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Entrevista muestra a Lula con la estrategia de siempre

La entrevista de Lula muestra que el liderazgo histórico del PT sigue afilado. Su enorme inteligencia, reconocido casi por todo el mundo que sepa algo de la política – a excepción de la estupidez de los que, desde el comienzo de su mandato presidencial, ofendido con sus errores portuguesa y la falta de título universitario y, años más tarde, se convirtieron en los primeros partidarios del actual capitán presidente – fue la gran marca de las casi dos horas de conversación con Mónica Bergamo y Florestan Fernandes Junior. Por otra parte, llamó la atención, por obvio, el contraste entre la inteligencia y la capacidad de comunicación de Lula y la incapacidad de Bolsonaro. Este, encerrado con las palabras, siempre nervioso para exponer los planes centrales de su gobierno en la economía (cuyo contenido es dictado por los banqueros y por Guedes), queda sólo a la voluntad, aunque tosco, para proferir sus posiciones autoritarias y reaccionarias. Lula, por su parte, domina las palabras y los gestos con la fluidez y la gracia.

La conversación de Lula seguramente será muy utilizada por el PT, y los medios burgueses dominantes ciertamente tratar de ocultar. No es para menos. ¿Cómo mostrar al pueblo la argumentación de Lula desmontando la reforma de la previsión y el proyecto antipopular en curso en el país? Afirmando que el plan de ajuste neoliberal sólo sirve para enriquecer a los más ricos !? Nada sorprendente entonces el boicot de medios de comunicación que trabajaron y manipular sin disimular para garantizar el impeachment de Rousseff, luego la detención de Lula y la prohibición de su candidatura incluso en la prisión. Como el mismo Lula dijo, el impeachment, convertido en golpe parlamentario, no habría sido completo sin su interdicción. Y, de hecho, tal vez Bolsonaro no ganara. Digo quizá porque las elecciones serían otras, aunque el movimiento de extrema derecha, expresado en la fuerte ascensión electoral de Bolsonaro, pudiera también ser lo suficientemente fuerte para ganar de Lula. Llama la atención, por cierto, que Lula huyó de esa pregunta y, enfrentado nuevamente con ella, nuevamente dejó de dar la respuesta: ¿por qué la extrema derecha creció tanto en la estera de los gobiernos petistas? A pesar de que la entrevista revela que Lula sigue en forma y agudo, esa fue sólo una de las cuestiones no profundizadas.

Sólo que no profundizar algunos asuntos, por libre elección, siempre fue una marca de Lula, parte de su sagacidad. Que el PT utilice la entrevista será lógico. El partido es el partido de la llamada izquierda que tiene el liderazgo nacional más capaz, de lejos. Es claro que el PT se ha debilitado mucho y nunca volverá a tener la fuerza que ha tenido. Puede ser como máximo la sombra de lo que fue en el pasado. La fuerza de Bolsonaro es precisamente el hecho de que el PT tiene como centro la defensa de un pasado que ya no puede regresar. No hay posibilidades de que un movimiento de masas progresista se forme defendiendo la vuelta en la rueda de la historia. La esperanza moviliza millones cuando es por un lugar aún no alcanzado. El proyecto del PT fue realizado. El impeachment impidió que la experiencia de la clase trabajadora fuera completada con el PT, permitiendo que el partido se haya resignificado a una parte de la vanguardia social y política del país, pero la experiencia fue suficiente para imposibilitar al PT de ser la alternativa a la crisis nacional . La ausencia de alternativa es una marca de la política actual. Su marca central. Me refiero, sobre todo, a alternativas de izquierda, ya que los proyectos de la burguesía son proyectos de crisis o, como máximo, de solución autoritaria para enfrentar la crisis si no logran la hegemonía y el consenso popular para llevar adelante sus proyectos. El bolsonarismo fue la expresión caricata y anticipada, preventiva de esa posibilidad abiertamente autoritaria; Mourão la expresión «sensata» – sensatez en el caso porque no explicita esta posibilidad entre su actual abanico de opciones discursivas. Pero a la izquierda Lula sigue siendo el principal liderazgo y el PT el principal partido de la oposición, lo que es una baza del propio bolsonarismo que, a su vez, con su estupidez y despreparo, es también explicación para que el PT consiga mantenerse e incluso se fortalece nuevamente, aunque mucho menos que antes. Lula, comparado con Bolsonaro, se convierte no sólo en un liderazgo brillante y carismático – lo que siempre ha sido – sino en la encarnación de un liderazgo universal cualquiera.

En la entrevista, el propio Lula hace la evaluación de las fuerzas de izquierda y sus líderes, identificando algunos y eligiendo a los que prefiere. En el caso de Ciro la inteligencia de Ciro y hace la crítica de siempre, elogia a Flávio Dino, del PC doB, y no cita a nadie del PT, lo que deja claro que, en el PT, el liderazgo es él mismo. Nada más obvio. A pesar de eso, la periodista insistió y preguntó por Haddad. Sólo vino el elogio y la referencia al ex candidato. Pero no es porque Lula no le guste a Haddad. Es que Lula quiere seguir liderando y dando las cartas. Y es lo que está haciendo. Cabe a las fuerzas políticas de izquierda definir si quieren seguir su línea y darle el papel de estratega. Este ha sido uno de los debates en el PSOL. En el partido, todos defienden que Lula sea liberado y critican que su prisa tuvo motivación política. Pero hay quienes consideran que Lula es inocente y los que no le conceden este certificado. En la entrevista, Lula no dejó de mencionar a Boulos. Es su preferido en el PSOL porque representa el ala que le apoya activamente, a diferencia de la contestación a su liderazgo político que marcó el PSOL desde su fundación, en 2004, antes del mensal y de la Lava Jato. Después de los escándalos, nuevas levas de militantes y parlamentarios se adhirieron al PSOL, pero el origen del partido no tuvo relación con la caída de popularidad del liderazgo petista. Lula trató al ex candidato del PSOL y líder del MTST como ha tratado siempre: un niño que promete. Cuando escucho a Lula decir esto siempre recuerdo su frase de que en la juventud todo mundo debe ser de izquierda y puede ser radical y después madura y se vuelve conciliador.

Como Boulos sigue reflejándose mucho en el liderazgo de Lula, el ex presidente sigue posando de consejero. Y aquí golpea el punto de la entrevista para una estrategia que Lula no esconde: su insistencia de doblar la apuesta en la colaboración de clases. Es claro que Lula está en una situación difícil y, en ausencia de movilizaciones por su libertad (tales movilizaciones no tuvieron y no tendrán fuerza), su suerte está en los aciertos con la clase dominante, que controla el Congreso, los medios y el Poder Judicial. Y, por supuesto, las Fuerzas Armadas. Por eso, incluso el PT fue tan enfático en condenar la prisión de Temer. Es la misma razón por la que lamentó el destino de Sérgio Cabral, con el que el PT se asoció, juntos prometiendo la redención nacional con la Copa y la Olimpiada. La continuidad de las prisiones de políticos en razón de escándalos de corrupción obstaculiza los planes por la anticipación de la libertad de Lula o, ahora, la concesión de su arresto domiciliario. Así se enredó en un nudo sin posibilidad de desatar el partido que, en los años 90, tuvo como eje el combate a la corrupción.

Pero, además de sus tácticas de diálogo, la estrategia de Lula sigue siendo la colaboración de clases. También en este caso no hay sorpresas. Fue su marca siempre. Y de nuevo en la entrevista. No me refiero a su reiterada afirmación de que tiene paz en el corazón, de que predica el amor, de que va a salir mejor de la prisión, de que sigue siendo el «Lulinha paz y amor». Todo esto puede ser dicho sin problemas, puede ser interpretado sólo como expresión de buen humor, buen corazón y paz de espíritu.

Pero Lula dice mucho más. Dice que quiere salir de la cárcel y hablar con los generales y saber por qué tanto odio al PT. En un momento como ese, decir eso es una señal clara de conciliación. Algunos pueden creer que eso es lo que la izquierda necesita defender. No es lo que pienso. La cúpula de un ejército que jamás hizo autocrítica del golpe de 64, que siempre lo definió como revolución, no actúa ingenuamente. No está ahí para ser convencida. Está para proteger los intereses de la clase dominante. Una clase dominante que está empobreciendo a un pueblo ya muy pobre.

Cuando Lula anuncia querer conversar con la cúpula de las Fuerzas Armadas, se trata de postular a un papel que no tiene más lugar para él: el papel de ejecutivo en jefe del Estado. Lula, como presidente, asumió este papel y adoptó una estrategia de colaboración de clases. En el caso de la burguesía, que se ha implicado en peligrosas transacciones con una de las ramas más corruptas de la burguesía nacional, las contratistas, empresas que desde el régimen militar, han acumulado capital en faltas de todo tipo. La colaboración de clases sólo interesa estratégicamente a la clase dominante. Es una estrategia que, al fin y al cabo, sólo prepara derrotas para el pueblo. Provoca confusión, desmoviliza las bases y corrompe a los líderes. Fue lo que ocurrió en Brasil. No necesitamos un camino ya trillado y que resultó en una importante derrota, por la que todos estamos pagando con el gobierno de Bolsonaro.

Ante esta nueva situación es necesario la más amplia unidad de acción, aprovechando en este terreno las propias contradicciones de las clases dominantes, sus divergencias internas en las cuestiones relativas al modo de vida, a la cultura, a los derechos civiles y libertades democráticas de modo general. Una unidad amplia y un frente de la clase obrera, sus organizaciones y partidos que reivindican esta condición, para enfrentar el programa neoliberal, ajuste anti-popular en este caso, contando en su implementación con la unidad burguesa, malgrado las divergencias existentes en la política.

 

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