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Crónicas Catalanas: 1A -La gran transformación

España ha superado los 100.000 infectados y 9.000 muertes por coronavirus. Las autoridades hablan de una ralentización de la expansión y que el famoso pico está cerca. Médicos y expertos son más prudentes. Asociaciones de profesionales de la salud denuncian la falta de medios con las que van a trabajar: el 15% de enfermos son del ramo. Los periodistas han pedido un cambio de los protocolos para realizar unas ruedas de prensa donde puedan interpelar directamente y no a través de selección y filtro de preguntas. También quieren repreguntar: los ministros y portavoces no responden a las preguntas. Donald Trump ha dicho que Estados Unidos debe “prepararse para 100.000 o 200.000 muertos” después de estar burlándose del virus “chino”. ¿Otro nuevo fake de Trump? Nos vamos haciendo una idea de la realidad de la pandemia sólo a través de aproximaciones y de números de víctimas. Como en las guerras, lo más difícil es llegar a la verdad. Parece que va para largo.

Pero hay noticias esperanzadoras también. Hoy escuché en Catalunya Radio, y confirmado en un periódico, que la Generalitat de Catalunya ha decretado que a partir de mañana, 2 de abril, el transporte público será gratuito en toda Catalunya para quienes tienen que trabajar en servicios esenciales hasta el 9 de abril, medida prorrogable si la situación de excepcionalidad se prolonga. Es la primera vez en el estado que el transporte público será gratuito. En varias ciudades europeas se ha probado esta medida mostrando sus muchos beneficios: para la salud, para la economía de las personas y también para el empleo.

Más cosas. La fábrica de automóviles SEAT, dependiente de Volkswagen, en pocos días ha pasado de fabricar coches a fabricar respiradores. También la industria textil ha pasado de la moda a las batas, a las mascarillas. Son ejemplos de cómo toda la industria se puede reconvertir hacia las necesidades humanas. El ser humano es el ser social más adaptativo que ha existido en nuestro planeta. Esta es la esperanza para la vida humana.

Un amigo me escribe respondiendo a la crónica anterior: “me ha gustado mucho, pero yo habría empezado por donde tú acabas: no podemos volver a la “normalidad” si ésta es el origen del problema. No conocemos la simiente del virus pero es más que evidente que está relacionada con la organización capitalista de los recursos humanos y naturales”. Es verdad, comparto plenamente su convicción.

Sin embargo, en mi crónica decía que no podemos volver a la “normalidad” y añadía…y no volveremos. Esto también forma parte de mis convicciones y quiero compartirlo. Los ejemplos que he dado son tan sólo una pequeñísima muestra de lo que el ser humano aún puede hacer para cambiar el curso de esta pandemia…y de los demás desafíos que se nos vienen encima: la extensión de la pandemia a países sin apenas sanidad pública y, con ello, su mantenimiento como peligro global; la gran recesión económica; la falta de recursos alimenticios; la emergencia climática…y no sigo más.

El problema con el que chocamos es que esa gran capacidad de creación que tenemos, ese heroísmo del que somos capaces, esa idea de fraternidad, de ser parte de una comunidad global, planetaria, choca con los mezquinos intereses de una minoría. Una ínfima minoría que aún manda y determina los destinos del mundo y de las sociedades nacionales, para la cual el bienestar, la protección, la compasión hacia los demás de su especie, le trae sin cuidado. Cuando “el hombre es un lobo para el otro hombre”.

Un ejemplo de esos obstáculos lo tenemos en la amenaza del Tribunal Supremo español de perseguir a aquellos funcionarios que permitan a los presos políticos independentistas pasar la cuarentena en sus casas –una medida que puede ser perfectamente legal- para así esponjar las cárceles. El odio anticatalán de esos funcionarios como el juez Marchena es la otra cara de la moneda: un tipo de régimen que debe desaparecer para acabar con la corrupción y llegar una paz y diálogo entre pueblos libres e iguales.

La necesidad obliga a tomar medidas sobre la marcha. Algunas se toman ya, pero a medias. El gobierno español ha decidido ahora un nuevo paquete que significaría un “escudo social”. No puede haber expulsiones de las casas y habría una medida directa, pero limitada: el pago de 440 € para parados que se les haya extinguido el contrato y sólo durante un mes. También subsidio para las trabajadoras del hogar. Pero, en general, el método es el mismo que las anteriores: la moratoria de pagos, parar el golpe. Es decir, pagos de hipotecas, alquileres, cuotas, cotizaciones de autónomos, se aplazan por seis o algunos meses.

En el gobierno de coalición progresista de España hay dos líneas. Fue visible en la rueda de prensa del anuncio del paquete. Iglesias, muy moderado, se tuvo que contentar con ofrecer tibios parches. En cambio, la ministra de economía, Calviño, rechazó una renta básica porque “el estado no puede sustituir la economía”. Según ella el gobierno está “buscando recursos adicionales” para pagar las medidas: “no paramos de buscar financiación” de fondos europeos. Pero en ningún momento se les ocurre de buscar el dinero donde ya está acumulado y listo: la banca. La nacionalización y creación de una Banca pública.

La industria debería estar ya reconvirtiendo su producción hacia las necesidades actuales para hacer frente al coronavirus. No basta que salgan iniciativas desde las empresas privadas. Hay que promoverlo desde el gobierno. Intervenir empresas, si es necesario. Las fábricas de automoción, que en Catalunya y el estado español emplean a muchos trabajadores, deben empezar a fabricar masivamente equipos sanitarios. La crisis del sector se arrastra desde hace algunos años y el parón económico que viene mostrará que ya estamos en el fin de la era del automóvil. Hay que reconvertirla a otro tipo de industria: paneles solares, trenes, autobuses, equipos sanitarios…

Tampoco la industria del turismo, la primera en Catalunya y España, va a seguir como era. Las infecciones continuarán en muchos países. La economía no permitirá el turismo masivo. La misma emergencia climática y conciencia de ella hará que haya una autolimitación en los viajes. Eso significará que hoteles, restaurantes, parques temáticos…aerolíneas…tendrán que reducir muchísimo sus capacidades y readaptarse a un turismo más local.

La industria alimentaria industrial, uno de los posibles focos del contagio y de las enfermedades actuales, tendrá que rediseñarse. Tendrá que hacerse más local, más ecológica, más autosostenible. Eso también significará mayor porcentaje de mano de obra, menor uso de pesticidas y químicos, menos automatización industrial.

Toda esa gran transformación que hay que hacer, pensar, planificar, tiene un enorme obstáculo: el sistema capitalista de producción y acumulación. Espero que nuestro confinamiento nos permita reflexionar sobre la gran estafa que significó la crisis del 2008, cómo nos la cargaron a nuestras espaldas los bancos, cómo se aprovecharon de ella y se hicieron los dueños del mundo. Esta vez no puede que ser así, porque si lo fuera sería muy parecido a un nazismo moderno, con alta tecnología. Lo que nos viene es una gran transformación: depende de nosotros cuál elijamos y luchemos por ella.

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

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