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No escogemos el campo de batalla

El acuerdo del Consejo Nacional MNP de ir a una alianza electoral con PL y JP ha generado gran polémica y hasta un par de disidencias de ex congresistas en nuestras filas. Era de esperarse, los giros en la situación política, las más de las veces, obliga a respuestas no exentas de polémica. En este caso el tema rebaza el marco orgánico y se traslada a los medios antes de que se hayan agotado las discusiones. ¿Por qué el apuro? El tiempo lo dirá, lo cierto es que esta discusión empezó en enero con el primer evento Voces del Cambio en Huancayo. Desde entonces ha habido idas y venidas hasta que finalmente se fue cerrando el acuerdo entre las tres fuerzas políticas PL, MNP, JP, con la sola excepción de Fuerza Ciudadana (integrantes de JP) que mostró su disposición a ir en otra dirección bajo la idea que había que correrse al centro.
Sellado el acuerdo arrecian los reproches, así como los respaldos. Nos vamos a referir a los primeros dejando claro que a nuestro juicio es una discusión sobre táctica, válida y legitima, que abría varias alternativas. Participar o no participar y en todo caso como participar en las elecciones del 2020. Nosotros hemos decidido estas cuestiones apelando a las bases en un largo proceso de diálogos y consultas que quizá pudo ser más abarcador pero está muy lejos de ser una definición burocrática o autoritaria como las que acostumbran los partidos caudillistas.
Las elecciones complementarias que vienen, si bien no son presidenciales dejarán un nuevo escenario político, un nuevo congreso y una nueva relación de fuerzas, al menos en la superestructura política. Uno de los bastiones de la mafia naranja, desde donde la derecha más retrograda, reaccionaria y autoritaria pretendía levantar cabeza ha sido desactivado gracias a la movilización e indignación ciudadana de las cuales hemos sido parte y no vamos a dejar ahora espacio para que lo vuelvan a llenar los de siempre. Eso sería un verdadero contrasentido que facilitaría la profundización de las medidas de corte neoliberal que el gran empresariado busca con denodado empeño.
Está en juego quien cosecha la victoria democrática que significa el cierre del congreso. De su resultado depende en gran medida lo que pase el 2021. Su carácter transitorio colocará al nuevo parlamento entre lo viejo por desterrar y lo nuevo por revelar. Nada debe quedar igual que antes, hay un contenido destituyente/constituyente implícito por el marco de crisis actual. En ese sentido se convierte también en punto de partida de la carrera electoral de fondo. Quien haga el mejor papel contra la corrupción, por las reformas inacabadas o pendientes, por relanzar la economía sin el costo social que busca la CONFIEP, tendrá ganado parte del camino a Palacio.
Para la izquierda es una, dura, durísima batalla que quedó abierta en las elecciones generales últimas que colocaron a Veronika Mendoza como alternativa de cambio en el imaginario popular. La persistencia del pueblo peruano, capaz de recuperarse de la traición de Ollanta para volver a creer, dice mucho de su radicalidad política acumulada en tanto años de luchas. Ese pueblo harto de tanta corrupción e impunidad, de tanto entreguismo y abusos, abre una nueva oportunidad.
Pero mientras un sector de la izquierda aspira a lo sumo a repetir bancada con nuevos o viejos rostros y se atrinchera ajena a todo intento de unidad, desde el Nuevo Perú, hemos optado, ya desde el 2016, por entender el mandato recibido en las urnas, que nos compromete a dar dura lucha a la derecha para abrir un cambio histórico en el país. Ser gobierno con el pueblo no es un sueño, es un reto que nos coloca la realidad.
La singularidad de la crisis política es que no sólo es una crisis de gobernabilidad sino de régimen ante los ojos de millones de peruanos. Todo está podrido y hay que ir a cambios de fondo, lo que pone sobre la mesa la necesidad de una nueva constitución negada en 1,000 idiomas por los defensores del modelo. Justamente entrar en estas elecciones nos permite hablar sobre ello y ayudar a crear conciencia nacional sobre esa perentoria necesidad.
Pero como lo hacemos si hemos, sido impedidos de tener registro propio por las barreras puestas por la partidocracia que cerró todos los espacios subiendo la valla. Las reformas han flexibilizado pero no han resuelto esa contradicción de impedir a un partido con 10 congresistas tener registro electoral. Los poderes fácticos se resisten a abrirnos el camino porque somos la alternativa de gobierno que millones de peruanos anhelan. Uno no escoge el campo de batalla. Con o sin inscripción teníamos que gestar una unidad más amplia, con mayor razón si de ello depende nuestra participación.
Tentar con los sectores que salieron victoriosos contra las derechas en las contiendas regionales era un primer paso. ¿Había otro camino? Si claro, el silencioso «plan Lerner » de ir con Julio Guzmán tan apremiado de barnizar su rostro neoliberal con algo de progresismo. Ese camino es el que se ha descartado, esa corrida al centro no va y eso debemos celebrarlo porque eso sí hubiera sido el fin de un proyecto de renovación desde la izquierda que busca abrir un camino propio sin apelar a «hojas de ruta» con sectores liberales que son los que terminan imponiendo la agenda como pasó con Ollanta.
La construcción del MNP sigue siendo nuestro proyecto estratégico, por eso seguiremos luchando por su inscripción. Lo que hemos puesto en pie luego de largas jornadas de aproximación es un frente electoral no un partido único. Simón y Cerrón han dado un paso al costado, ¿pasa lo mismo con la Sra K? Quienes no se dan por satisfechos con ello y extreman la chilla, lo que buscan en realidad es apartarnos del camino. Asumimos el costo de una alianza electoral con riesgos porque el costo de no hacerlo es peor y le da ventajas al enemigo.
Ahora lo que tenemos es una plataforma programática electoral que debemos ampliar y hacer representativa de un gran espectro social y político. Nada de lo que hemos avanzado en este terreno dará un paso atrás. Somos defensores de la igualdad y equidad de género, combatimos la discriminación en todas sus formas. Bregamos por un nuevo Estado soberano, democrático y popular. Ir a conquistar esa mayoría social y ciudadana demanda poner todo en juego para dar batalla en las mejores condiciones. Muchos esperan que Verónika encabece, comparto esa esperanza que seguramente dará paso a una reflexión más personal y colectiva que abordaremos oportunamente
Lo que viene sucediendo en Ecuador y Chile abona en favor de una nueva ola de cambios en el continente agobiado por varias décadas de neoliberalismo. En esa relación dinámica Perú tiene que aportar lo suyo. Si se puede!!!

 

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