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Como resistiremos al nuevo gobierno de Bolsonaro

Texto de la dirección del MES traducido y editado para Portal de la Izquierda en Movimiento por Pedro Fuentes

 

La victoria de Jair Bolsonaro es un cambio; representa un salto de calidad, un nuevo tipo de régimen, aún en transición, con mayores restricciones de libertades democráticas, un ajuste más severo y una desnacionalización de la economía. El país dio un giro hacia la extrema-derecha, que tendrá impactos en todo el América Latina.

El resultado electoral significó un terremoto político de larga escala en la vida política y social brasileña. Las primeras declaraciones del equipo de gobierno electo llevan incertidumbres delante de la nueva situación abierta con la victoria de Jair Bolsonaro el 28 de octubre.

Es preciso examinar el conjunto de los datos para entender el sentido profundo del proceso electoral. La polarización dividió Brasil. Bolsonaro venció con 57,7 millones de votos de un universo de 140 millones de electores, qué suma cerca del 39% del total de electores aptos. Su partido, el PSL, eligió 52 diputados, número que debe ascender con futuras adhesiones y fusiones vinculadas a partidos de derecha que no alcanzaron pasar la cláusula de barrera 9 diputados y más del 1,5% de los votos válidos. Eligió también 4 senadores y los gobernadores de Santa Catarina, Rio de Janeiro y Roraima. Tales estados fueron los que dieron índices más altos para Bolsonaro.

Haddad sumó en lo segundo turno 47 millones de votos, venciendo en todos los estados del Nordeste. En esa región, todos los gobernadores electos son aliñados con el antiguo campo de apoyo a los gobiernos Lula y Dilma. Pero la victoria de la extrema-derecha se consolidó en el Sudeste, Minas Gerais, São Paulo y Rio de Janeiro , los tres estados más grandes del país, donde sus aliados Doria, Zema y Witzel ganaron con holgura en el segundo turno. Y se repitió en los tres estados del Sur, Santa Catarina y Paraná como en todo el centro oeste ruralista.

El elemento contradictorio de la nueva situación que sirve de núcleo central para la resistencia es la enorme politización del movimiento democrático que se amplió en los últimos quince días de la campaña del segundo turno. Eso hizo con que, en las grandes ciudades, el espacio de Bolsonaro fuese contestado. Como mostraron las pesquisas electorales en lo según turno, la polarización elevada llevó a un impase político en las mayores ciudades, en las cuales la mayoría de las mujeres votó contra Bolsonaro. Ese número llegó a 59% si consideramos los votos de las jóvenes mujeres. Entre los más pobres, según las mismas pesquisas, Bolsonaro también perdió. Entre negros, LGBTs y jóvenes también los índices contrarían la victoria de Bolsonaro. Ese poderoso activo es que debe ser identificado como dinámico en el proceso de la resistencia.

El bolsonarismo, como fue el fascismo en las décadas del 20 y 30, es producto de una profunda crisis en el sistema y la ausencia de una alternativa de izquierda a esa crisis. Las masas siguen un caudillo autoritario cuando han sido desmoralizadas o desmotivadas por una dirección de izquierda o de clase que comete gruesos errores o traiciones. Es entonces que ocurre la desesperación de sectores populares y medios los lleva a la derecha y la gran burguesía se torna partidaria de una salida ajena a la democracia burguesa clásica. Entonces la clase trabajadora se desilusiona, pierde confianza. En Brasil ocurrió eso. El PT sufrió una profunda trasformación; de partido independiente se volvió, como lo fue la socialdemocracia europea en social liberal. Gobernó para la gran burguesía haciendo, gracias a la situación económica favorable que vivió el país por la suba de los precios de materias primas, concesiones a los sectores más pobres. empobrecidos. Fue esa traición histórica del PT y sus recurrentes políticas erradas que crearon condiciones para el golpe parlamentario y luego a la emergencia de Bolsonaro.

La nueva e inédita situación exige una reubicación del conjunto de la izquierda socialista para intervenir en la realidad y debatir la construcción de una alternativa para los combates inmediatos de la clase trabajadora, de la juventud y de las mujeres. Nuestra batalla política con el PSOL tendrá este sentido. En este documento, queremos apuntar trazos fundamentales para la discusión del balance electoral y de las primeras perspectivas.

 

Una situación reaccionaria, defensiva, con rasgos aún no definidos

Estamos delante de una situación reaccionaria. La elección de Bolsonaro, acompañada del avance institucional de sus partidarios y aliados, apunta que estamos transitando para un nuevo régimen, que ya no responde al pacto de 1988, pero de lo cual aún no sabemos cuáles serán las determinaciones más generales. En la política internacional se alinea con Trump y Ogan. Su ideólogo es el mismo del de Trump; Steve Bannon. Está contra los acuerdos de regulación ambiental y también es machista y racista. Bolsonaro como Trump tiene genes fascistas. Pero una cosa es el genotipo y otra el fenotipo. En palabras políticas sería lo que piensa y lo que puede hacer en la realidad que depende de muchos factores además de los que él piensa. Su gobierno todavía no se probó en la realidad, no asumió. Lo que si es cierto que la relación de fuerzas se volvió desfavorable, se perdió una batalla que hace que la reacción gane terreno y posiciones, pero no se perdió la guerra.

La crisis política del régimen de la Nueva República echa el péndulo político para la derecha.

 

Del 2011 al 2017 e péndulo oscilo varias veces a la izquierda antes de terminar a la derecha

La situación abierta con las huelgas y el malestar social de 2011, potenció una experiencia con la política social liberal de los gobiernos del PT, y ganó un salto de calidad con la irrupción de la juventud y sectores populares en las jornadas de junio de 2013. El pueblo salió a la calle por más derechos. En concreto una movilización reprimida conjuntamente por el intendente paulista Haddad y el gobernador Alckmin (por casualidad los dos candidatos en las elecciones nacionales del 2018 por el PT y PSDB), contra el aumento de transporte público generó una revuelta nacional que pedía más dinero para salud y educación ante los mega estadios y mega construcciones inútiles de la Copa del Mundo. Tomando las calles (como había sucedido ya anteriormente en otros lugares del mundo (España, plaza Taksim en Turquia) el pueblo pedía también más democracia directa.

El régimen de la Nueva Republica post dictadura militar basado en la constitución del 1988 sufría un golpe que lo colapsaba. Se estaban abriendo elementos de una situación pre revolucionaria, se podría decir que se vivía una nueva situación transitoria. El PT con ya diez años de gobierno que lo convirtieron en una estructura adaptada a ese régimen que crujía, no dio ningún paso en el sentido de lo que pedían las masas. Dilma amagó con la convocatoria de una asamblea constituyente, pero fueron solo amagues, estaba muy atada al régimen y la clase dominante que por supuesto no lo veía como salida. Temer exigió la liquidación de la propuesta, mismo mediada, de Asamblea Constituyente que llegó a ser levantada por Dilma. La Red Globo buscó desviar el foco de la protesta, separando el “ala radical” para normalizar las calles del país.

Entre 2013- 2015, hubo varios ejemplos de acción independiente de masas. El número de huelgas se multiplicó, llegando a los más altos de la historia del país. Huelgas fuertes, como la de los choferes de ómnibus de Porto Alegre y la de los recolectores de basura de Rio y el ABC Paulista, contagiaron las categorías. La politización colocó el tema de la democracia directa; el rechazo a la corrupción que ya había aparecido con el “mensalão” petista en el 2006 reaparecía nuevamente. Los movimientos de vivienda se fortalecieron en los grandes centros urbanos con destaque para el MTST en São Paulo.

La mano pesada de la represión paró las protestas con la utilización de la Fuerza Nacional, la aprobación de la “ley antiterrorista” y la operación conjunta entre el gobierno Dilma y los gobiernos estaduales durante la Copa. La dimisión de más de 50 activistas del Metro de São Paulo en la gran huelga de la categoría a las vísperas de la Copa del Mundo marcó ese escenario. La armazón de la Red Globo para criminalizar las calles por la muerte del reportero de TV Santiago, ya en 2015, fue una inflexión en las protestas de calle.

Dilma, en las elecciones del 2014, tuvo su última advertencia. El PT ya empezaba a recibir una votación de castigo en los grandes centros urbanos y en los estados donde gobernaba. El apelo de un discurso más a la izquierda en el segundo turno luego se trasformó en una nueva frustración. Después de la victoria apretada del PT (Con Michael Temer como vice), Dilma aplicó un ajuste económico nombrando al banquero Joaquim Levy como ministro de Economía.

El descontento que explotó en el 2013 sacudió todo el “sistema político” a lo que sumó luego la crisis económica que avanzó luego a una profunda recesión nunca antes vista. Al mismo tiempo, los escándalos de corrupción desnudaban el mecanismo de asociación de toda la casta, de la “izquierda” a la “derecha”, envolviendo PT, PMDB, PSDB, PP y las siglas menores asociadas a la Nueva República.

La falta de una dirección centralizada con autoridad y de un programa costó caro para Junio. Ésta fue su debilidad principal, sumada al hecho de que la clase trabajadora como tal no participó activamente a pesar del apoyo pasivo a la juventud que unía las capas medias a sus sectores más precarizados.

Las manifestaciones reaccionarias con base en la clase media, impulsadas por el MBL y otros sectores de la derecha del 2015 fueron a respuesta de la derecha a la crisis del régimen. Definimos en aquella época que era un como un “simulacro” de las Jornadas de Junio. La derecha comenzaba su disputa también en el terreno que marcó la hegemonía del campo progresista hasta entonces: de las manifestaciones de calles y en las redes sociales.

Tales manifestaciones fueron el sostén para el golpe palaciego que en la forma de impeachment parlamentario sacó Dilma para colocar su enemigo íntimo, Michel Temer. Un fusible a ser quemado en el plan de la burguesía conocido como “Puente para el futuro”.

El cambio de coyuntura cerró la hipótesis de una situación pre-revolucionaria. Sin embargo, dejó márgenes para importantes acciones del movimiento de masa, como la ola de ocupaciones de escuela, el ciclo de luchas de 2017 que se inició con el 8 de marzo y tuvo su ápice en la huelga general de abril y en la gran ocupación de Brasilia contra a reforma de las jubilaciones. Este proceso que abría una nueva oscilación del péndulo hacia la izquierda fue parado por el vaciamiento de la nueva huelga general de 30 de junio, por las direcciones burocráticas de los sindicatos y la dirección del PT.

La estrategia que Lula y la dirección del PT utilizaron para contestar a ese corto ciclo de luchas fue desviar a acción para la defensa de Lula y garantizar el desgaste del gobierno para postularse en la elección de 2018. Una estrategia que organizó derrotas.

La polémica real de 2016 no era sobre quien estaba contra o a favor del impeachment; todo la izquierda teníamos una posición contraria al golpe parlamentario. Lo que estaba en cuestión era se había ocurrido un cambio en el régimen político, si era legítima una comparación con el golpe de 1964, como hacían el PT y sus aliados, qué evidentemente no aconteció.

El alarmismo de los sectores del PT y de sus satélites desarmó la vanguardia para los enfrentamientos duros que tenemos y tendremos por la frente. El gobierno Temer, producto de ese golpe parlamentario profundizó la sangría de la Nueva República. Una salida como “elecciones generales” – si era tomada por el conjunto de los sectores progresistas – tendría un impacto movilizador capaz de detener la amalgama que comenzaba a si formar alrededor de salidas más autoritarias y mesiánicas. “Que se quede Dilma” no caló en las masas. Por eso las movilizaciones contra el impeachment no alcanzaron más que a un sector de vanguardia. Una vez más la dirección del PT y el lulismo escogieron defender sus propios intereses de aparato al revés de apostar en la movilización popular.

El resultado de las elecciones municipales en 2016 ya proyectaba el giro a la derecha, en la época galvanizado por el PSDB y por figuras outsiders, a pesar de del buen desempeño del PSOL al pasar para lo segundo turno en tres ciudades importantes como Sorocaba, Belém y Rio de Janeiro.

Las elecciones municipales de 2016 tuvieron como resultado más importante la victoria electoral de la derecha, en particular del PSDB, con el aparecimiento inédito de forma organizada – todavía bastante minoritaria – de fuerzas de la extrema-derecha en las Cámaras Municipales y en la vida política de las ciudades.

Este balance es lo que termina explicando el triunfo de Bolsonaro. Es indispensable hacerlo, no solo para evitar nuevos errores sino también para mostrar que sectores populares van a la derecha por determinados políticas contrarrevolucionarias ocurridas. El triunfo del fascismo en Alemania no se puede entender sin la política ultraizquierdista de Stalin de negarse al frente único con la socialdemocracia. Por tragedias políticas concretas subieron Mossolini en Italia y Contra la idea que pasan las direcciones reformistas que esto ocurre porque los trabajadores y el pueblo son “atrasados” la realidad de sus capitulaciones explican el triunfo de las derechas.

La fuerza de Bolsonaro arrastró sectores de la burguesía y del dicho “mercado”, ávidos por una velocidad mayor en el tema de las reformas y privatizaciones. El ala militante de la burguesía en la campaña ya había sido identificada, sobre todo en sectores comerciales y de insumos vinculados al agronegócio. La conformación de un comité de la burguesía alrededor de las fakenews indica su necesidad de ampliar sus ganancias con base en la desesperación y en la desregulación profunda de las relaciones de trabajo.

El descontento popular amplió lo que era una base incipiente de la extrema-derecha y sobrepasó el campo burgués anteriormente controlado por el PSDB. “Desclasados” de todo tipo, expresiones de la pequeña-burguesía moderna y los trabajadores de los sectores de transporte, como camioneros, conductores de taxi y Uber, además de las clases medias que salieron a las calles para pedir el fin del gobierno Dilma son la base electoral del triunfo del PSL.

 

No solo falló la estrategia petista sinbo también su política electoral

En las polarizadas elecciones del 2018 que dieron el triunfo a Bolsonaro el PT volvió a errar. El PT no fue capaz de combatir la extrema-derecha, no hizo salvo en la última semana de campaña blanco en el peligro de Bolsonaro.

La política que Lula llevó adelante – evitando cualquiera alternativa por fuera de sí y del núcleo petista, neutralizando el PSB para aflojar Ciro – apostaba que lo mejor sería un según turno entre el PT y Bolsonaro, subestimando, objetivamente, la fuerza de las posiciones acumuladas por la extrema-derecha. La dirección lulista agitó en la recta final el la amenaza de Bolsonaro, pero no actuó para combatir el cuerpo real. La declaración del rapper Mano Brown en el acto final de campaña de Rio de Janeiro diciendo que el PT podía perder porque se había olvidado de dialogar con el pueblo pobre es el testimonio de esa política. El alejamiento de la izquierda mayoritaria de la vida del pueblo, con el aburguesamiento de parte de los cuadros y dirigentes, abrió camino para que otros actores ocupasen el espacio, ya que se sabe que no hay vacío en política. Las iglesias evangélicas operaron en esa condición de aislamiento y alejamiento de la izquierda de los barrios y periferias del país.

El PSOL tuvo dificultades de presentar un proyecto global, conectado con las aspiraciones populares, comenzando con la indiferencia con relación a la “corrupción”, que junto a la seguridad pública, fue la mayor expresión de la incapacidad de crear un proyecto alternativo, capaz de mover multitudes.

Aún así, el PSOL se fortalece porque fue, la expresión más destacada de lucha concreta contra la corrupción de las banderas democráticas, sobre todo de mujeres, la lucha por justicia para Marielle y en parte de la juventud estudiantil.

De esa manera, la consolidación de la situación reaccionaria se dio en las urnas con el gobierno de Bolsonaro

 

Una situación reaccionaria

La victoria del último 28 de octubre consolida una situación reaccionaria. Una situación que opera en un nuevo tipo de régimen, aún en transición, que retrocede de la condición democrática del régimen constitucional de 1988. Un régimen menos democrático. Un gobierno con trazos autoritarios y semibonapartistas, apoyado en la centralización de los poderes en las manos del presidente, con el Ejército asumiendo puestos y equilibrándose con todas las otras instituciones.

Ya dijimos que Bolsonaro carga genes fascistas, pero que el nuevo producto de la situación reaccionaria no tiene todavía sus trazos definidos. Dependerá de la lucha de clases, es decir de la resistencia a los planes autoritarios, neoliberales privatistas y de ajuste contra los trabajadores y de las mismas contradicciones que tienen las clases dominantes en Brasil. No ocurrió todavía una derrota histórica de la clase trabajadora. Las reservas políticas y democráticas de la clase trabajadora no fueron testadas en la lucha de clases. El carácter titubeante y de contención de las direcciones burocráticas no llevó a una derrota en el terreno de la lucha de clases, sino en el terreno donde esas direcciones aceptan contender la política como centro en los últimos 30 años: la disputa electoral.

La fuerza institucional acumulada por Bolsonaro es el mayor riesgo para forjar una situación más regresiva para el movimiento de masas. Ésta será una tensión permanente en su gobierno. En Rio de Janeiro, esta situación gana contornos aún más dramáticos con los ataques a los derechos democráticos, como la licencia para las policías maten, prometidos por Witzel. Lo que es cierto es que vamos para una situación de mayor polarización social.

 

Brasil sincronizado con una tendencia internacional

La victoria de la extrema-derecha en un gigante latinoamericano como Brasil muda en calidad la relación de fuerzas en el continente. Así como en 2013 definimos que Brasil ingresaba en la “ruta mundial de los indignados”, al ser parte del movimiento de calles y plazas que la juventud protagonizaba en parte del planeta, podemos relacionar la victoria de Bolsonaro con el ascenso de nuevos gobiernos autoritarios, “populistas de derecha” y de extrema-derecha en el mundo. El fenómeno, desigual, tiene en Trump su faz más visible.

Con la crisis económica de 2008, las tendencias latentes en los países acabaron se sincronizando: la necesidad de ampliar la extracción de plusvalía, reduciendo el “coste” de los países y aumentando las tasas de productividad; el descontentamiento popular con la corrupción y la gestión de los partidos tradicionales; y la ausencia de una alternativa socialista, de masas y consecuente.

La forma política que tradujo la combinación entre la crisis política y económica acabó por devastar los regímenes basados en los pactos entre los partidos tradicionales, de la derecha constitucional y de la izquierda social-demócrata. Tocados por problemas como emigraciones, seguridad pública y corrupción, el agotamiento del modelo de gestión democrática basado en la alternación y longevidad de los regímenes, abrió una etapa de “crisis orgánica” recurrente en buena parte de los países, para que usemos un concepto de Antonio Gramsci, en la cual hay una “ruptura entre las clases sociales y las representaciones tradicionales. Es característica de ese tipo de crisis la falencia total o parcial del sistema político-partidario”. Esa analogía sirve para gobiernos y regímenes oriundos de las victorias electorales de Trump, Erdogan, Orban y Duterte, además del caso de Italia de Salvini.

La salida por la fuerza – al contrario de los largos períodos democráticos anteriores – ya no aparece como una excepción o un paréntesis. Diferentes entre sí, con intereses por veces antagónicos y trayectorias distintas, la existencia de regímenes autoritarios es un hecho en grandes países del mundo: China, Irán, Rusia, Arabia Saudita, además de los ya citados, parte de los recientes fenómenos electorales.

El aspecto profundo del crecimiento de salidas a la derecha se relaciona con la falta de una perspectiva socialista y democrática. El socialismo no es visto como algo posible en el horizonte de millones, sea por su identificación con el proyecto stalinista que fracasó en el siglo pasado, sea por el peso real que la ideología reformista aún tiene en la clase. Las tragedias de Ortega en Nicaragua, una dictadura degenerada, o de Maduro, un proceso que lleva a Venezuela a la ruina política y económica, representan modelos que atrasan la conciencia para un régimen alternativo, en el cual los trabajadores puedan gobernar, separar el rentismo y expropiar la clase burguesa.

Es un proceso histórico profundo. Las revoluciones democráticas y procesos radicalizados que acompañamos desde la irrupción de la Plaza Tahrir en 2011 y sus impactos en la “ola de los indignados”, no resultaron en una inflexión que recolocase en el horizonte la cuestión del poder por los trabajadores, sus organismos y por la izquierda radical. Un proceso que debe ser estudiado y discutido, aún como fruto de la experiencia de los Estados Obreros burocratizados en el siglo XX, en los cuales la falsa conciencia se impuso.

La situación regional consolida el péndulo para la derecha, con Bolsonaro, Duque en Colombia, Piñera en Chile, además del gobierno Macri en la Argentina. Eso tendrá efectos, como una presión mayor para la presencia estadunidense en la región, discurso contra los inmigrantes y acoso contra la soberanía de Venezuela.

El papel del sionismo en la construcción de la victoria de Bolsonaro revela una mayor asociación en el comercio militar – ya se anunciaron acuerdos de colaboración –, y el apoyo de líderes evangélicos con su nueva teología pro-Israel. El anuncio de la política de transferencia de la embajada para Jerusalén, siguiendo los pasos de Trump, causó constreñimientos diplomáticos, con la reacción de los países árabes, que debemos seguir acompañando.

Un de los articuladores de la victoria de Bolsonaro, el “genio de las fakenews” Steve Bannon, hace el puente entre la extrema-derecha y los procesos nacionales que surgen en el mundo. El más importante factor a ser seguido es la dinámica del gobierno Trump, sus desdoblamientos en el terreno de la resistencia y de su legitimidad. (Ver texto sobre las elecciones en los estados Unidos).

Aún hay algunas interrogantes para acompañar: ¿cómo será la crisis económica mundial? ¿Adonde va el gobierno de Trump? ¿Será ampliado el conflicto comercial entre China y EEUU? Cuál la dinámica regional de países cómo Argentina, Chile, ¿Colombia y México?

 

Para adonde apunta el nuevo gobierno

El encerramiento del régimen responde a una necesidad del capitalismo de garantizar su estabilidad económica, estabilidad del punto de vista de ellos, los capitalistas, especialmente en el caso de los rentistas, que quieren continuar navegando en las altas tasas de intereses y en las ganancias financieras exorbitantes que tienen a lo largo de los últimos años. Si esto no es una novedad, hay en el horizonte a amenaza de la crisis económica, ya que Brasil no consigue más mantener tal nivel de pago de intereses y al mismo tiempo pagar jubilados, invertir en salud y educación.

El núcleo anunciado del nuevo gobierno responde a los sectores fundamentales del “bolsonarismo en consolidación”: muchos militares, Paulo Guedes y ultraliberales inspirados en el gobierno Pinochet, sectores más atrasados del agronegócio como la UDR/Heinze, evangélicos y liderazgos de las llamadas a bancadas del Buey, Bala, Biblia, con la bendición del capital financiero internacional y de sectores de la burguesía nacional. El impredecible del gobierno Bolsonaro será de tensión permanente entre una línea de mayor gestión de los negocios y declaraciones de tenor semifascista.

Los militares regresan al centro de la política institucional después de décadas. Esto se debe a la política adoptada por el PSDB y por el PT de no enfrentar la aministía a los militares, contrariando el proceso que ocurrió en la redemocratización en países como Uruguay y Argentina. Ningun torturador llegó al banco de los reos. El juicio y castigo no ocurrió. El SNI/ABIN, los tribunales miliares y la estructura policial de dos fuerzas estaduales independientes permanecieron después el pacto de la Nueva República.

Hoy tenemos una estructura militar que envuelve, entre Marina, Ejército y Aeronáutica, más de 320 mil militares en actividad, además de 1 millón 115 mil reservistas y 425 mil miembros activos de las policías militares, 13 mil en la Policía Federal y 118 mil en las policías civiles estaduales. El general Augusto Heleno es uno de los que se postula como capaz de dar dirección a la alianza bolsonarista. Respaldado durante los gobiernos del PT como responsable por las fuerzas de ocupación de Haití – experiencia posteriormente utilizada para proyectar operaciones y la intervención militar en Rio de Janeiro. Heleno busca ser el elemento de cohesión, entre las fracciones militares y civiles, de un gobierno que aún demuestra falta de sintonía.

La falta de política de la mayor parte de la izquierda para la baja y media oficialidad también es parte del balance. Hubo dos grandes olas de movilización en las policías civiles y militares durante el período de la Nueva República. Primero, ocurrieron las grandes huelgas estaduales de 1996- 97, que se chocaron con el ajuste neoliberal de los años 90, con mucha fuerza en Alagoas, Rio Grande do Sul, Minas Gerais. Años después, ya bajo el gobierno federal petista, ocurrió la movilización de bomberos y policías militares y civiles, desde la huelga de los bomberos de 2011 en Rio de Janeiro.

El PT ofreció una salida reformista como respuesta a la primera ola y, cuando estaba en el gobierno, operó represión, llegando a prender los líderes del movimiento para evitar una rebelión de carácter nacional. Queda la lección de la necesidad de tener una política de organización y defensa de la capacidad asociativa de las bajas y medias capas de las FFAA y de las policías.

Los grandes propietarios de tierra fueron ganando peso delante de la crisis política. Después los años de aumento en los precios internacionales de las commodities, en los cuales una parte del agronegocio transitó para una línea de coexistencia con el social-liberalismo, bajo el liderazgo de Maggi y Kátia Abreu, los dirigentes del mundo rural y de la grande propiedad tomaron a sí la defensa de sus intereses y posiciones. Heinze, Encalado y Nabhan Garcia asocian la defensa del porte de armas, las nuevas leyes sobre el abigeato, con un grupo fuerte de presión adentro del bolsonarismo, como fenómeno reactivo a las demarcaciones de tierra y reparaciones históricas con quilombolas, indígenas, ribereños y otras comunidades que contienden por el reparto de la tierra.

Ese fenómeno se asemeja la parte de la “altright” trumpista, armada y rural, con la reconquista de valores racistas y esclavistas, herencia que aún pesa en Brasil, país en el que se revela el límite de las transiciones por encima”, incompletas, y en el cual el latifundio vuelve a asustar con su discurso contra indígenas, negros y sin-tierra.

Con los “pastores” Magno Malta y Silas Malafaia, el componente evangélico será otra variable permanente en el núcleo bolsonarista. Desde ya, se pone clara la disposición del nuevo gobierno de aplicar medidas de fuerza contra la educación laica y pluralista, alrededor de temas como “escuela sin partido”, en una lectura ultraconservadora de la realidad. Será un gobierno de permanente enfrentamiento, tensión y disputa la caliente, con la continuidad de las fakenews. Podemos condensar, esquematicamente, los ejes fundamentales del plan de Bolsonaro de la siguiente forma;Parte superior do formulário

a) Economía: el ajuste, la reforma de las jubilaciones, las privatizaciones, el ataque a los servidores públicos, y a los derechos laborales y sociales;

b) Seguridad: revisión del Estatuto del Desarme, disminución de la mayoría penal y desreglamentación de la jubilación privada;

c) Educación: avance de la privatización de la enseñanza superior con posible fin de la gratuidad y “escuela sin partido”;

d) Ambiental: ataque a los órganos de preservación del medio-ambiente, como Ibama y ICM-Bio, flexibilización de las reservas, estímulo a la minería, licencia con la extracción y ataques a los pueblos indígenas.

La indicación de Paulo Guedes para un nuevo Ministerio de la Economía que concentrará enormes atribuciones responde al “choque neoliberal” pedido por los operadores del mercado. Por su vez, la presencia de Sérgio Moro en el Ministerio de la Justicia, con gran concentración de poderes, es una tentativa de respuesta de Bolsonaro a un apelo de la opinión pública, abriendo nuevas contradicciones que pueden aflojar pronto el proyecto del nuevo gobierno. Todavía que pueda ser un “cortacircuitos” a ser quemado por el doble Bolsonaro/Mourão, Sérgio Moro estará cohibido sobre sus compañías en la Explanada, como Onyx Lorenzoni, que confesó recibir caja 2. La primera entrevista colectiva de Moro ya mostró la presión de la prensa sobre esta contradicción. También será necesario acompañar como tratará el tema más grave en el terreno de los derechos democráticos: el caso Marielle. En sus primeras entrevistas, tocó en el asunto, lo que demuestra ser necesario avanzar en la agitación y exigencias de respuesta, tanto en Brasil como internacionalmente. Expresamos nuestra visión en el artículo de Roberto Robaina, “Sérgio Moro de ministro de Bolsonaro”.

Las perspectivas económicas son inciertas: lo que sabemos es que habrá más ataques al pueblo, caos en el servicio público y crecimiento de las formas de trabajo precari. Hay varias cuestiones abiertas. ¿Brasil recibirá nuevas inversiones extranjeras estimulados por la política de choque de Guedes? ¿Qué efectos tendrá la crisis de las monedas de los países emergentes? ¿Cómo el gobierno manejará lo tema del endeudamiento? ¿Cuál será la dimensión de la crisis social delante de tales ataques? ¿Cómo se quedará la economía real? Una noticia reciente en la Folha de S. Paulo habla en más de 20 mil moradores de calle solo en la capital paulista. La fuerte presencia del crimen organizado en importantes capitales, objeto de bravatas de Bolsonaro a lo largo de la campaña, es otro tema fundamental sobre lo cual el pueblo espera respuesta.

Es necesario llevar en cuenta que los millones de electores que depositaron la esperanza de que Bolsonaro podría alterar “todo cuanto está ahí” rápidamente empezarán a hacer su experiencia con este gobierno y su líder. A respeto, la visión de Marcelo Freixo es bastante elocuente: “Yo no tengo duda de que la mejor manera de derrotar al bolsonarismo, esa ola de atraso, de retroceso tan fuerte, es él [Bolsonaro] en el gobierno”, dice. “Allí él será expuesto a algo que nunca fue. El problema es el precio que uno va a pagar, ese precio será alto, incalculable”.

El mayor riesgo del proceso actual se vincula al crecimiento de las milicias. La principal y real expresión de sectores que pueden ir al fascismo, como ya alertamos en otros momentos, se vincula a Rio de Janeiro y a la existencia de bandas paramilitares bajo la forma de milicias. El escenario dramático de Rio es la peor expresión de este fenómeno: el ascenso del bolsonarismo extendido a las milicias. Aún es muy temprano para arriesgar alguna hipótesis, pero este peligro y el mayor peso militar en el gobierno son los riesgos reales dentro de la tendencia de encerramiento del régimen y ataques contra la izquierda, el movimiento obrero y sus organizaciones.

 

Resistencia y politización

El según turno electoral fue marcado por la entrada en escena de cientos de millares de activistas que lucharon contra la emergencia de Bolsonaro y de sus posiciones semi fascistas. Hubo una escalada de politización, sobre todo entre las mujeres y la juventud, que anticipan la vanguardia de una resistencia a los planes de Bolsonaro y a sus ataques a las libertades democráticas constituidas.

Se deberá intentar combinar ese movimiento democrático de las últimas dos semanas del segundo turno con la necesidad de la clase trabajadora hacer la experiencia. Como dijimos, un sector importante de los electores de Bolsonaro votó estimulada por elementos de atraso y por la visión de “alterar todo eso ahí”, en una especie de rechazo a las viejas “elites políticas”.

Movilizar el sector dinámico de la resistencia y acompañar la experiencia de los que votaron en Bolsonaro por motivaciones confusas es el secreto para ensanchar la dinámica de politización y evitar retrocesos mayores. Por eso, será importante estar abierto al diálogo explicando pacientemente a los sectores de la clase trabajadora lo que está en juego.

Las medidas impopulares de Bolsonaro, como la contrarreforma de las jubilaciones, destrucción de derechos laborales, desvinculación presupuestaria de áreas sociales y la posible recreación de la CPMF, además de otros ataques amplios a los derechos del pueblo, deben servir como base de la experiencia. Como apuntó Vladimir Safatle en exposición reciente en la USP, “tenemos que mantenernos unidos y traer los que están del otro lado. Así vamos a recomponer una mayoría democrática. Las universidades son las ciudadelas de la resistencia”.

El viernes anterior a la elección, varias universidades fueron invadidas con mandados judiciales para la retirada de bandas alusivas a la lucha contra el fascismo. Después de importante movilización, el STF juzgó tales medidas inconstitucionales. La defensa de las universidades es una palanca para la construcción de un polo de resistencia, organizando por bajo y ofreciendo alternativas democráticas y participativas para actuar. El calendario del movimiento estudiantil será especial, por tanto, como forma de unir también alrededor de sí post graduados, la defensa de la investigación, de la autonomía universitaria, del derecho de cátedra y del conjunto de las conquistas de las universidades públicas y del sistema nacional de investigación en los últimos años.

Tendremos de estar atentos y vigilantes en la defensa de medidas constitucionales. El papel de instituciones como STF puede arbitrar a favor de medidas populares y contra violaciones legales. Ese parámetro va a llevarnos a componer unidades amplias para tales defensas. Las contenciones contra a acción de los bolsonaristas en el ámbito federal, estadual y en la disputa de la sociedad deben ser preservadas. Es importante contestar con fuerza a cada ataque, comenzando a la política de la escuela mordaza llamada por ellos “escuela sin partido” y es fundamental construir una amplia unidad de las fuerzas progresistas en defensa de las libertades democráticas, ya que los ataques verbales de Bolsonaro pueden transformarse en ataques reales, ya anticipados en la campaña electoral, contra la prensa y poblaciones oprimidas, que necesitan ser contestados.

No es posible aceptar la hegemonía de ningún partido en ese proceso de construcción de la oposición a Bolsonaro. Lo que va a ocurrir en los próximos cuatro años es muy difícil de prever porque dependerá de la capacidad de reacción de las fuerzas progresistas de la sociedad, si éstas conseguirán impedir los retrocesos reaccionarios que Bolsonaro pretende imponer a la sociedad o se desandarán, dejando que las fuerzas políticas de la derecha avancen cada vez más. Podemos impedir tales retrocesos con la fuerza de las mujeres, que fueron fundamentales en ese proceso de lucha contra Bolsonaro en el segundo turno, con la fuerza del movimiento LGBT, con la fuerza de la juventud en las escuelas y en las universidades, que ya están demostrando su capacidad de resistencia. Pero es necesario ampliar la resistencia y dialogar.

Las encuestas electorales mostraron que gran parte de los electores de Bolsonaro no creía que él iría a implantar una dictadura en Brasil. Entonces, si él intenta implantar esa dictadura, los electores de Bolsonaro podrán venir a ser nuestros aliados para luchar contra el propio Bolsonaro.

El movimiento obrero, por su vez, aún no tuvo su fuerza colocada a la prueba. No sabemos cómo irán a contestar los batallones pesados de la clase, donde hay muchos electores de Bolsonaro. Debemos organizar y dialogar en los locales de trabajo. El acúmulo de la lucha contra la reforma de la jubilación de Temer, en 2017, engendró una posición ampliamente mayoritaria en rechazo a la retirada de los derechos de la seguridad social. Sectores como camioneros y vinculados a las fuerzas de seguridad, como vigilantes, que se posicionaron a favor del voto en Bolsonaro pueden tener contradicciones con los planes económicos que serán aplicados.

El servicio público será atacado. Utilizando el funcionalismo como bode expiatorio, el peso de la represión y de las dimisiones será grande. Tenemos que acompañar la defensa del servicio público, y de la crisis fiscal en los estados.

 

Los desafíos del PSOL y la recomposición de la izquierda

El PSOL debe tomar parte en el ciclo de la resistencia después de su victoria electoral, como protagonista de muchas luchas democráticas en el país. Superar la cláusula de barrera que voto el parlamento para restringir los partidos coloca el partido con muchas responsabilidades ante las difíciles circunstancias que se viven. Es necesario continuar la construcción y la reinvención de la “nueva izquierda”, como parte de la lucha por una dirección para la clase y la juventud. Es en los períodos de choque que se testan las direcciones y está claro que el PT no está a la altura del desafío. Por eso, defendemos que el PSOL pueda forjar unidades, pero con un perfil propio e independiente. El partido no puede tener una orientación de construir un campo preferencial con el petismo. Trotsky explica en “Clase – Partido – Dirección” como se pueden superar las direcciones:

“Imitando los liberales, nuestros sabios aceptan tácitamente el axioma de que cada clase tiene la dirección que merece. En la realidad, la dirección, de ningún modo, es un simple “reflejo” de una clase o el producto de su propia creación libre. La dirección se forja en el proceso de los choques entre diferentes clases y de las fricciones entre las diferentes capas dentro de determinada clase. Una vez asumido su papel, la dirección invariablemente se eleva arriba de su clase, con lo que se pone predispuesta a sufrir presiones e influencias de otras clases. El proletariado puede “tolerar” por largo tiempo una dirección que haya sufrido un proceso de completa degeneración interna, con tal que ella no haya tenido la oportunidad de evidenciar esa degeneración delante de los grandes acontecimientos. Es necesario un grande estremecimiento histórico para aparecer la aguda contradicción entre la dirección y la clase. Los estremecimientos históricos más poderosos son las guerras y las revoluciones. Precisamente por este motivo es que, con frecuencia, la clase obrera es cogida desprevenida por la guerra y por la revolución. Pero, mismo en los casos en los que la vieja dirección haya revelado su corrupción interna, la clase no puede improvisar inmediatamente una nueva dirección, si no heredó del período anterior sólidos cuadros revolucionarios, capaces de aprovechar el colapso del viejo Partido dirigente”.

La cuestión de la disputa de la hegemonía en el campo de la oposición debe ser debatida. En el ámbito de la reorganización de la izquierda, además de las conclusiones críticas a la experiencia de los gobiernos del PT, de naturaleza social-liberal, será fundamental la afirmación del PSOL, su identidad propia, su política clara e independiente. Al persistir la ausencia de política global y alternativa por parte del PSOL, el PT tiende a liderar la oposición, fruto de su fortalecimiento relativo, por lo menos en el terreno parlamentar. Esa contienda, en los marcos de una unidad que debe ser mucho mayor y abarcar toda la oposición existente a Bolsonaro, existe porque tenemos un proyecto diferenciado al del PT y luchamos para no ser confundidos.

El PSOL debe dar un salto en su intervención política y en su capacidad organizativa. Hay espacio para defender las pautas democráticas radicales que el PSOL vocaliza. Necesitamos profundizar la discusión para vincular más el partido a la clase y construir un proyecto más global.

Nuestro resultado electoral fortaleció al Partido. Logramos casi 3%, doblando a bancada electa en 2014 en la Cámara. Nuestro destaque fueron las mujeres, mitad de la bancada federal, con Sâmia, Fernanda, Talíria, Áurea y Erundina. Nuestra votación en Rio de Janeiro fue fuerte, capitaneada por Marcelo Freixo, seguido de Glauber y Jean. A bancada federal se completa con la experiencia de Iván Valente, que tiene la marca de la resistencia al régimen militar, y también con la fuerza de Edimilson, diputado más votado de Pará. Avanzamos en un 50% nuestra representación en las asambleas estaduales, ampliando el radio de acción parlamentaria del Partido.

El Partido necesita tener medidas para poder integrar la intervención militante, a bancada federal y la dirección partidaria: reuniones periódicas de la dirección, mayor comunicación entre la militancia, y los sectores actuantes. Y una inmediata campaña de afiliaciones, con criterios, para abrir las puertas para millares de activistas que quieren organizar la resistencia y miran en nuestro Partido una herramienta necesaria. Para tanto, es necesario tener un partido más vivo y militante, que garantice con unidad la defensa del programa democrático y social con radicalidad y capacidad de diálogo con otros sectores y fuerzas políticas a la izquierda. para que la orientación sea la más clara posible, queremos afirmar tres categorías propias y diferenciadas:

I – Unidad de acción amplia: con todos, basada en temas puntuales, de acuerdo con las necesidades. Una orientación que sirve desde bloques parlamentar hasta campañas democráticas. La condición para un bloque/unidad común es establecer puntos de acuerdo mínimos, transparencia en la composición y garantía de expresión del perfil político independiente;

II – Frente única: con los que declaran defender los intereses de los trabajadores, de los asalariados, de los campesinos, sin tierra, sin techo, indígenas y quilombos, mujeres y negros, defenderemos una frente única con base en un programa común de reclamaciones de estos sectores sociales, bien como insistiremos en la frente única para defender las organizaciones de la clase, de la juventud, de los movimientos sociales, rurales y urbanos, como MST y MTST.

III – Identidad anticapitalista: discusión estratégica para la conformación de un polo y lucha para que el PSOL represente la nueva izquierda. Más de que nunca, es necesario hacer el debate de alternativas.

El crecimiento del DSA en Estados Unidos, resultado de la necesidad de resistencia a Trump, sirve como ejemplo del que existe espacio para una postulación que afirme el socialismo y la libertad.

 

Nuestras tareas

La corriente MES-PSOL asume los nuevos desafíos. Tenemos nuevos mandatos que nos posicionan para responder a la política nacional cotidiana. Sabemos que la única salida para el desarrollo de la izquierda socialista, en el actual curso, pasa por batallar para que el PSOL se postule como herramienta de la lucha del pueblo y alternativa dentro del campo de la resistencia.

Queremos anunciar algunos de los ejes con los que debemos intervenir y empujar para que sean tomados en el próximo período. La defensa de las libertades democráticas, en la cual el papel de mujeres y de la juventud es central como primera cola de la resistencia. Eso envuelve la movilización contra el proyecto “escuela sin partido”, la defensa de las universidades, participando activamente de las luchas en los locales de estudio, la vigilancia y denuncia de la política de exterminio de las juventudes negras de la periferia. En cuanto a las mujeres, el ejemplo del #Ele No, en el primero y segundo turno tenemos que alentar su continuidad permanente para ayudar a mantener viva la organización de la resistencia por abajo. Tenemos también que combatir las noticias falsas en las redes; es necesario una política de comunicación alternativa para ampliar el actual alcance.

Queremos presentar una línea de acción, con base en un programa directo que el PSOL pueda tomar como centro, dialogando con otros actores de la izquierda socialista y los movimientos sociales, partiendo de la lucha central del período – que es el mayor divisor de aguas entre las posiciones democráticas y la línea proto fascista del futuro gobierno – la lucha por justicia para Marielle.

Proponemos, aquí, elementos de un programa sintético para el debate:

Justicia para Marielle, una campaña mundial;

Defensa de los derechos del pueblo. Abajo la contrarreforma de la jubilación y el plan económico Guedes/Bolsonaro. Combate a la PEC del techo, a las privatizaciones. Defensa del empleo los salarios y derechos de los trabajadores;

Contra la persecución, prisión y acoso a los líderes populares, sindicales y de movimientos sociales;

Defensa del Amazonas y del medio-ambiente contra las medidas de expoliación del capital contra los recursos naturales;

Defensa de los indígenas, quilombos, ribereños y de la población rural contra el ataque a las demarcaciones de tierra y la ofensiva de los terratenientes. f) Defensa de la autonomía de las universidades. Por el derecho a la pesquisa, enseñanza y extensión públicos y gratuitos;

Tasación de las grandes fortunas, dividendos y herencias. Que los más ricos paguen por la crisis social;

Lucha contra la corrupción y los privilegios de la casta política y de la cúpula de los Tres Poderes.

Además de estas medidas, la discusión programática necesita contar con la elaboración de mujeres, LGBTs, negras y negros contra los ataques del nuevo gobierno. Es necesito incluir en el debate la cuestión de la autodefensa y de la organización de equipos de preservación.

Nuestras frentes de intervención, como Juntos, Juntas, Movimiento y Emancipa, tendrán papel fundamental en la participación de las luchas de base. Es preciso, también estimular el debate estratégico con sectores de las fuerzas de seguridad, inspirándose y apoyando la experiencia de los sindicatos que son referencia en con lucha policial.

El MES-PSOL luchará con sus nuevos mandatos, con nuestras publicaciones y con nuestras frentes de actuación para colocar nuestras energías a servicio de la recomposición de una izquierda radical, anticapitalista y democrática, basada en la lucha de clases.

 

Apostar en la creatividad y resistencia del pueblo brasileño

El esfuerzo para colocar en pie una alternativa para luchar por la ampliación de la resistencia solo podrá tener éxito si está basado en las luchas del pueblo. Apenas la gigante clase trabajadora brasileña, que tiene el rostro de mujer, de la lucha del pueblo negro y de la juventud, podrá detener los planes del nuevo gobierno. Queremos decir que nuestro destino militante está anudado intrínsecamente a la capacidad de la resistencia del pueblo. Por eso, en una situación defensiva, queremos aún más apoyarnos en la creatividad y en la experiencia colectiva de un pueblo que batalla todos los días para sobrevivir. La cultura y la resistencia en formas populares, como el Carnaval, deben servir de herramientas para redoblar la lucha social.

Tendremos que concentrar fuerzas en actividades generales, como el carnaval de 2019, en el cual la Estación Primera de Manguera llevará a la avenida un SAMBA-enredo en homenaje a Marielle Franco. El día internacional de las mujeres, el 8 de marzo, tal como en la resistencia a Trump, promete ser la primera grande acción de masas en oposición al gobierno de Bolsonaro. Y, aún en el mes de marzo, el registro de un año del asesinato de Marielle, en el día 14, debe ser una importante fecha de lucha. Tenemos un calendario y necesitamos apoyar las luchas en los locales de estudio, trabajo y vivienda.

Nuestras trincheras parlamentar estarán a servicio de esa construcción, como cajas de resonancia de la lucha popular en tiempos de resistencia. Estimularemos la formación de cuadros políticos revolucionarios para la lucha junto al pueblo. Reforzaremos los lazos de lucha con los internacionalistas para que nos ayuden en nuestra resistencia. Así podremos trabar esta dura batalla y vencer.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

Secretaría de redacción

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