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Las mujeres piden la destitución de Bolsonaro. ¿Porque no?

Durante sus casi 30 años en la Cámara de los Diputados, Jair Bolsonaro siempre fue un parlamentar inexpresivo y inoperante que tenía como base electoral los militares de Rio de Janeiro. Ya soñando en disputar la presidencia, apostó en la exacerbación de su machismo para ganar el centro de atención. Sin proyecto propio y ninguna experiencia administrativa, fue ascendido al puesto de “mito” por el machismo que expresaba en programas populares en la televisión.

“Solo no te violo porque usted no merece”.

“Callate la boca, perra”.

La violencia machista del capitán expulsado del ejército no es novedad. Durante la votación de la impugnación de Dilma, en 2016, Jair Bolsonaro rindió homenaje al torturador Brilhante Ustra, al que se refirió como “el terror de Dilma Rousseff”. Quedó impune, a pesar del crimen de apología a la tortura. Ya por los insultos machistas contra la diputada Maria do Rosário, fue punido por la justicia, habiendo sido obligado a pagar multa. Acabó siendo muy barato.

Durante la campaña electoral de 2018, multitudes de mujeres tomaron las calles del país en las manifestaciones “Mujeres Unidas contra Bolsonaro”, cuyo símbolo fue la expresión “Ele não”1. El amplio movimiento hizo crecer la participación de las mujeres en la política, que eligieron representantes conectadas con la lucha feminista en los espacios de poder.

En el parlamento, esas mujeres están en la primera línea en el enfrentamiento a las políticas anti-pueblo del gobierno. Es una guerra diária. Por la primera vez en la nuestra historia, estamos gobernadas por un hombre que se enorgullece de su machismo y que tiene en las mujeres su objetivo principal.

Para intentar a esconder su absoluta incapacidad para resolver los verdaderos problemas del país, Jair Bolsonaro insta para el discurso violento. Dialogando con el machismo estructural tan arraigado en la nuestra sociedad, el “mito” vomita desafueros y ofensas contra las mujeres que lo cuestionan.

El objetivo más reciente de la ametralladora de improperios del presidente fue la periodista Patricia Campos Mello, de Folha de S. Paulo. Patricia investigó y divulgó con mucha competencia el esquema criminal de disparo en masa de mensajes falsas a favor de Bolsonaro durante las elecciones de 2018. Alimentada por la oficina del odio y operada por los hijos del presidente, se empezó una campaña pública de ridiculización y mentiras contra la periodista, falsamente acusada de tener se insinuado sexualmente a cambio de informaciones para sus reportajes.

Siempre por orden del padre, el diputado Eduardo Bolsonaro subió a la tribuna de la Cámara para reforzar las ofensas contra la periodista, exactamente en el momento en que empiezan a aumentar los cuestionamientos sobre la muerte del miliciano Adriano da Nóbrega, beneficiario del esquema de las “rachadinhas”2 de Flávio Bolsonaro.

Pero no se trata sólo de una “cortina de humo” como normalmente algunas personas dicen. El proyecto de ataque a las mujeres es consciente. Son las mujeres madres las que gritan la muerte de sus hijos en las periferias. Que acusan la ineptitud del gobierno en la gestión de la educación pública. Que cobran la falta de medicamento en el centro de salud y que se enfadan con los cortes en políticas como el “Bolsa Família”3. En fin, son las mujeres las que más sienten en la piel la farsa del proyecto bolsonarista. por eso, el odio del presidente a todas nosotras.

Las palabras indecorosas de Bolsonaro legitiman el machismo y la violencia contra las mujeres. Pero no son solas las palabras. Bajo la actual gestión, Brasil retrocede en las políticas públicas de enfrentamiento a la violencia contra la mujer. La Casa de la Mujer Brasileña, por ejemplo, no recibió un único centavo siquiera de inversión desde que Bolsonaro asumió la presidencia. El programa prevé asistencia y acogida a mujeres maltratadas y en situación de vulnerabilidad.

Nunca es demasiado recordar que Brasil es el quinto país con el más grande número de feminicidios en el mundo. A cada 4 minutos, una mujer es agredida. Sólo en 2019, fueron registrados 145 mil casos de violencia, sin contar a los dados que no son notificados. Una real epidemia de violencia y terror contra las mujeres que sólo se agrava. Mientras tanto, la ministra que debería responder por el tema, Damares Alves, cree que sólo es posible enfrentar el problema pintando las comisarías de rosa. Una burla.

Ante este escenario, es urgente que dejemos de esperar e empecemos a agir. La tribuna femenina en la Cámara repudió con vehemencia los insultos del presidente contra Patricia Campos Mello, ocupando colectivamente la tribuna de la Cámara y denunciando en unidad el machismo y la misoginia. En este esfuerzo, destaco el papel de las diputadas Natália Bonavides (PT-RN) y Tabata Amaral (PDT-SP), que fueron determinantes para articular nuestra intervención. Pero Brasil espera más de nosotras.

Es hora de Jair Bolsonaro pagar por sus crímenes. En este momento en que se apilan crímenes de responsabilidad y quiebres de decoro, defiendo que las voces de las mujeres que claman por un basta sean oídas. Un pedido de impugnación nascido de la indignación femenina está al orden del día. Cuanto más el tiempo pasar, más grandes van a ser los daños causados a las mujeres a través de los más diversos niveles de violencia.

En el próximo día 8 de marzo, el movimiento feminista saldrá a las calles para rechazar, así como hicimos en las manifestaciones del “Ele Não”, el repugnante y machista presidente Jair Bolsonaro. Manifestaciones están siendo organizadas en todas las regiones del país. Va a ser un momento fundamental para defender Brasil de este hombre que ataca nuestras vidas y nuestro futuro.

Sâmia Bomfim es diputada federal (PSOL-SP).

1 Lo mismo que “él no”.
2 Cuando un parlamentario nombra personas para su gabinete que no trabajan en él, y devuelven su salario para el diputado.
3 Programa social implementado por el gobierno Lula que transfiere dinero para las personas en situación de pobreza y de extrema pobreza.

Traducción: Bruno Carvalho

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