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Crónicas Catalanas: 30M – Sobre la marcha

No me gusta el lenguaje guerrero. En mi opinión los gobiernos y medios de comunicación lo utilizan para que nos vayamos acostumbrando a ver el ejército, la policía, la guardia civil en las calles y a la invasión de derechos y competencias. Se preparan como estado para hacer frente a posibles asaltos a mercados, pero creo que, sobre todo, para reprimir la legítima protesta social y la libertad de expresión.

Dicho esto, hoy al salir a hacer las compras en mi pequeño pueblo, me ha venido a la mente la época de racionamiento de la guerra civil, de la que hoy me habla mi mamá, y me habló mucho mi abuela cuando vivía. La semana pasada una persona murió una persona y hubo siete contagios. Pero…¡por fin he encontrado huevos! A la cuarta vez va la vencida. No es que no hubiera en general, pero cuando yo llegaba escuchaba una frase a la que creo que me tendré que acostumbrar: “ya se han terminado”. Por tanto, hoy mi mamá y yo estamos contentísimos. Empiezo este lunes feliz… ¿En cuántos pueblos, cuántos países, cuantos campos de refugiados no tendrán esa suerte?

Me llegan noticias de amistades de Panamá donde me dicen que están repartiendo unas bolsas de emergencia raquíticas, con algo de aceite, una lata de atún, bolsita de arroz, de alubias…seis u ocho alimentos, pero raquítico. Una amiga me dice que es un insulto a la gente, es como decirles: “eso es lo que valéis”. También he visto que el gobierno ha repartido unos “bonos” de dinero, unos vales en papel impreso de 20$. Pero nadie sabe cuánto dinero va a repartir el gobierno. Hay protestas y cacerolazos en la calle en varias ciudades y en Colón, donde parece que ha habido algún asalto a supermercados, ya ha sacado el ejército a patrullar.

En los periódicos de Catalunya sale la noticia de cómo afecta el coronavirus diferentemente según se viva en un barrio rico u otro más trabajador. Dentro de esa pandemia sigue habiendo clases. Los gobiernos están desbordados, actúan sobre la marcha, toman decisiones; o no las toman; rectifican al día siguiente; o al cabo de unas semanas. Pero hay algo común: casi todos, por no decir el 100%, van tomando las decisiones en función de las presiones que reciben, no por criterios científicos y del bien común. La política es economía concentrada. Las políticas públicas sanitarias frente al coronavirus plantean la gran pregunta: ¿qué es primero, la salud o los negocios? Parece que para los gobiernos es lo segundo.

Las únicas instituciones internacionales que muestran tener una visión más global de la pandemia, de las necesidades, han sido por ahora la Organización Mundial de la Salud y el secretario general de las Naciones Unidas quien, en un mensaje dramático, llama a parar todas las guerras. Todos los estados capitalistas, todas las instituciones económicas, van cada una a la suya. La insolidaridad es la norma. Sobre todo, en Europa: el coronavirus muestra las costuras y falsedad de una “Unión” Europea que no es capaz de ayudar a Italia ni España ni, sobre todo, a los campos de refugiados.

Se nota a faltar una actuación común, urgente, coordinada, basada en criterios científicos, para hacer frente a la estrategia del virus. Falta una visión estratégica “global” en medio de la mayor globalización jamás habida seguramente. Ya el virus demostró que “no hay fronteras”. Ya no existe ningún país ni rincón del planeta donde no vaya a afectar la pandemia. Por ello pensar ahora primero en la economía de mercado y tomar medidas en función de “volver a la normalidad lo más rápido posible”, que es lo que está haciendo el gobierno Sánchez, es ir por detrás de la estrategia del virus.

De todas formas, hay que decir que Sánchez, aunque tarde, ha tomado algunas medidas en el buen sentido. La última, decidir que el confinamiento se aplique también a todos los trabajadores y trabajadoras que no formen parte de los servicios esenciales. ¡Por fin una medida fuerte, que evitará muchos contagios y vidas! Pero la patronal y la derecha ya han salido en tromba a atacar al gobierno de coalición progresista. Prefieren que se infecten los trabajadores, sin mascarillas, sin equipos, sin posibilidad de mantener las distancias de seguridad, antes de que las empresas se resientan. Si estuviéramos en un gobierno de la triple derecha, la pandemia se habría multiplicado.

La patronal ya ha despedido decenas de miles de trabajadores por “fuerza mayor”. El gobierno ha sacado un decreto que dice no permitir el despido por esta causa…Es una medida que también es atacada por el PP, Ciudadanos y Vox…pero el empresario puede pagarle una indemnización de 33 días y despedirlo igualmente. ¿Por qué no toma una medida más radical como la de despido NULO, y la hace extensiva al principio de la crisis?

El gobierno toma algunas medidas correctas…pero tarde y mal. Lo que equivale a dejar desprotegida la población más indefensa. Si quiere responder al lema del que hace gala, “no dejaremos a nadie atrás”, tiene que tomar medidas mucho más enérgicas para ayudar a la clase trabajadora, tenga o no contratos, fijos o precarios, y escuchar a los sindicatos. No es suficiente “movilizar la mayor cifra de dinero de todos los tiempos”, más de 200.000 millones de euros según Sánchez, cuando en realidad el gobierno confía en que el capital privado aporte 80.000 y el estado dedique sólo el 20% de la cantidad restante (117.000 en realidad), de los cuales el 80% sólo serían “avales” para créditos en la banca privada. ¿Otra vez todo tiene que pasar por la banca privada para que controle y haga negocio?

Hay que ser más directos, hay que “movilizar deprisa”, sin apenas burocracia, dinero que llegue a las personas: una renta básica universal. Y ¿cómo se financia? Quizás está bien pedir coronobonos al Banco Central Europeo, pero salta la pregunta: ¿será cambio de una nueva vuelta a la tuerca del “austericidio” y los recortes, como se hizo en la crisis de 2008 donde salieron ganando los bancos y grandes capitales? ¡Ellos se aprovecharon de la crisis! ¡La provocaron con su avidez de beneficios y luego nos la cargaron a nuestras espaldas! Ahora los ricos, son inmensamente más ricos. Y los pobres, más pobres. Buena parte del trabajador, aún si tiene trabajo, cae en la pobreza. Por eso ahora, sobre la marcha, habría que imponer una requisa urgente del 20% a los capitalistas más ricos y de los que se han enriquecido en este periodo de crisis.

“La brecha entre los más ricos del mundo y el resto de la sociedad sigue siendo abismal. En 2019, los 2153 milmillonarios que había en el mundo poseían más riqueza que 4600 millones de persones (el 60% de la población). Los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África. El 1% más rico de la población posee más del doble de riqueza que 6900 millones de personas.” Informe Oxfam 2020.

No podemos volver y no volveremos a esa “normalidad”. El sistema capitalista está demostrando que no es eficaz para responder a esta pandemia. Como tampoco lo es para conservar la vida natural, ni para mitigar el cambio climático. Confinados, sí, pero aprovechemos esta grave crisis que tenemos para pensar qué cambios necesitamos, qué nuevo tipo de sociedad, de economía, de valores. Donde la salud, la felicidad y la fraternidad humana consigo misma y con el mundo natural, sea lo primero y único que importe.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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