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PERSECUCIÓN DE GLENN: EL AUTORITARISMO CONTINÚA SU MARCHA EN BRASIL

El segundo año de la era bolsonarista en Brasil comienza con nuevos ataques a la democracia. Para asombro general, el secretario especial de cultura emuló a Goebbels en una video presentación criminal de un proyecto para promover artistas alineados con los valores ultrarreaccionarios del gobierno federal, enviando varias señales a los cientos de células neonazis diseminadas por todo el país. A continuación, el Ministro del STF, Luiz Fux, decidió eliminar de la legislación recientemente aprobada en el Congreso la figura del juez de garantías, una enmienda propuesta por Marcelo Freixo (PSOL-RJ) con el fin de reducir las arbitrariedades cometidas por los magistrados durante el proceso penal. Por último, el Ministerio Público Federal (MPF) presentó una denuncia contra Glenn Greenwald, sin ninguna investigación preliminar ni pruebas remotas de un delito, enviando un mensaje muy directo a los periodistas que trabajan en el Brasil: el profesional o el vehículo que molesta a las autoridades del país será objeto de persecución judicial.

Responsable en 2019 de revelar una serie de ilegalidades cometidas por agentes estatales durante la Operación Lava Jato, el fundador del sitio web The Intercept está siendo acusado de «el delito de asociación delictiva y el delito de interceptación telefónica, informática o telemática, sin autorización judicial o con objetivos no autorizados por la ley», resultante de un intercambio de mensajes con una fuente, comunicación que presupone el ejercicio básico de la actividad periodística. Desde el principio, la denuncia viola un mandato del Tribunal Supremo Federal (STF), que determinó en agosto de 2019 que Glenn estaba protegido por la confidencialidad constitucional de la fuente y no podía ser objeto de la devastación de su vida. Y el MPF también decidió ir en contra de la Policía Federal, que, durante la Operación Spoofing, ya había analizado el material que apoyaba la acusación y descartó la posibilidad de una conducta criminal por parte de Glenn.

Todo este complot kafkiano se vuelve aún más escandaloso cuando se descubre que Wellington Divino de Oliveira, el fiscal que firma el proceso inquisitorial contra Glenn, es el mismo que recientemente intentó imputar el delito de calumnia al presidente de la OAB, Felipe Santa Cruz, por criticar al Ministro de Justicia, Sergio Moro. Y, «casualmente», este ataque a Glenn ocurre en un momento en el que Moro ha decidido aumentar su exposición pública en programas de entrevistas de gran audiencia, con la intención perceptible de proyectarse en vuelos políticos más grandes.

De hecho, hay una estrategia por parte de la extrema derecha para erosionar la credibilidad del periodismo. Se puede decir que el pasatiempo favorito del Presidente de la República y sus ayudantes es ofender a los profesionales de la prensa a diario. Una pregunta más objetiva sobre cualquiera de los diversos escándalos del gobierno es suficiente para que una lluvia de descalificaciones precipite a los reporteros que siguen la agenda presidencial. Hace unos días, Bolsonaro incluso maldijo a la madre de uno de los periodistas y afirmó que el lugar de un reportero brasileño de ascendencia japonesa era Japón. El Ministro de Educación, Abraham Weintraub, que se quedó prendado del grave fracaso de la aplicación del ENEM, llamó a un comentarista conservador crítico del gobierno una «boca de alcantarilla».

Este festival de insultos verbales tiene como uno de sus objetivos más explícitos estimular a la milicia digital bolsonarista para que reproduzcan el mismo comportamiento en las redes sociales contra la prensa, cuando no fomenta la restricción física en las calles durante las manifestaciones. De esta manera, uno de los pilares de control e inspección de la sociedad civil, la prensa libre e independiente, se ve contra las cuerdas por una avalancha oscurantista que proviene de varias instancias del Estado brasileño.

 

Repercusión y solidaridad internacional

El intento de silencio de Glenn Greenwald ha despertado un amplio repudio en la sociedad brasileña, impulsado a la izquierda del espectro político hasta llegar al alcalde y a algunos ministros del STF. Los parlamentarios y líderes del PSOL fueron los primeros en clasificar la denuncia como «la criminalización del periodismo». Rodrigo Maia, presidente del Congreso Nacional, lo describió como «una amenaza a la libertad de prensa». Gilmar Mendes y Marco Aurélio Mello, ministros del STF, se posicionaron públicamente contra el rapto autoritario del MPF, y una columna del Estadão informó que si la denuncia va al STF, debe ser archivada.

A nivel internacional, Glenn Greenwald también ha recibido importantes demostraciones de apoyo. El New York Times, El País y The Guardian, por ejemplo, han publicado editoriales y artículos de opinión que alertan sobre los riesgos que corre la libertad de prensa en Brasil. Los presidentes del Partido Demócrata de EE.UU., como Bernie Sanders y Elizabeth Warren, también han expresado su solidaridad con Glenn. Edward Snowden, un ex agente de inteligencia de los Estados Unidos que reveló detalles del programa de vigilancia global de la NSA, publicó la siguiente declaración en Twitter: «Esta es una increíblemente desnuda represalia por revelar la extrema corrupción en los más altos niveles del gobierno bolchevique, y una amenaza existencial al periodismo de investigación en Brasil.

Considerando que los ataques a la libertad de prensa y a otros derechos democráticos sólo deberían aumentar en Brasil este año, ya que el aparato de extrema derecha del Estado está consolidado como lo hizo Viktor Orban en Hungría, esta campaña en solidaridad con Glenn Greenwald es urgentemente necesaria para ganar más fuerza y unirse a otras campañas mundiales como la campaña #FreeAssange. En un momento en que la comunidad internacional está normalizando la presidencia del G-20 con Mohamed Bin Salman, Príncipe Heredero de Arabia Saudita, que mandó matar y descuartizar a un periodista, es necesario erigir un gran muro en torno a los valores democráticos. La criminalización del periodismo es un paso decisivo hacia la marcha del neofascismo mundial.

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