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24 DE MARZO: UNA MULTITUD SE LEVANTA POR LA MEMORIA EN ARGENTINA

Fuente: https://movimentorevista.com.br/2019/03/24-de-marco-uma-multidao-se-levanta-pela-memoria-na-argentina/

La luz del sol condujo la tarde de otoño en el centro de Buenos Aires. Cientos de miles de personas se reunieron para celebrar la manifestación en memoria de los 30.000 desaparecidos. Así lo informaron los principales periódicos.

El final de marzo tiene un simbolismo para nuestros países. Además de la llegada del otoño, dos acontecimientos, separados por sólo una semana en el calendario, mancharon para siempre de sangre la historia de los dos países. Fue el 31 de marzo de 1964 cuando los militares depusieron a João Goulart, con el apoyo mayoritario de la burguesía y el imperialismo. El 24 de marzo de 1976, los militares, de nuevo en consonancia con el imperialismo y con las altas cumbres burguesas argentinas, en connivencia con la mayoría de la élite clerical, derrocaron al régimen para imponer una dictadura. El golpe fue dado para poner fin a la creciente politización de la clase obrera argentina, que a partir de Cordobazo de 1969 comenzó a organizarse como una forma de intervenir para un escape obrero y popular al impasse del capitalismo argentino. Después del colapso de los gobiernos de Brasil, Uruguay y Chile, llegó el momento de la tragedia argentina.

Los actos del domingo 24 fueron multitudinarios. Marcharon cientos de miles de argentinos en el centro de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Rosario y en varias ciudades del país. La fuerza de las manifestaciones, tradicionales en el calendario del movimiento social, contagió todo el clima político del país, poniendo a Macri a la defensiva por su postura de ataque a los derechos humanos. Fueron dos concentraciones distintas, porque, lamentablemente, los sectores vinculados al Kichnerismo evitaron sumarse a la tradicional marcha del Encuentro de la Memoria, la Verdad y la Justicia; a la manifestación del EMVJ le siguieron columnas nutridas de la izquierda social y política.

Las pancartas y consignas nos recordaban a los 30.000 desaparecidos, una cifra que sectores del gobierno de Macri tratan de relativizar en sus narrativas, en la defensa de los derechos humanos y en contra de las actuales detenciones políticas de trabajadores y activistas de los pueblos indígenas. Estela de Carlotto, presidenta de la Asociación de las Abuelas de Plaza de Mayo, hizo un llamado a la unidad y denunció que el actual gobierno no ha hecho un esfuerzo para resolver los casos en cuestión, en los que existen muchas causas de reconocimiento en la justicia, como los casos de nietos que aún no se han encontrado. El clima democrático en las calles contrasta con la polarización política que vive el país. El 8 de marzo marcó la reanudación de la lucha de las mujeres, que en 2018 lideraron la «marea verde» para la despenalización del aborto. El éxito del 24 de marzo ha inflado a amplios sectores del activismo para seguir saliendo a las calles, en contra del gobierno y para profundizar las reivindicaciones democráticas. Los recientes casos de corrupción que las noticias están explotando están relacionados con actividades relacionadas con el servicio secreto y el espionaje, un tema que ninguno de los gobiernos anteriores tuvo el valor de enfrentar.

Las raíces profundas de la amplia conciencia democrática del pueblo argentino se encuentran en los aspectos revolucionarios de la caída de la dictadura militar. Las intensas movilizaciones, que desafiaron el miedo y tuvieron en organizaciones como las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo sus símbolos más conocidos, junto con la entrada en escena de importantes sectores de la clase obrera, garantizaron una relación de fuerzas que nunca podrá ser cambiada, en su conjunto. A pesar de lo incompleto y de los tranvías y negociaciones de los gobiernos neoliberales, las tareas democráticas de la caída de la dictadura dejaron profundas huellas en la conciencia popular. Muchos soldados, torturadores y genocidas fueron al muelle. Una consigna que todos los sectores populares plantean es «ni el olvido ni el perdón» cuando se trata de los crímenes de la dictadura.

Llevándolo a la realidad brasileña, se observa que el tratamiento dado a los crímenes de la dictadura brasileña es el contrario. En el proceso de redemocratización de los años ochenta, a pesar del impulso de la lucha obrera y popular, los hitos del llamado sistema de justicia transicional estaban incompletos. El pacto construido en torno al constituyente de 1988 y la presencia incluso lateral de los militares en la vida pública brasileña no profundizó en la necesidad de una transición real y justa, con los militares, su sistema de mando, nunca siendo juzgados como se merecían. La existencia misma de tribunales militares, la no organización de cuerpos unitarios de policía civil, la libertad con la que operan los sistemas de inteligencia en los años «democráticos» no son tareas concluyentes. El precio de la factura a pagar es, por ejemplo, la presencia de los militares en el gobierno de Bolsonaro. La izquierda y la vanguardia brasileña deben tener en cuenta la experiencia argentina para luchar por una mayor centralidad de la lucha de la memoria. Los actos del 28 de marzo (fecha que alude a la muerte del estudiante Edson Luis, mártir brasileño asesinado por la dictadura) y del 31 de marzo son fechas importantes para rescatar esta agenda.

Basado en la conciencia democrática argentina, el país se enfrentó a nuevos levantamientos como el Argentinazo de 2001, al que derroté.

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