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Elecciones 2020, lecciones que aprender

En las urnas, el pueblo peruano ha continuado la lucha que emprendiera en las calles y que llevó al cierre del Congreso y a la convocatoria de elecciones congresales complementarias. En estas elecciones los partidos de la corrupción fueron fuertemente derrotados. Si días antes parecía que la apatía primaría en el voto ciudadano, esto se despejó al conocerse los primeros resultados pues la gente agarró lo que tuvo a mano para arremeter contra la mafia congresal. Ese es mayormente el sentido del voto a los partidos sorpresa en estas elecciones, incluidos los de corte autoritario que ciertamente representan un nuevo peligro.

Si bien es la derecha liberal la que gana, prima la fragmentación. Nueve partidos van del 10% al 6% en el escrutinio general estando en veremos el ingreso de Juntos por el Perú que acusaría un serio revés. Con esta variopinta composición del nuevo Congreso, la crisis de régimen ha de continuar aunque sale fortalecido el presidente Vizcarra, que si bien no participó con lista propia casi todos los partidos elegidos le aseguran colaboración, con lo cual al menos la gobernabilidad coyuntural parece allanada. Sin embargo es muy posible que se abra un nuevo escenario de disputa pues el gobierno, ahora con el apoyo de la nueva mayoría congresal, seguirá en su empeño de imponer nuevas privatizaciones, sacar adelante los mega proyectos extractivitas y aplicar otros ajustes laborales, todo lo cual será respondido por las organizaciones populares creando un nuevo ciclo en la crisis de régimen que se vive en Perú.

Aun cuando distintos analistas minimizan o ignoran el papel de la movilización social, lo cierto es que es ésta ha sido determinante para abrir un proceso de conquistas democráticas aunque parciales y limitadas que incluyen el cierre del congreso como se ha dicho. Esto no ha podido ser capitalizado por la izquierda en esta oportunidad, salvo el Frente Amplio cuya máxima aspiración es tener bancada propia ajeno a toda política unitaria. A la luz de los resultados, el proceso hacia la izquierda sigue abierto sobre todo en el sur donde la radicalidad, una vez más se puso de manifiesto. Pero como no hay vacíos eternos, esta vez la ausencia de Verónika Mendoza (que barrió en estas plazas el 2016) y de un mensaje más confrontacional cedió paso al “antaurismo” que pretende refundar el capitalismo de la mano del economista ultra liberal Ernando De Soto.

Si sumásemos los votos de la izquierda, ésta hubiera ganado las elecciones congresales, y si bien en política no siempre las sumas aritméticas son las que prevalecen, no queda duda que hay una fuerte polarización contestataria de casi un tercio del electorado que aseguraría un pase a segunda vuelta el 2021 de ser superada la fractura actual que nos interpela seriamente. Estamos en una encrucijada porque la crisis puede dar pie a una salida continuista (Del Solar) y hasta autoritaria (Urresti) si no superamos los errores y la división de la izquierda. Nuevo Perú debe procesar la cuota de responsabilidad que le corresponde en este proceso y disponerse a jugar el protagonismo que le compete por el peso político que aún conserva. Sino revertimos pronto y rápido esta adversidad, otros sacaran provecho de esta situación excepcional de crisis de la derecha tradicional.

Es de señalar que si bien desde Nuevo Perú desarrollamos una política acertada en toda la crisis de régimen que sacudió al Perú, haciendo eje en la lucha democrática y contra el modelo, lo cierto es que no dimos continuidad al proceso de unidad entre las izquierda que empezó con el proyecto “Voces del Cambio” en Huancayo y luego en Cusco con grandes actos de miles de participantes incluyendo partidos, gremios y organizaciones populares. La derecha acusó el golpe y empezó un ataque sistemático tratando de desmontar ese reagrupamiento que podía convertirse en una alternativa seria. El Nuevo Perú, que tenía un peso político determinante, no supo dirigir ese proceso y dilató definiciones oportunas zarandeado por la presión de ciertos sectores que veían mejor un giro al centro. Finalmente se optó por afirmar una propuesta desde la izquierda buscando capitalizar la polarización social. Pero como Nuevo Perú carece de inscripción electoral desde la ruptura del FA, debió allanarse a ir como fuerza invitada a una alianza con Perú Libre del ex gobernador de Junín Vladimiro Cerrón y de Juntos por el Perú, un rejunte de partidos de la vieja izquierda que arrastran un pesado descrédito del cual les resulta muy difícil recuperarse.

Allanarse a un entendimiento con estas fuerzas no fue tarea fácil pero era el único camino a la mano para presentar batalla a la corrupción y los partidos de la derecha en el Perú. No había otra opción, salvo la de abstenerse pensando en el 2021 lo que hubiera llevado a la dispersión de nuestra fuerzas pues la necesidades políticas no nos esperan. Este quizá sea el tema de mayor debate entre nosotros pues la ilusión de ir solos a pelear el gobierno siempre es tentadora

El proyecto unitario que nació desde las entrañas del Perú profundo mereció un ataque despiadado de la derecha acusando a NP de pactar con corruptos, Simón y Cerrón, en particular éste último, pese a que ambos dieron un paso al costado obligados por las circunstancias. Pero la prédica hostil de los medios hizo eco en un sector de congresistas y militantes de NP que optaron por abandonar la organización. Fue el costo que NP debió pagar por su determinación de participar, aún sin inscripción propia, en estas elecciones para cerrar el paso a los corruptos y abrir camino a un gobierno del pueblo en el 2021. La pérdida de valiosos compañeros y compañeras debe llamarnos a reflexión, para hacer los máximos esfuerzo por clarificar las diferencias y evitar que objetivos más estratégicos se vean perturbados por cuestiones tácticas. Finalmente, ya al borde de la inscripción, la triple alianza no se consumó por problemas administrativos de PL que optó por seguir por cuenta propia. Así es como NP termina ingresando como partido invitado en las filas de JP. Luego, en la conformación de la lista, bajo la premisa equivocada de que el 2020 no tiene mucho efecto sobre el 2021, quedamos sin la participación de Verónika en la lista de candidatos. Quedará para el análisis lo que puso ser con Verónika al frente, pero difícil será negar que era nuestra mejor ficha y quedó de lado.

Ahora, solo queda insistir en la inscripción del MNP buscando acreditar 24,000 afiliados y mantener la identidad como nueva izquierda democrática, amplia y confluyente, opuesta a toda componenda que debilite su propuesta programática de ruptura con el régimen político imperante y el modelo neoliberal. Estaremos así en mejores condiciones para liderar, desde la izquierda, un bloque social y político que se proponga ser gobierno para dotar al país de una nueva constitución y un nuevo estado, verdaderamente soberano, democrático y popular en ruptura con un modelo económico que desde hace 30 años solo beneficia a las transnacionales imperialistas y al gran empresariado nacional.

Los resultados en los recientes comicios, si bien nos son adversos, abren una nueva oportunidad para cambiar la historia de cara al bicentenario. Aprendamos las lecciones que dejan.

Comisión Política 02/02/2020

 

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