Portal de la Izquierda en Movimiento Portal de la Izquierda en Movimiento Portal de la Izquierda en Movimiento

El teatro de operaciones indo-pacífico

Fuente: Viento Sur

Donald Trump ha hecho lo que Barack Obama quería pero no llegó a conseguir, al quedar engullido en la crisis de Oriente Medio: reforzar cualitativamente la presencia de la VII Flota, sobre todo en el Pacífico occidental. En 2020, dos tercios de la US Navy deberían estar situadas en Asia-Pacífico, cuando antes la mitad se encontraba en el Atlántico. Simultáneamente, Washington quiere integrar más estrechamente en un frente común antichino a Japon, India, Australia… La Francia de Macron ambiciona entrar en este juego occidental, a pesar de la debilidad de sus medios, invocando sus posesiones insulares (y las amplias zonas económicas exclusivas que van asociadas).

Cambio de la doctrina militar china

Xi Jinping, por su parte, ha modificado radicalmente la doctrina militar china. Bajo Mao mantenía una perspectiva defensiva y local: oponer la guerra popular a un eventual invasor, garantizar sus reivindicaciones fronterizas (Himalaya, Siberia, Taiwan…). El ejército de tierra constituía el corazón de esta política. En adelante se sitúa en una política de gran potencia mundial: proteger sus líneas de comunicación, consolidar su expansión económica, imponer su rango… Esta ambición le corresponde a la fuerza naval.

El ejército de tierra monopolizaba ayer el 70 % de los efectivos militares (unos dos millones en total), menos del 50 % hoy, mientras los efectivos de la marina se han triplicado. Pekin quiere dotarse de los medios de controlar los océanos y el cielo. Los gastos militares han crecido un 83 % entre 2009 y 2018, con resultados probablemente sin precedentes en un plazo de tiempo tan corto para un gran país. China sólo poseía un portaviones de fabricación soviética, ya tiene tres y pronto probablemente cinco. No tenía ningún superdestructor, hoy día ya ha desplegado cuatro …

Las fuerzas chinas tienen sus debilidades. Un armamento nuclear por modernizar. Submarinos estratégicos demasiado «ruidosos». Poca experiencia en materia de despliegue masivo de cuerpos de ejército y de coordinación entre diversos servicios. Aún menos experiencia de fuego, de guerras reales. Una cadena de mando inadaptada, cuando, ante la eventualidad de una ruptura de comunicaciones, se requiere una gran capacidad de autodecisión en un teatro de operaciones. En este terreno, Pekín ha decidido calcar el dispositivo estadounidense, aunque esta descentralización operativa puede entrar en conflicto con la concepción hipercentralizada del poder propia de Xi Jinping.

Relanzamiento de la carrera de armamentos

En el plano geoestratégico, Washington se apoya en tres líneas de islas para contrarrestar el despliegue chino. La primera rodea el Mar de China, de la Península coreana a la Península indochina pasando por Japón, Filipinas, el Archipiélago indonesio. La segunda tiene como eje a Guam y su base naval, en Micronesia (Pacífico occidental), que debería proteger a Hawái, sede de la flota estadounidense del Pacífico. La tercera está situada en el Pacífico sur.

El conflicto del Mar de China (una apelación internacional rechazada por los países ribereños) se ha saldado con un compromiso temporal. Pekín ha militarizado en su beneficio el mar de China del Sur, aún debiendo cesar sus incursiones militares en los accesos de Japón y Corea (aunque pueden reaparecer más al Norte, a lo largo de Siberia, con apoyo ruso). Xi Jinping lanzó la construcción de «corredores» via Birmania y Malaisia, así como a través de Pakistán, que le permiten acceder directamente al Océano Índico. Su marina de altamar navega ya hasta el Pacífico Sur donde se desencadena la competición por firmar acuerdos militares-económicos con los Estados insulares. Se beneficia además de una base en Djibouti, en el Cuerno de África, multiplica las maniobras en el océano Índico y ha intervenido en Yemen para repatriar a sus ciudadanos.

Otra faceta de la competición, el desarrollo de armas nuevas, ya fabricadas o probadas: misiles de precisión y de largo alcance tierra-mar, mar-mar, antisatélites, aparatos hipersónicos (hasta Mach 20… Rusia también está en cabeza en este terreno); nuevo avión furtivo; avión-cargo sin piloto; supercañones utilizando la potencia electromagnética… El despliegue de tales armas podría amenazar desde lejos a las flotas aeronavales, cambiando las vigentes reglas de la guerra. De hecho, el conflito Estados Unidos-China en Asia-Pacífico ha relanzado la carrera de armamentos en el mundo entero.

Conflictos por delegación

Ni China ni Estados Unidos quieren implicarse en una guerra frontal –aunque no se puede ignorar el riesgo de «patinazo» en el mar de China del Sur y en torno a Taiwán. Sin embargo, conflictos por delegación están dentro de la lógica de las cosas. Ocurrió en el caso de Corea (y podría volver a ocurrir). Es actualmente el caso (en forma política) de Sri Lanka, una isla cuya posición estratégica es clave, en la punta sur de India, y donde Pekín ha obtenido la concesión de un puerto para 99 años (¡también Hong Kong era una concesión británica para 99 años!). ¿Dónde podría nacer tal conflicto por delegación bajo forma militar? Es difícil prever.

La particularidad del teatro de operaciones indo-pacífico es que se oponen, como en ningún otro sitio, la primera y la segunda potencia militares (y con Rusia capaz de tocar su partitura gracias a su presencia siberiana y a su flota de submarinos estratégicos). Más que en ninguna otra parte, la geografía política, económica, tecnológica y militar del conflicto Estados Unidos-China podría superponerse con el horizonte de una posible balcanización de un mercado mundializado. Aquí las lógicas de guerra toman más directamente una dimensión mundial.

Contra las guerras y el militarismo

Las guerras que llevan a cabo las grandes potencias no tienen como objetivo, como se nos dice, luchar contra el terrorismo y aún menos aliviar a los pueblos de la miseria o librarles de las dictaduras que los oprimen.

Son guerras llevadas a cabo para continuar saqueando los recursos naturales de estos países, perpetuando la relación colonialista impuesta, en particular por Francia, a los pueblos de Africa y de Oriente Medio. Para las principales potencias imperialistas, se trata de defender o extender sus «zonas de influencia»… y sus intereses económicos.

Guerras, miseria y complicidades europeas

Lejos de impedir el desarrollo del terrorismo, las guerras de las dos últimas décadas lo han engendrado, empujando a muchos jóvenes, a quienes la miseria creada por la explotación de las riquezas de sus países y los bombardeoss quitan toda esperanza, en brazos de los señores de la guerra o de sectas religiosas.

El caos libio no era una fatalidad. Mientras el pueblo se levantaba en 2011 para derrocar la dictadura de Kadhafi, la intervención militar de Francia y sus aliados favoreció a todos los grupos confesionales/tribales a los que se enfrentan hoy, contribuyendo a desposeer al pueblo libio de su rebelión.

En Siria, las grandes potencias han dejado a Asad masacrar a su pueblo para frenar la revuelta que nacía tras los levantamientos de Túnez y Egipto. La destrucción de Alepo, la masacre de la población por los ejércitos de Asad y de Rusia se han producido en medio del silencio de las «democracias» americana y europeas, deseosas de conservar el aparato represivo sirio y las buenas relaciones futuras.

La Arabia Saudita que bombardea el Yemen es, junto con Israel, el principal relevo de los países occidentales en la región. Este amigo de los Estados Unidos, de la Unión Europea y de Francia es también la dictatura más reaccionaria de Oriente Medio, cuna y gran tesorero de todas las corrientes del integrismo islámico.

El presidente turco, Erdogan, por su parte se ha aprovechado de su alianza con las potencias occidentales, pretendidamente contra Daech, para retomar su guerra contra la población kurda de Turquía y el PKK, para reprimir a todos los movimientos de izquierda, a los periodistas, a los militantes obreros, etc. Francia le ha asegurado un apoyo regular reprimiento a los movimientos y militantes kurdos, varios de ellos asesinados en Francia con total impunidad.

Acabar con el militarismo

Y a pesar de todo, hay que constatar que la unanimidad se impone entre las fuerzas políticas institucionales en Francia. Defensa de los «intereses franceses», de los grupos industriales, de los empleos generados por la industria de armamento: cualquier argumento es bueno para no señalar las responsabilidades, directas o indirectas, de Francia en los conflictos militares.

Aunque a veces con las posturas más contradictorias, como la de Jean-Luc Mélenchon y la FI que, al mismo tiempo que denuncian las exportaciones de armas a Arabia Saudita, no dejan de alabar la buena salud del complejo militar-industrial francés. El 25 de octubre 2018, Jean-Luc Mélenchon se refería así, en Bourget, al salón Euronaval, «cita mundial de las tecnologías navales del futuro», con este comentario en Twitter, apoyado con fotos: «Visita a los stands de Thalès, MBDA, Naval Group, Ministerio del Ejército y Navire des métiers. Francia debe dotarse de los medios para asegurar su soberanía en su territorio marítimo, el segundo más extenso del mundo». Miseria del «patriotismo»…

Al contrario que toda apología de las industrias de armamento francesas, que toda lógica «bloque contra bloque» y que todo chauvinismo, es urgente asumir consignas que defiendan una perspectiva de desarme y de desmilitarización. Ello comienza por detener las exportaciones de ingenios mortíferos franceses y, más allá, el desmantelamiento del complejo militar-industrial, con una reconversion industrial que podría orientarse hacia el terreno de la transición energética (trenes, metros, tranvías, energías renovables…).

Esto es, una política de desarme unilateral y general, que implica también la destrucción de la fuerza de disuasión nuclear francesa y, en el plano político, el rechazo de cualquier «ejército europeo», la salida de la OTAN, el fin de la Françafrique y, más en general, la detención de todas las intervenciones militares francesas en el extranjero.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

Secretaría de redacción

  • Pedro Fuentes
  • Bernardo Corrêa
  • Charles Rosa
  • Clara Baeder