeiro, apoyadores de Bolsonaro que alcanzaron el primer lugar en la disputa por los gobiernos de estos estados con más del 40% de los votos, son datos elocuentes de este Tsunami electoral.

Al mismo tiempo, los resultados oriundos del Nordeste, con su pueblo combativo y resistente, muestran que es posible ganar tiempo y esperanza. Fue por poco, pero habrá una nueva disputa en el segundo turno: todavía queda una lucha por adelante.

El día siguiente después de la elección fue marcado por una fuerte polarización. Seguidores de Bolsonaro hicieron un llamamiento a la violencia para generar el miedo y para parar el movimiento crítico que se multiplicó. El asesinato cobarde del maestro de capoeira Moa do Katendê en Salvador y las más de 50 ocurrencias policiales de provocaciones son un salto en la escalada de violencia de los sectores neofascistas.

La polarización también corta y divide al país. La Iglesia Universal y todo su aparato mediático subieron el tono contra Haddad. Por otro lado, el Grupo Globo, por medio de sus periodistas y en algunas piezas, como la novela juvenil Malhação, se ha posicionado de una forma crítica a las posiciones más extremas del ex Capitán, aparte de denunciar en sus informativos la muerte del maestro de capoeira.

Del lado de la resistencia, también se mueven importantes actores: asambleas en varias universidades del país, y manifestaciones como la que hubo en Porto Alegre en vísperas de un festivo, con 15 mil personas, señalaron la disposición de la lucha. En Rio de Janeiro, el domingo 14/10, se organizó un acto en Cinelândia en el centro que reunió a millares de personas para recoger placas en homenaje a Marielle Franco y esparcir su ejemplo por toda la ciudad.

Se ha formado un gran movimiento democrático contra Bolsonaro de características espontaneas muy activo. En las dos semanas transcurridas luego del primer turno el país se está polarizando y también politizando. El pueblo pobre, la clase obrera, el movimiento negro de las favelas está reaccionando. Están aprendiendo rápidamente lo que significa este proto fascismo. Y se gane o se pierda en el domingo 28, ya este es un hecho objetivo de la sociedad brasilera. Similar a lo que ocurrió en los Estados Unidos luego del triunfo de Trump, donde un amplio sector de la población abrió los ojos, comenzó un proceso de politización y como oposición a la derecha dura de Trump hizo crecer nuevas figuras progresistas que abrazaron la bandera del socialismo.

Este texto entra en algunas cuestiones de balance de porque llegamos a esta situación. Pero este no es su eje; son apenas herramientas preliminares de balance necesarias para afinar la lucha entablada para el segundo turno. Más adelante tendremos con toda la izquierda socialista, el deber de una reflexión más detenida rente a los escenarios que se formen a partir del resultado del segundo turno.

Estamos frente a una contradicción o desigualdad objetiva que impone muchas readecuaciones a la nueva izquierda. Si de un lado hay un tsunami derechista, por el otro, el PSOL salió victorioso. Duplicó el número de parlamentarios y superó la causa restrictiva de barrera con la que la burguesía sacó a numerosos partidos de la posibilidad de recibir fondo partidario del dinero público y tener espacio televisivo.

El PSOL se colocó entre los partidos más votados del país para el Congreso. Sin embargo, no podemos perder sentido de las proporciones para actuar en esta batalla entablada en el segundo turno. La lucha política requiere la comprensión de las razones por las cuales la extrema derecha organizada alrededor de Bolsonaro pudo crecer. También las posibilidades de que el movimiento democrático se organice para enfrentar y derrotar en las urnas y en las calles a Bolsonaro y a su proyecto proto fascista del cierre del régimen político, combatir a las libertades y a la guerra económica contra el pueblo.

Estamos en una hora grave y de lucha en Brasil: es difícil, ¡pero no imposible de vencer!

El desmoronamiento de la Nueva República y el cambio reaccionario en curso en el régimen político

La ascensión de la extrema derecha, materializada en la votación de Bolsonaro y en la subida del partido a través del cual se presenta a elecciones (PSL), de 1 para 52 diputados, sucedió en el marco de un verdadero terremoto político. La Nueva República surgida de la constitución de 1988 se está destruyendo. Los números hablan por sí solos. Los principales partidos del régimen recibieron una paliza en las urnas. El MDB de Michel Temer salió liquidado, pasó de 66 para 34 diputados. No se eligieron figuras importantes como Romero Jucá, (presidente del partido) y Eunício Oliveira, (presidente del Senado) entre otros sus caciques. La renovación del parlamento fue la mayor des pues que se inició la Nueva república con 47,3% en la Congreso de los Diputados, y 87% en el Senado. De los 32 senadores que fueron a la reelección, apenas 8 lo lograron. Si bien el número de votos nulos cayó la abstención fue alta. Casi un tercio de los electores (27,32% más de 40 millones de personas) no votaron.

El PSDB, que presidió con los dos primeros mandatos de Fernando Henrique Cardoso a los gobiernos petistas, también sufrió un castigo. Alckmin, candidato favorito de los sectores tradicionales de la burguesía, fue deshidratado. El partido cayó del tercer mayor grupo parlamentario para apenas el noveno, pasando de 54 para 29 diputados federales. El día siguiente de las elecciones fue marcado por una verdadera guerra civil en este partido. Pedidos de expulsión de dirigentes históricos y un cruce de acusaciones abrieron una lucha feroz que coloca en riesgo la propia existencia del partido. Figuras y candidatos importantes llamaron solapada o abiertamente al voto por Bolsonaro.

El sentido de la renovación, de luchar “contra todo lo que está ahí”, fue monopolizado por la extrema derecha, con una asociación entre candidatos militares, los grandes propietarios de tierras y el ala más fundamentalista de las iglesias evangélicas.

Hay un cambio reaccionario en curso en el régimen. Mismo con las limitaciones de la Carta de 1988, el voto al PT en el segundo turno tiene el sentido también de la defensa de sus marcos generales contra la tentativa de retirar su contenido más avanzado, llevándolo para un ambiente más autoritario.

Petistas, el PSDB y el MDB fueron quienes garantizaron la estabilidad de la Nueva República en las últimas décadas. Su crisis y ocaso muestran la dimensión de la crisis del régimen y la reorganización de las coordenadas de la disputa política de aquí para el frente. El cambio de la calidad del régimen en Brasil impone para la izquierda la necesidad de rediscutir su orientación y pensar sobre la necesidad de una reorganización. La tarea de la construcción de una alternativa de izquierda anticapitalista y antirregimen se vuelve aún más importante.

El resultado del PSOL que dobló su grupo en el Congreso y en las Asambleas de los Estados y que fue capaz de superar la cláusula de barrera, apunta la enorme responsabilidad del partido en la defensa del voto en Haddad y Manuela, compromiso que ya firmamos en los días siguientes al 07/10. Delante de un escenario tan preocupante, el voto de las mujeres y de los negros es un aspecto muy positivo y un punto de apoyo en una coyuntura regresiva.

Elementos de balance de porque se llegó a esta situación

Para precisar más y mejor el tsunami que surgió el domingo, necesitamos entender por un lado la naturaleza reaccionaria de parcelas de la burguesía y el giro a la derecha de un sector importante de la clase media esto siempre ocurre cuando no hay un polo fuerte o una alternativa por la izquierda. Lo que explica también porque hubo un voto anti-PT en los sectores populares. Y aquí hay que considerar la gran deformación o trasformación que vivió el PT en el poder y como su dirección transformó al partido en un aparato estatal que gobernó al servicio de la burguesía, en especial las agroindustrias, las mega constructoras y los banqueros. También como en ese proceso su aparato cometió gravísimos casos de corrupción inocultables. Conductas políticas que significaron una felonía a su programa y a las aspiraciones de los trabajadores y el pueblo pobre.

La irrupción del pueblo en junio del 2013 durante el gobierno de Dilma fue un síntoma del mal estar social, que apelaba con la movilización por cambios profundos. El pueblo salió multitudinariamente a las calles pidiendo dinero para la salud y educación en lugar de los gastos en las mega obras inútiles de la copa del Mundo de Futbol. A la defensiva, Dilma llegó a levantar tímidamente una propuesta de un referéndum por una Constituyente para reformar el sistema político, retirada en seguida frente a las amenazas de Temer y del MDB.

Las elecciones del 2014 en donde Dilma se presentó a la reelección se dieron en un marco polarizado. El PT hizo un discurso de defensa populista amenazando incluso a los banqueros. Pero una vez ganada la elección llevó a un representante de estos, Joaquim Levy para comenzar un plan de ajuste. Este “estelionato” (mentira electoral), y la crisis económica que ya había comenzado durante el primer gobierno de Dilma, pero que permanecía semioculta, fueron las bases materiales para el giro a la derecha que la clase media protagonizó en los actos que caracterizamos como “simulacro” en el 2015/16. Esta onda de protestos dirigida por sectores derechistas llevó al PSDB y al MDB, bajo la dirección de Cunha, al golpe parlamentario que apeó al PT del poder y llevó al desastre de Temer.

Sin embargo, en 2017 mostro una importante reacción del movimiento de masas; una corta coyuntura de resistencia contra el ajuste y la corrupción. Las revelaciones de la JBS (la mayor empresa de producción de carnes del mundo), casi llevó a la caída de Temer. Se derrotó a Reforma de las Pensiones y hubo una fuerte huelga general y una gran movilización que desbordó en Brasilia. En aquel contexto, Lula y las principales direcciones de las centrales sindicales levantaron una huelga general que podría haber dado continuidad a este proceso. Apostaron por calmar el escenario, garantizar la gobernabilidad de Temer y llevar la lucha para el terreno electoral.

De allí en adelante, la historia es conocida: se debilita la capacidad de resistencia. Lula fue preso. La huelga de los camioneros fue un episodio de la energía social liberada, pero ya muy influenciada por las redes de Bolsonaro y sus satélites.

En el medio tuvimos el asesinato de Marielle – una violenta demostración de fuerza contra las luchas democráticas en general y, en particular, contra la lucha de las mujeres, de la negritud y del PSOL. Una enorme pérdida que trasformó a Marielle en un icono y símbolo para el pueblo pobre. Sembró, y aparecieron muchas otras nuevas Marielles.

La base para el ascenso de Bolsonaro también está en la ausencia de una ruptura histórica con la dictadura. La salida negociada permitió el mantenimiento del aparato militar intacto al contrario de otros países vecinos en los cuales los militares fueron para el banco de los reos. Esta es la explicación de la fuerza que aún tienen los cuarteles, el papel que cumple la policía militar y la existencia de milicias que cohabitan con las Policías Militares. Como escribió Vladimir Safatle, “son ésos los fantasmas que vuelven a asombrarnos”. Los homenajes de Bolsonaro al torturador Brillante Ustra en la votación del impeachment no dejan lugar a dudas.

Fueron entonces muchas oportunidades perdidas y muchas capitulaciones para que al final la extrema-derecha liderada por Bolsonaro, siempre visto como un bufón repugnante, pudiese presentarse como alternativa a un régimen inválido, liquidado por la crisis y por la actuación de la Lava Jato.

¿Qué está por detrás de Bolsonaro?

La fuerte votación del candidato del PSL en el primer turno se concentra sobre todo en dos parcelas de la sociedad brasileña: de un lado, están la pequeña-burguesía y la clase media tradicional, que se desplazaron mayoritariamente a la derecha en particular durante y después las manifestaciones de 2015/16; de otro, hay un grande y disperso voto popular antirregimen, marcado por la indignación con la crisis económica, el desempleo, la corrupción de los principales partidos burgueses y del PT y por la confusión ideológica. En general, se concentra en el primer grupo el apoyo más activo y militante a Bolsonaro. Hay un segundo sector que da un apoyo pasivo y difuso, un sector que incluso pasó del voto a Lula a Bolsonaro.

La movilización pro Bolsonaro fue fuertemente marcada por el uso de las redes sociales, en particular el WhatsApp. El atentado a Bolsonaro aportó para aumentar su exposición para los medios tradicionales y para “normalizar” su figura. Al mismo tiempo, el apoyo de iglesias evangélicas – en particular el conglomerado religioso, político y mediático de Edir Macedo – amplió lo alcance de las posiciones del candidato del PSL.

La prisión de Lula, que permaneció en la precampaña en el liderazgo de las encuestas, ayudó a lanzar confusión en sectores populares, que pasaron a votar en Bolsonaro como segunda opción, dada la ausencia de su opción prioritaria del expresidente. En ese sentido, es importante recordar que Fernando Haddad lidera entre electores que ganan hasta dos salarios mínimos, preservando parte de la base lulista, pero pierde en todos los demás.

Bolsonaro se apoya en el agronegocio, sobre todo en su sector más transnacionalizado, vinculado al comercio exterior y a la relación con las corporaciones globales químicas, de semillas y fertilizantes. A los pocos, también comienzan a si manifestar ejecutivos de los bancos y fondos de inversión nacionales y extranjeras a favor del programa económico de Bolsonaro, coordinado por el especulador billonario Paulo Guedes, un Chicago boy gestor de fondos de inversión que trabajó en proximidad con los economistas ultraliberales de la dictadura chilena de Pinochet.

Guedes organiza el programa proimperialista vocalizado por Bolsonaro, que ya batió honores a la bandera de Estados Unidos y le gusta elogiar Donald Trump. Su política externa ataría la brasileña, aproximando el país de Israel, con el cambio de la embajada para Jerusalén, y de la Corea del Sur. Como reveló la prensa, su equipo está siendo compuesta por grandes ejecutivos del capital financiero, como María Sílvia Marques (Goldmam Sachs), Roberto Campos Neto y Sergio Eraldo de Salles Pinto (Bozano Inversiones). El dirigente ruralista Nabhan García, es uno de los principales ejes de un futuro gobierno, defendiendo el armamento de los terratenientes.

Haddad, Ciro y las alternativas de oposición a la extrema-derecha

Más de un tercio de los electores que fueron a las urnas depositaron su esperanza en alternativas de oposición de izquierda al gobierno Temer. Además del voto en Haddad, Ciro recibió 12,47% de los votos.

La decisión del régimen de mantener a Lula apartado fue importante para la victoria de Bolsonaro. Lula aún podría ser escogido por la mayoría del pueblo. El impedimento de Lula fue la expresión del carácter farsesco del proceso electoral. Un proceso manejado que distorsionó la voluntad popular. Eso también debe relativizar la visión de que el pueblo fue para extrema-derecha.

A pesar de su política de colaboración con la burguesía que traicionó los intereses históricos del proletariado, opuesto a los intereses burgueses, el PT pudo mantenerse como la mayor bancada de la Cámara de los Diputados. También ganó 3 gobiernos estatales y puede ganar un cuarto en lo según turno. Al persistir la ausencia de política global y alternativa por parte del PSOL, el PT tiende a liderar la oposición en el terreno parlamentario en una eventual victoria de Bolsonaro.

Ahora bien, estamos en una situación difícil porque no se pudo hasta ahora construir un amplio frente electoral democrático para el segundo turno. La línea hegemonista de Lula y el PT puso dificultades y debilitó el diálogo con quien está contra Bolsonaro, pero no quiere colocarse en el espectro petista. La falta de una autocrítica de Lula y de la dirección del PT llevó a alejar Ciro de un empeño militante en lo segundo turno, aun cuando haya tenido una votación amplia de los sectores democráticos.

El desempeño del PSOL lo revalida como proyecto estratégico

El PSOL rompió la cláusula prescriptiva de la ley Cunha que establecía que para tener acceso al fondo partidario y la TV había que tener el 1,5% de los votos en como mínimo 9 estados y nueve diputados electos. Conquistó una victoria electoral en el marco del fortalecimiento de la extrema-derecha. Con casi 3% de los votos, el partido eligió 10 diputados federales (de los cuales, 5 mujeres) y 18 diputados estatales. El PSOL superó máquinas electorales consagradas, como el PTB y el Solidaridad, llegando a los 2.783.669 votos, conquistados en una lucha en condiciones desiguales, con menores recursos del fondo electoral y tiempo de televisión.

La responsabilidad del PSOL, por tanto, aumentó. Los mandatos y los votos del PSOL serán trincheras de lucha. El PSOL se revalida como proyecto estratégico. Independientemente de los resultados de lo segundo turno, el partido tendrá un papel fundamental a cumplir en una coyuntura de agudización de la lucha de clases en las calles y de grande polarización con la extrema-derecha en el Parlamento.

La nueva bancada federal es muy fuerte y representativa, ya que reúne la fuerza de los nuevos movimientos de renovación protagonizados por las mujeres y por la negritud – factor ya anticipado por Marielle Franco, cuyo legado llevó a elegir tres de sus asesoras directas. Por tanto, en ámbito nacional el PSOL reunirá la fuerza de renovación expresas en los resultados de Sâmia Bomfim, Talíria Petrone, Fernanda Melchionna y Áurea Carolina y la representatividad y la experiencia de nombres como Marcelo Freixo, Luiza Erundina, Ivan Valiente, Glauber Braga, Jean Wyllys y Edimilson Rodrigues. Tal fuerza ya estará puesta a prueba en la lucha de lo segundo turno, en que el partido colocó correctamente sus fuerzas a servicio de la derrota de Bolsonaro con la campaña por Haddad 13.

Sin embargo, esta lucha unitaria no puede nos hacer cegar para una realidad evidente: la izquierda crítica al PT perdió oportunidades para convertirse en un polo anticapitalista y antirregimen con gran audiencia nacional. Desgraciadamente el PSOL fue débil en los momentos más decisivos, al no adoptar una posición independiente del PT, lo que impidió que surgiese una alternativa a la izquierda con peso de masas.

Esta ausencia cobra su precio cuando fracciones de la clase trabajadora, de las masas populares y de la pequeña-burguesía, que podrían ser convencidas por nuestras políticas, se engañan por una liquidación reaccionaria del régimen de la Nueva República. En las elecciones, de modo muy distorsionado, el espacio existente para esta alternativa terminó siendo en su gran mayoría ocupado por Ciro Gomes.

El PSOL tuvo una campaña presidencial débil pero el crecimiento de sus bancadas federales y estaduales reveló justamente la fuerza que una política independiente y pegada al movimiento democrático puede tener: fue cuando nuestras candidaturas en todo el país se ligaron a la fuerza del movimiento de mujeres, al movimiento negro y a las movilizaciones por el “#EleNão”. Lo comprueban los resultados expresivos de Sâmia Bomfim, Talíria Petrone, Fernanda Melchionna y Áurea Carolina en la bancada federal, además de las varias compañeras electas para las bancadas estaduales. Si no fuese por Las corrientes de perfil más anticapitalistas aportaron resultados victoriosos del PSOL para la Cámara: Sâmia Bomfim, con sus casi 250 mil votos, alcanzó la mayor votación de la historia del PSOL en São Paulo y fue la diputada más votada de la izquierda en el estado, la 16ª parlamentar federal más votada de Brasil. Fernanda Melchionna, por su vez, fue la mujer con mayor votación para diputada federal en Rio Grande do Sul. Talíria Petrone que encarna el legado de Marielle fue la segunda más votada del PSOL en Rio de Janeiro, donde a su vez fueron electas tres compañeras disputadas estatales vinculadas con el mandato de Marielle Franco. Luciana Genro fue la diputada estatal más votada en Porto Alegre.

Con los diputados en la Cámara federal, tendremos una trinchera de resistencia, un punto de apoyo a las luchas que se desarrollarán delante de la intensidad de los ataques que la burguesía planea contra el pueblo trabajador brasileño.

Derrotar a Bolsonaro en las urnas y en las calles

Es hora de lucha para impedir que el proto fascismo de Bolsonaro venza. El aluvión de votos hacia este candidato es muy grande, pero podemos impedir su tentativa de organizar una guerra económica y una dictadura contra el pueblo. Votamos en Haddad 13, manteniendo nuestra independencia y nuestra iniciativa política, en acciones de unidad en defensa de la democracia con todas las fuerzas políticas, sectores sociales y personalidades que están a favor de defender las conquistas democráticas de la Constitución de 1988 delante del riesgo de un cambio reaccionario de régimen.

Existe espacio en los barrios populares para cambiar el voto confuso de un sector del pueblo para el proto fascista. Las numerosas actividades que se están organizando en los barrios y en la disputa casa a casa es posible todavía. Un ejemplo de las numerosas iniciativas son las numerosas aulas públicas que la red Emancipa de Cursos Populares está organizando.

El PSOL está colocando su fuerza y la de sus parlamentarios en esa lucha, movilizando comités de base contra Bolsonaro y en defensa de la democracia. El movimiento de mujeres, que fue vanguardia en la lucha contra Bolsonaro en el primer turno, ya convocó una nueva fecha nacional de movilizaciones para el próximo día 20/10. Además de esta iniciativa más centralizada se están estimulando nuevas iniciativas de la campaña por el “#ÉleNão” y por el voto 13 contra Bolsonaro. La juventud ya ha dado pasos importantes movilizando grandes asambleas en las Universidades. Y cuanto más seamos capaces de penetrar esa lucha en los locales de trabajo, estudio, vivienda y en las redes sociales, mayores serán nuestras chances de derrotar a Bolsonaro. Si termina ganando, tendremos una trinchera de resistencia fuerte y aguerrida. Ésta es también una movilización en defensa de Brasil, de las conquistas democráticas del pueblo, de los derechos de los trabajadores, de nuestras riquezas naturales y del patrimonio nacional contra las embestidas de rapiña de la burguesía, de los grupos de choque fascistas que orbitam la familia Bolsonaro, de los corruptos de los partidos del llamado “centrão”, de las bancadas ruralista y del fundamentalismo, que cierran filas en torno al candidato del PSL y del imperialismo para imponer a Brasil violencia y guerra económica. ¡No vamos a permitir! ¡Es posible vencer!

La suerte del PSOL y de los socialistas brasileños está fuertemente ligada a la capacidad de resistencia del pueblo. En esto confiamos y apostamos nuestras mejores energías.

“#EleNão”!

¡Dictadura nunca más!

¡Bolsonaro quiere vender Brasil y acabar con nuestros derechos!

¡Bolsonaro es más violencia y corrupción!

¡En el segundo turno, votemos Haddad y Manuela 13!

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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