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YANQUIS POR ENCIMA DE TODO: SOBRE LA VISITA DE BOLSONARO A TRUMP

Fuente: https://movimentorevista.com.br/2019/03/yankees-acima-de-tudo-sobre-a-visita-de-bolsonaro-a-trump/

Traducción por Carolina Ucha

 

La visita de Bolsonaro a los Estados Unidos entró en la lista de humillaciones nacionales. Consiguió superar las fatídicas escenas de Celso Lafer, que se quitó los zapatos para ser inspeccionado antes de entrar en territorio estadounidense.

Los tres días que Bolsonaro y su comitiva pasaron en suelo americano fueron suficientes para romper los acuerdos históricos, como la cuestión de las visas, basados en el principio de “reciprocidad”.

La comitiva encabezada por Bolsonaro, su hijo, Eduardo, y Paulo Guedes, contó con la presencia del ministro Ernesto Araújo, además del General Augusto Heleno, Sergio Moro, el asesor especial Filipe Martins, Tereza Cristina, titular de la cartera de Agricultura y el Ministro de la Ciencia y Tecnología, Marcos Pontes.

Después de afirmar la “emoción” de pisar en suelo americano, la comitiva elogió la “Coca-cola, Jeans y Disney”, en palabras de Guedes. La prensa tuvo que informar, aún, las movilizaciones de brasileños, en muchas ciudades de los Estados Unidos, contra Bolsonaro y la extrema derecha. Fue noticia la incómoda pregunta de FOX sobre los vínculos de Bolsonaro con las milicias investigadas en la muerte de Marielle Franco.

Contrariamente al efecto esperado, Bolsonaro no salió fortalecido de su gira americana. En medio a muchas contradicciones y dificultades en su gobierno, las dudas sobre su desempeño están en todos los lados, hasta mismo en los analistas que no son de la izquierda o críticos. Para empeorar la situación, la semana terminó con una encuesta que apunta a una caída de 15 puntos en los índices de valoración positiva del gobierno. A esto se suman el encarcelamiento del ex presidente Temer, el conflicto entre los poderes y actores como el legislativo y judiciario, la inseguridad en la aprobación de la reforma en la seguridad social, lo que añade crisis a la situación política. Su visita a los Estados Unidos demostró la cara más visible de su gobierno: falta de preparación y sumisión a los intereses de los grandes y poderosos del mundo.

 

La desconstrucción de la nación

Bolsonaro afirmó que ante la dificultad en construir realizaciones, su tarea sería priorizar la “desconstrucción”. Sin pelos en la lengua, dijo que cambiaría la imagen que recibió de gobiernos anteriores. Crítico con cualquier forma de “comunismo”, se alineó con Trump y su entorno como un fan encuentra a su mayor ídolo. Incluso con las incontables contradicciones, como las negativas que el ala militar intentó hacer cuando la delegación regresó, por ejemplo, en el caso de Venezuela, Bolsonaro avanzó con su plan de deconstrucción de la nación. El desmantelamiento está en marcha.

El principal acuerdo sellado se refiere a la entrega de la Base Espacial de Alcántara en Maranhão. Casi veinte años después de la presión popular para rechazar la propuesta durante los años del FHC, Bolsonaro da un salto de calidad en la entrega de riqueza y patrimonio nacional. Un centro de tecnología espacial, el Centro de Lanzamiento de Cohetes estaría bajo la responsabilidad directa de la NASA y del gobierno de Estados Unidos, que incluso controlaría la entrada y salida de materiales.

La destrucción de la soberanía llegó al galope en la visita a la CIA. La primera visita oficial de un jefe de Estado brasileño a la más importante agencia de espionaje e injerencia política en el mundo contradice todos los preceptos de nuestra diplomacia. La propia CIA, responsable por organizar golpes de Estado e implementar dictaduras en América del Sur y Central, condujo a una crisis diplomática durante el gobierno de Dilma, cuando salieron a la luz actividades de espionaje contra empresas brasileñas.

El discurso del Presidente Bolsonaro se contrapone a cualquier tipo de nacionalismo o patriotismo en su base electoral y social. El lema «Brasil por encima de todo» fue dejado de lado, antes de completar cien días de gobierno, durante la gira por Estados Unidos.

En cuanto a las empresas estatales, estratégicas o no, el plan del gobierno, con el ministro Guedes a la vanguardia, es el desmantelamiento y la liquidación. La venta de los aeropuertos fue el paso inicial de la verdadera «feria de la privatización», orientada a la internacionalización del control de nuestras áreas estratégicas, de la entrega de la totalidad del patrimonio estatal.

 

Olavo redobló la apuesta

La cena con Olavo de Carvalho tuvo un sentido más general. Se han fortalecido los sectores vinculados a la extrema derecha ideológica, con un mayor protagonismo de Eduardo Bolsonaro, el 03 del clan, que asume el control de la Comisión de Relaciones Exteriores en la Cámara de Diputados. Uno de los momentos de vergüenza durante la visita a la CIA fue el hecho de que el ministro Ernesto Araujo fue excluido para que sólo Eduardo y su padre pudieran entrar. Eduardo es directamente responsable de articular con Olavo y Bannon los espacios del foro de Foz do Iguaçu, la nueva internacional que la extrema derecha está creando a nivel global.

Sentado a la izquierda de Bolsonaro, en la cena ofrecida a Olavo, Steve Bannon sonrió y fraternizó en presencia de representantes de la extrema derecha y grupos conservadores alineados con Trump.

Incluso ante las turbulencias, el clan Bolsonaro dejó expuesta su predilección, entre las diferentes alas del gobierno, por Olavo y sus discípulos. Y el astrólogo/filósofo no lo defraudó: atacó al vicepresidente Mourão, llamándolo idiota e hizo predicciones catastróficas, en caso de que Bolsonaro no rectifique su rumbo. Incluso afirmó que el gobierno no duraría seis meses «tal como está». El presidente respondió renovando sus votos de apoyo al ministro Vélez, cuya renuncia se rumoreaba cada vez más.

Sin embargo, el núcleo «ideológico» comienza a tener sus propias fisuras. Silas Malafaia estaba furioso por la política de liberalización de visas y las declaraciones contra brasileños en situación irregular en el extranjero. La lucha dentro del ministerio de educación obedece a la lógica de la disputa entre evangélicos y olavistas.

Existe una gran preocupación en otros sectores del gobierno de que los movimientos del núcleo ideológico puedan traer grandes problemas para el comercio exterior. La tensión permanente con las medidas que amenazan el flujo comercial tanto con China, nuestro principal comprador, como con los países de la Liga Árabe, debido a la feroz transferencia de la embajada a Jerusalén, crea inestabilidad y división en las filas del propio gobierno.

 

Grandes entregas, pequeñas promesas

Cuando se afirma que Brasil ha dejado atrás cualquier criterio de reciprocidad, no es sólo una fuerza de expresión. Una mirada más cercana a la relación de intercambio entre Estados Unidos y Brasil, en el contexto de los negocios y acuerdos firmados, revela el tamaño de la sumisión. Damos mucho a cambio de unas pocas promesas vagas.

Uno de los puntos principales del acuerdo, anunciado en una conferencia de prensa entre Donald Trump y Jair Bolsonaro, fue la liberación de la exención de los aranceles a la importación de trigo estadounidense. Así, Estados Unidos podría exportar 750.000 toneladas de cereales al año a Brasil sin pagar el arancel del 10% establecido para las compras del producto fuera del Mercosur. La contrapartida fue la promesa de reconsiderar el consumo de carne brasileña en Estados Unidos, que se desplomó tras los resultados de la Operación Carne Fraca. El problema de la exención arancelaria entra en conflicto directamente con Argentina, el principal socio de Brasil en la compra y venta del producto. Como parte de la política de liquidación del Mercosur, Bolsonaro abrió el mercado de trigo, sin preocuparse por represalias o desacuerdos con los vecinos sudamericanos.

La segunda gran entrega fue el abandono de la condición alcanzada en la Organización Mundial del Comercio (OMC), acertadamente en un período de guerras arancelarias y comerciales, en todas partes. El abandono de la condición especial adquirida en los últimos años bajo la vaga promesa de ser miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es un asunto dudoso. El debilitamiento de Brasil en la disputa de las exportaciones y el comercio exterior puede generar una exposición aún mayor de la industria nacional a los conflictos entre las grandes potencias. Además de la popularidad del presidente, es posible que el comercio exterior esté empezando a decaer.

Como ya se mencionó, la participación de la reunión a puerta cerrada con la CIA, sin ningún protocolo de seguridad nacional, generó insatisfacción en los propios círculos de Itamaraty.

Bolsonaro, partidario de la política de línea dura contra los inmigrantes, elogió a Trump, descartó los tratados de reciprocidad y puso fin a cualquier requisito de visa para que los estadounidenses entren a Brasil. Como si tal medida unilateral no fuera suficiente, Eduardo Bolsonaro también dijo que los brasileños ilegales son una «vergüenza». La rebelión que provocó en la propia base gobernante podría llevar al derrocamiento de la medida en el parlamento, ya que sectores como Rodrigo Maia ya han anunciado su oposición a la misma. Bolsonaro aplaudió y apoyó a Trump en su persecución de los inmigrantes latinoamericanos y en la construcción del muro en la frontera con México.

Los mayores riesgos, sin embargo, se refieren a las relaciones comerciales con China y a la adhesión al discurso belicista contra Venezuela. Aunque no se presentó como un obstáculo para el comercio con los chinos, la línea de fondo fue la preocupación por la implementación en Brasil de la tecnología de telefonía móvil del sistema 5G, liderada por la temida transnacional china Huawey. La aparente calma en el tema de las relaciones comerciales puede cambiar en cualquier momento, frente a la lucha, ahora abierta y ahora velada, de intereses entre Trump y China. La indicación de en qué lado estará Bolsonaro no puede ser más evidente.

Y sobre el tema de Venezuela, la declaración brasileña fue de apoyo al asedio de Estados Unidos, donde Trump incluso dijo que no descartaba ninguna opción. Bolsonaro sabe que cualquier acción abrupta en la frontera pondría al país en una verdadera aventura militar. El fracaso del primer ataque de la oposición liderada por Guaidó, que involucró a las regiones fronterizas, fue un revés para el llamado «Grupo de Lima». Las siguientes declaraciones del portavoz de Mourão y del mando de las fuerzas militares fueron más cautelosas que cualquier otra cosa.

 

Regresión neocolonial o segunda independencia

El nivel de sumisión en la relación con los estadounidenses es mucho más alto que en acuerdos anteriores como el MEC/USAID u otras experiencias. Plantea un problema muy peligroso: Bolsonaro anuncia que hay un nuevo lugar para Brasil en el sistema internacional de países.

El desmantelamiento del Mercosur está en rápido desarrollo. La visita a Chile dará alas al nuevo proyecto, conocido como «Prosur» para contemplar la derecha regional, en asociación con Piñera.

El paquete de medidas incluye ataques contra el personal técnico de Itamaraty, como ya ocurre en los primeros meses del gobierno, con persecución y despido de embajadores y expertos. La hegemonía de las relaciones internacionales dentro del gobierno debe mantenerse con los sectores olavistas. Este es el plan para una regresión colonial acelerada, tanto política como estratégica y económicamente. A gusto del sector bancario, la desnacionalización de los sectores estratégicos para la logística, producción y control de los principales servicios, se realiza de forma rápida y agresiva.

La seriedad de la alineación con un modelo despótico de gobierno como Trump y sus aliados Orban, Salvini, entre otros, impone más violencia en las relaciones diplomáticas. Trump ve un cuestionamiento creciente en los Estados Unidos, enfrentando el vigor de sectores organizados de la sociedad que no aceptan su programa. La extrema derecha puede y debe ser aislada y derrotada. Trump necesita atacar al «fantasma del socialismo» para polarizar y coesionalizar las fuerzas en busca de la reelección en 2020. En Brasil, la ola de la extrema derecha tiene sus propias características. El comienzo del gobierno, con su decreciente popularidad antes de que cumpla cien días, indica los límites de la aceptación popular del intento de un modelo de «trompeta de los trópicos».

El problema de la soberanía nacional se restablece para toda una generación. Los años del gobierno de Lula y Dilma han eliminado de la agenda la lucha por la soberanía nacional, una importante agenda para la izquierda socialista. Es necesario retomar vigorosamente esta bandera, comenzando por organizar la lucha con el tema de Alcántara, involucrando a las comunidades quilombolas locales, a las representaciones institucionales del estado de Maranhão y a los principales sectores de la ciencia y la tecnología para llevar la lucha al seno del pueblo. Discutir el problema de la soberanía nacional en el campo económico, oponiéndose al ultraliberalismo del modelo Guedes, forjado por la Escuela de Chicago e inspirado en el Chile de Pinochet. Por consiguiente, las tareas nacionales sólo pueden ser asumidas por los socialistas. Las tareas de independencia nunca fueron plenamente realizadas por los representantes de la burguesía y los estratos medios. La deuda externa, con el saqueo histórico del FMI de los antiguos países periféricos, vuelve a ser un tema central en Argentina. Asociar la lucha por una verdadera segunda independencia nacional con la lucha por los derechos es el papel de la izquierda y del PSOL. En el campo de la lucha de clases y en el parlamento, donde tenemos una posición privilegiada con un escaño en la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional.

Por ahora, tomar conciencia popular de las tareas de independencia y defensa de la soberanía, significa desenmascarar el falso nacionalismo de la derecha brasileña. Y mostrar una actitud activa en temas como la defensa del espacio territorial de Alcántara, el rechazo a la interferencia de Estados Unidos y la CIA en la vida política nacional, la defensa intransigente del principio de no intervención en el caso de la vecina Venezuela. Estos temas deben convertirse en campañas masivas para organizar la lucha del pueblo, no sólo contra Bolsonaro, sino también para defender los intereses de la gran mayoría de los trabajadores de Brasil.

Se avecinan nuevas contradicciones en el campo de la geopolítica mundial. Defender las tareas democráticas y la soberanía nacional es la clave para que los socialistas ganen a la mayoría del pueblo a una conciencia antiimperialista.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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