Portal de la Izquierda en Movimiento Portal de la Izquierda en Movimiento Portal de la Izquierda en Movimiento

Manaus, en el contexto de la pandemia COVID-19 es un territorio de muerte. Una ciudad en la que en cada zona, en cada unidad de salud, desde una unidad básica hasta un hospital de alta complejidad, hay indicios de que el sistema hospitalario se ha colapsado. En la televisión y las redes sociales, los vídeos revelan el horror: pasillos atestados de cuerpos y pacientes luchando contra la vida; imágenes con decenas de personas contaminadas en un entorno hospitalario que sólo tiene tres ventiladores y uno está defectuoso; falta de energía, falta de oxígeno, equipo básico para los equipos médicos; los familiares de los pacientes con otras enfermedades informan de que no hay posibilidad de atención.

Pero, ¿cómo llegó la ciudad de Manaus a este estado de caos, de colapso en su sistema de salud? ¿Qué condiciones se dieron desde antes de la llegada del nuevo coronavirus y qué potenció sus oscuros efectos?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el Estado de Amazonas, del que Manaus es la capital, siempre ha estado bajo el control del mismo grupo político desde la reapertura política al final de la dictadura cívico-militar. Este grupo con nombres como Gilberto Mestrinho, Amazonino Mendes, Alfredo Nascimento, Eduardo Braga, Omar Aziz, José Melo y otros personajes políticos menores, nunca ha hecho del SUS una bandera de alternativa efectiva para proveer servicios de salud a las masas de trabajadores. Así, las desigualdades socioeconómicas, nunca enfrentadas por este grupo político, se han desdoblado en desigualdades en materia de salud que se expresan en el hecho de que la presencia de médicos en el Amazonas es uno de los índices más bajos del país desde la aparición del SUS. A esta disposición política local se añade el hecho de que las políticas sanitarias del gobierno federal nunca han tenido una institucionalización duradera capaz de hacer frente a las especificidades regionales. Así, los medios de comunicación y los servicios de alta complejidad se concentraron en Manaos, dejando que los municipios del interior se redujeran y ahora, en el contexto de la pandemia COVID-19, el colapso del sistema de salud en la capital del Amazonas significa el colapso de todo él.

En segundo lugar, es necesario tener en cuenta el saqueo de los recursos públicos destinados a la salud mediante planes delictivos. La Operación Malos Caminos de la Policía Federal hizo estallar en 2016 una organización criminal comandada por el médico y empresario Mouhamad Moustafa, el gobernador del estado en ese momento, José Melo, su esposa, y otros agentes políticos (secretarios de salud) y agentes de las empresas de los primeros. Juntos robaron cantidades de unos 110 millones de reales de recursos que deberían haberse utilizado en la salud pública pero que se desviaron hacia el enriquecimiento ilícito. Durante una huelga de médicos y enfermeras por el retraso en el pago de los salarios, un audio confiscado por la PF revela los comentarios de los bochados del empresario: «La manifestación de los médicos aquí en el Compensate estaba abarrotada. Tres médicos y el resto de los asesores del sindicato para hacer ruido. Creo que incluso vi a la señora de la limpieza del sindicato aquí para hacer algo de ruido». Los trabajadores de la salud que se manifestaron en Manaus, en 2015, y que fueron objeto de la ironía del empresario criminal, luchan ahora por combatir a COVID-19 en condiciones hospitalarias que son legado de la cupinización de recursos que deberían haberse destinado a la salud. Muchos de estos médicos y enfermeras están contaminados y algunos incluso han muerto en las últimas semanas.
Tercero, tenemos la inclinación de la mayoría de los residentes de Manaus por una opción política reaccionaria. Tal opción debe ser considerada en el continuo avance de las iglesias evangélicas en la disputa por el espacio en la política institucional, eligiendo concejales, diputados estatales y federales que siempre defienden las agendas conservadoras, lgbtfóbicas, machistas contra la clase obrera. Estos grupos, además de los grupos conservadores vinculados a la Iglesia Católica y las fuerzas policiales que equiparon la educación mediante la creación de colegios militares de la Policia Militae, fueron punta de lanza en la elección de Jair Bolsonaro a la Presidencia de la República en Manaus, que en 2018, en la segunda vuelta, dio el 65,72% de los votos al candidato elegido. En la Marcha por Jesús en 2019, 400.000 personas vestidas de verde y amarillo ocuparon las calles de la ciudad «por sus familias y por el Brasil». En el contexto de la nueva pandemia de coronavirus, es desde este espectro de conciencia política que el apoyo al Bolsonaro llega en los discursos contra el aislamiento social, a través de la vuelta al trabajo. En el mismo momento en que aumentan los índices de contaminación y de muertes en el estado, los discursos del gobierno estatal y del alcalde a favor del aislamiento, que al principio parecían tener efecto, implosionaron con la llamada del Bolsonaro a las calles. La tasa de aislamiento social, que alcanzó el 64,2%, se redujo al 48% después de que Bolsonaro comenzara a cuestionar las directrices de la Organización Mundial de la Salud y su Ministerio de Salud.

Cuarto, según datos de la PNAD del último trimestre de 2019, mientras que la tasa del país es del 40,9% de personas empleadas pero de manera informal, en Manaus esta tasa es del 58,35%. La tasa de desempleo es del 19,4% (210.000 personas) de la población, que es la tasa más alta del Brasil. El modelo de la Zona Franca de Manaus, que era el pilar de la economía local y por lo tanto de la creación de empleo, con el proceso de reestructuración productiva y la inseguridad laboral, ya no es capaz de producir las tasas de empleo de finales de los años ochenta, cuando había más de 125.000 empleos directos en el Complejo Industrial de Manaus. Entre 2018 y 2019 el número de trabajadores bajo CLT cayó 6,7%, mientras que los trabajadores temporales aumentaron 5,5% y los trabajadores subcontratados 9,9%. Entre 2013 y 2018, el número de trabajadores empleados fue de 121,6 mil a 87,7 mil y el número de empresas instaladas allí, en el mismo período, fue de 480 a 450. En el año 2020, con el nuevo coronavirus ya manifestado en el mundo, la política del gobierno federal profundiza el horizonte del desempleo en Manaus. La política de Bolsonaro para la tasa del Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI) ha llegado a empresas en el centro de los concentrados que pueden salir de la ciudad haciendo desaparecer aproximadamente 7 mil puestos de trabajo. Las altas tasas de desempleo en Manaos indican una política estructural en la que la lógica del capital contemporáneo, que circula sin frenos en dirección a las regiones más favorables para su producción y reproducción, se impone en su cara más distorsionada, dejando atrás una ciudad como una efectiva tierra devastada. Y Jair Bolsonaro es el timonel de este desmantelamiento. En vista de ello, el Plan de Renta Básica de Emergencia, que prevé la transferencia de R$ 600 a los trabajadores informales, autónomos, sin ingresos fijos, debido a la crisis resultante de la pandemia y por un período de tres meses, señala que el escenario de desempleo estructural en Manaus plantea el desafío del país de revertir el desmantelamiento que las contrarreformas han impuesto al mundo del trabajo y establecer un sistema social más amplio que señale hacia un programa de renta básica que esté estructurando un proyecto de nación liberado de la prescripción destructiva del neoliberalismo. Aunque este debate no avanza, las colas en las sucursales bancarias son formas de inscribirse en el Plan de Ingreso Básico de Emergencia. Cientos de personas se apiñan en la ciudad que tiene la mayor tasa de infección por millón de habitantes del país.

Estos aspectos de la realidad local no son jerárquicos; forman momentos de la misma totalidad. Y resultan en una imagen trágica. En el desarrollo desigual y combinado del país, la forma en que la viga de crisis planteada por la crisis sanitaria adquiere tonos particulares, propios de una ciudad construida en una región cuyos pilares fundacionales de la aventura capitalista se produjeron a través de la acumulación primitiva de capital: con el exterminio de los pueblos indígenas, caboclos, pobres, desde los primeros momentos de la llegada del colonizador europeo hasta los días actuales. En el contexto de la pandemia del nuevo coronavirus, las viejas contraseñas de la dominación desvergonzada se manifiestan con una sensación de impunidad.

En un momento en que los índices oficiales, marcados por el subregistro, sólo aumentan el número de contaminados y muertos, con todo el sistema de salud en lona, sin máscaras, respiradores, camas y otros insumos, el gobernador de Amazonas, Wilson Lima, que es de la base de apoyo del Bolsonaro, hace el pago de viejas deudas de administraciones anteriores por un total de 736 millones de reales. En lugar de equipar el hospital de referencia en la lucha contra COVID-19, el gobierno alquiló el hospital desactivado a un colegio privado. Se compraron 28 ventiladores pulmonares por 2,9 millones de reales, con una renuncia a la licitación y un sobreprecio del 316%.

Ante estos escándalos, la Asamblea Legislativa del Estado de Amazonas (ALEAM) aprobó una solicitud de intervención federal en el estado. Cabe señalar que el proponente de tal solicitud es el Presidente de la casa, Josué Neto, un arduo defensor de la erudición y candidato previsto para la Ciudad de Manaus en las próximas elecciones. El mismo día que anunció que tenía un coronavirus, el Presidente de ALEAM también comentó que es necesario asegurar el aislamiento social de los que están en el grupo de riesgo, pero también pensar en alternativas para la economía.

En las calles, el 19 de abril, los manifestantes salieron pidiendo el fin del aislamiento social, la vuelta al trabajo y la destitución del gobernador. Horas antes de este acto, la policía civil recibió informes de que personas vinculadas a esta manifestación querían quemar coches y autobuses, aumentando el caos en la ciudad. Aunque fue atacado localmente por los manifestantes, Wilson Lima se negó a firmar la carta de los gobernadores en defensa de la democracia, escrita después del discurso del Presidente en Brasilia pidiendo la intervención militar y el cierre del Congreso.

En un país con un presidente que niega cualquier estrategia para combatir el COVID-19, en un estado con un gobernador perdido, sin una política eficaz para hacer frente a la pandemia a nivel local, con una Asamblea Legislativa que se inclina ante su presidente becario, con una parte de la población que sigue con fervor las actuaciones de odio del «Mito» genocida, Manaus es la cara más distorsionada de un paisaje que el día a día se compone de más cuerpos sin vida.

Así, en los días actuales, cuando el Planeta Tierra está pasando por la pandemia COVID-19, Manaus, una ciudad situada en la Amazonia brasileña, es la síntesis de la profunda falla metabólica bajo el orden capitalista entre el hombre y la naturaleza y la falla de la relación entre los hombres entre sí. Es la manifestación cínica, sin vergüenza, del alcance de la destructibilidad de la explotación del hombre por el hombre en busca de la valorización del capital, recuerda, en estas condiciones, la brillante obra de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad. Manaos es Macondo, una ciudad donde los gobiernos autoritarios imponen una oscura necrópolis en la oscuridad de los días con la certeza de que, en el futuro, nadie creerá que las fuerzas del Estado han matado a miles de sus habitantes.

Es una ciudad alejada de los grandes centros de decisión política y económica. Las metrópolis brasileñas, São Paulo, Río de Janeiro, Porto Alegre, Belo Horizonte, no lo entienden muy bien. Nueva York, Londres, París, Milán, Tokio, si han oído hablar de esta ciudad, fue por el exotismo del valle del Amazonas. Y ahora, porque es la etapa de lo que puede resultar más aterrador cuando todas las instituciones políticas fallan en la lucha contra el nuevo coronavirus. Tampoco sospechan que esta ignorancia sobre la ciudad pueda significar la imposibilidad de construir algo decisivo que sea diferente de este orden destructivo. Como Karl Marx señaló en una carta a Kugelman sobre los vínculos entre la condición de la clase obrera inglesa y la de Irlanda, el reconocimiento de las condiciones primarias de explotación del mundo natural y de los diversos grupos sociales, así como la emancipación de éstos, que viven en la ciudad amazónica, es una condición para la emancipación en el centro del capitalismo.

No es posible horrorizarse a distancia por lo que está sucediendo en Manaus, ya que es lo mismo que en los grandes centros urbanos. Los contaminados y los muertos están relacionados con el fracaso de todo el sistema económico y el llamado proceso de «civilización» impuesto en los últimos cinco siglos y medio al continente latinoamericano, el valle del Amazonas. Los días en Manaus con cuerpos dispersos en los pasillos de los hospitales y cientos de pacientes esperando la ocasión de ir al encuentro del no ser, no son días de una ciudad alejada de las grandes metrópolis. Como el Moro de Trier, en El Capital, De Te Fabula Narratur señaló! Se trata de ti, en las grandes metrópolis, lo que se ha escrito aquí.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

Secretaría de redacción

  • Pedro Fuentes
  • Bernardo Corrêa
  • Charles Rosa
  • Clara Baeder