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Las elecciones celebradas el pasado 26 de enero son atípicas pues fueron para elegir un nuevo congreso de corta duración en reemplazo del que cerró el presidente Vizcarra el 30 de setiembre cediendo al 80% de peruanos que reclamaban tal medida pues dicha institución había sido copada por partidos que se revelaron fuertemente comprometidos con la mega corrupción que el Lava Jato puso al descubierto.

Aún falta llegar al 100% de las actas pero ya parece difícil que Juntos por el Perú llegue al 5% que arrojaban los datos primeros con los resultados a boca de urna. Esa es la valla mínima requerida para hacerse de una bancada en el congreso. La suerte parece estar echada salvo que sean legitimadas las actas que fueron impugnadas por los personeros de derecha en su afán de cerrar el paso a JP. Al 99% del escrutinio oficial, JP está en 4.76% y sino no supera la valla, la alianza electoral en la que va como invitado el Nuevo Perú que lidera Verónika Mendoza, no obtendría congresistas en el nuevo Legislativo. Ello representa un serio revés que debe ser evaluado a fondo para recuperar el terreno perdido y volver a ser alternativa de gobierno como en el 2016.

En estas elecciones los partidos de la corrupción fueron fuertemente derrotados. Fuerza Popular del fujimorismo pasaría de 73 congresistas a 12, su socio el Apra, partido histórico de Haya de la Torre, no alcanza representación alguna, y Contigo, partido en el que se refugiaron disidentes del actual gobierno para coquetear con la oposición, también fueron relegados a los últimos puestos. Encabeza, con el 10% de los votos, Acción Popular del ex presidente Fernando Belaunde y del actual Alcalde de la capital que goza de buena aceptación en las encuestas. Le siguen partidos igualmente defensores del modelo económico siendo la sorpresa la performance del FREAPAP de fuerte identidad religiosa evangélica que sube al 2° lugar y la Unión por el Perú de prédica radical antisistema pero de corte autoritario que arrasa en el sur llenando el vacío dejado por la ausencia de Verónika Mendoza en estas lides. El Frente Amplio, agrupación de la cual se apartó el Nuevo Perú, obtiene 6% y logra 12 curules, siendo el mejor colocado de la izquierda, cosechando la identidad del símbolo asociado aun a Verónika, pero también por su buena performance en el congreso disuelto. El problema con el FA es que está atado a la candidatura de su líder Marco Arana quien no acepta unas primarias entre las organizaciones de izquierda para definir la candidatura presidencial próxima.

Ningún partidos gana con una mayoría significativa, así la crisis de régimen ha de continuar aunque sale fortalecido el presidente Vizcarra, que si bien no participó con lista propia casi todos los elegidos le aseguran colaboración. Ello abrirá un nuevo escenario de disputa pues el gobierno, ahora con el apoyo de la nueva mayoría congresal, seguirá en su empeño de imponer nuevas privatizaciones, sacar adelante los mega proyectos extractivitas y aplicar otros ajustes laborales, todo lo cual será respondido por las organizaciones populares creando un nuevo ciclo en la crisis de régimen que se vive en Perú. Eses es otro reto para las fuerzas del cambio pues llegar a sintonizar y empalmar con esas luchas es la tarea más estratégica a la que deben estar subordinadas las tácticas electorales.

Aun cuando distintos analistas minimizan o ignoran el papel de la movilización social, lo cierto es que es ésta ha sido determinante para abrir un proceso de conquistas democráticas aunque parciales y limitadas que incluyen el cierre del congreso como se ha dicho. Esto no ha podido ser capitalizado por la izquierda en esta oportunidad pero el proceso sigue abierto con una fuerte polarización contestataria de casi un tercio del electorado que aseguraría un pase a segunda vuelta en la generales que vienen, de ser revertidas las condiciones actuales de dispersión. Pero estamos en una encrucijada porque si no revertimos los errores, la división y el protagonismo que le compete a Nuevo Perú, otros sacaran provecho de esta situación excepcional de crisis de la derecha tradicional.

Es de señalar que si bien desde Nuevo Perú desarrollamos una política acertada en toda la crisis de régimen que sacudió al Perú, haciendo eje en la lucha democrática y contra el modelo e insistiendo en una nueva constitución, lo cierto es que no se supo conducir el proceso de unidad entre las izquierda que empezó con el proyecto “Voces del Cambio” en Huancayo y luego Cusco con grandes actos de miles de participantes incluyendo partidos, gremios y organizaciones populares. La derecha acusó el golpe y empezó un ataque sistemático tratando de desmontar ese reagrupamiento que podía convertirse en una alternativa seria. El Nuevo Perú, que tenía un peso político determinante, no supo dirigir ese proceso y dilató definiciones oportunas zarandeado por la presión de ciertos sectores que veían mejor un giro al centro. Finalmente se optó por afirmar una propuesta desde la izquierda buscando capitalizar la polarización social. Pero como Nuevo Perú carece de inscripción electoral desde la ruptura del FA, debió allanarse a ir como fuerza invitada a una alianza con Perú Libre del ex gobernador de Junín Vladimiro Cerrón y de JP beneficiada por el registro electoral del Partido Humanista de Jehude Simon, ex premier del último gobierno aprista durante una dura represión a indígenas llamada el Baguazo.

Este proyecto unitario mereció un ataque despiadado de la derecha acusando a NP de pactar con corruptos, Simón y Cerrón, en particular éste último, pese a que ambos dieron un paso al costado mientras duren sus procesos. Pero la prédica hostil de los medios hizo eco en un sector de congresistas y militantes de NP que optaron por abandonar la organización. Fue el costo que NP debió pagar por su determinación de participar, aún sin inscripción propia, en estas elecciones para cerrar el paso a los corruptos y abrir camino a un gobierno del pueblo en el 2021. La pérdida de valiosos compañeros y compañeras debe llamarnos a reflexión, para hacer los máximos esfuerzo por clarificar las diferencias y evitar que objetivos más estratégicos se vean perturbados por cuestiones tácticas. Finalmente, ya al borde de la inscripción, la triple alianza no se consumó por problemas administrativos de PL que optó por seguir por cuenta propia. Así es como NP termina ingresando como partido invitado en las filas de JP que agrupa varios partidos de la llamada vieja izquierda.

Luego, en la conformación de la lista, bajo la premisa equivocada de que el 2020 no tiene mucho efecto sobre el 2021, quedamos sin la participación de Verónika en la lista de candidatos.

Ahora, solo queda insistir en la inscripción del MNP buscando acreditar 24,000 afiliados y mantener la identidad como nueva izquierda democrática, amplia y confluyente, opuesta a toda componenda que debilite su propuesta programática de ruptura con el régimen político imperante y el modelo neoliberal. Estaremos así en mejores condiciones para liderar, desde la izquierda, un bloque social y político que se proponga ser gobierno para dotar al país de una nueva constitución y un nuevo estado, verdaderamente soberano, democrático y popular en ruptura con un modelo económico que desde hace 30 años solo beneficia a las transnacionales imperialistas y al gran empresariado nacional que busca usar su poder económico para poner y sacar autoridades políticas, siempre de función de sus intereses. Lo que está en juego al fin y al cabo es la continuidad de un modelo que como expresión del capitalismo en crisis somete aún más a los países menos desarrollados apropiándose de sus recursos naturales, haciendo de los trabajadores y los pueblos sus principales víctimas. Eso debe terminar y ha quedado evidente a la luz de los recientes comicios que puede terminar, hace falta montar una alternativa social y política potente ligada a las luchas populares y en gran medida depende de lo que hagamos desde Nuevo Perú.

 

 

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