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Revelaciones del Intercept demuestran: Moro atuaba de manera ilegal ya antes de ser gobierno

Traducción: Bruno Carvalho

 

La justicia nunca es imparcial. Es siempre una justicia de clase. La Operación Lava Jato empezó revelando esquemas de corrupción involucrando todos los particos que gobernaron la Nueva República. Las relaciones entre PP, PMDB, PT, PSDB, PTB, DEM y las constructoras que controlan las obras públicas desde siempre, empezando por el régimen militar, fueron desnudadas. Este es un hecho. Pero las revelaciones luego empezaron a mostrar más la corrupción de unos en detrimento de otros. La selección empezó rápidamente a ser determinada por los intereses políticos de la burguesía en su tentativa de consolidar el alejamiento del PT del condominio de poder.

Cuando Sérgio Moro aceptó ser ministro de la Justicia de Bolsonaro, quedó evidente su interés político en el caso y se derrumbó cualquier hipótesis de que tuviera sido un juez imparcial. Al contrario, él actuó para sacar Lula de la disputa presidencial y facilitar la elección de su actual jefe. Un jefe que, además de todo, confesó que combinó con Moro su indicación a vacante en el STF como compensación al desgaste que tendría al aceptar el cargo de ministro. Una ilegalidad tras otra. El proceso electoral que llevó Bolsonaro al gobierno fue marcado por una serie de distorsiones y maniobras, siendo la principal de ellas, como apuntamos en nuestros escritos en el momento, el impedimento de que el líder de las investigaciones se presentase como candidato.

Por reconocer el carácter de clase de la justicia y sus intereses políticos, de nuestra parte, aunque siempre tengamos condenado la opción del PT de gobernar con la burguesía y de tener adoptado sus métodos, en ningún momento aceptamos el arresto de Lula.

Ahora, las revelaciones del Intercept muestran nuevas pruebas contundentes de la acción combinada e ilegal entre procuradores y el juez Sérgio Moro, que mostró una vez más que no actuó como juez sino, sí, como investigador y jefe de acusación.

Ante esos factos gravísimos, la población debe estar consciente de que no puede confiar en las instituciones dominadas por la burguesía y debe unirse y organizarse para defender sus propios intereses.

Como medida práctica, se impone también la inmediata liberación del expresidente Lula. Ya hay previsión sobre la progresividad de su condena y la posibilidad de arresto domiciliario. Procrastinar acerca de esa demanda de amparo del expresidente es confirmar la línea de persecución política. La cuestión involucrando la situación de Lula no dice respecto sólo a sus partidarios, sino a todos los interesados en defender las libertades democráticas en el país, constantemente amenazadas por el gobierno Bolsonaro.

En este sentido, la defensa de la libertad de prensa debe ser intransigente. Y en este caso específico, mas allá de la libertad de prensa, reivindicamos el coraje que mostró el Intercept al revelar este material, coraje que debe servir de estímulo para todos.

Ejecutiva Nacional del MES

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