Portal de la Izquierda en Movimiento Portal de la Izquierda en Movimiento Portal de la Izquierda en Movimiento

La recesión mundial derrite la economía: ¿quién pagará la cuenta?

Junto con la pandemia del covid 19, que sigue extendiéndose por todo el mundo, otro «virus» amenaza a la sociedad: el de la recesión. Los efectos económicos y sociales de la crisis combinada -salud, política y social- son todavía impredecibles. En Europa, aún en el ojo del huracán de la propagación de la enfermedad, todos los índices económicos se derrumbaron en el primer trimestre: la retracción en países como Francia, Italia, Inglaterra y Alemania oscila entre el 4 y el 6%. Sin mencionar la destrucción de empleos y la reducción de la masa salarial.

El martes 14 de abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) declaró que la «gran parálisis», como se denomina a la actual crisis de la economía mundial, llevará al planeta a una recesión aún peor que la de 2008. El FMI afirma que la crisis actual sólo puede ser comparada con la de 1929.

En Brasil, la situación es aún más grave. Hay una batalla política contra el Bolsonaro, que niega la situación real de la pandemia, retroalimentando los elementos más agudos de la crisis general. A falta de un trabajo coordinado, el «esfuerzo de guerra» -que requiere más centralización y cooperación- produce menos efecto, ya sea por el aislamiento social «a medias» o por la incapacidad del gobierno de gestionar el país al borde del precipicio.

El movimiento obrero y juvenil tiene todavía pocas condiciones para intervenir, golpeado duramente por la condición objetiva y, encima, por la debilidad de la oposición, incapaz de ofrecer un camino.

Ante este escenario, es necesario debatir quién pagará la cuenta. Es irónico que Boris Johnson se entrevistara el domingo pasado cuando salió de la UCI del hospital, en la que agradeció al sistema de salud pública y a los profesionales de la salud de los inmigrantes por su curación. La rabia de los neoliberales al destruir los servicios públicos se transforma en una gratitud fuera de lugar.

 

Genocidio social y económico

Si la pandemia deja marcas terribles en Europa, donde el nivel de bienestar sigue siendo mucho más alto que en los países de la periferia, ¿qué debemos pensar de la llegada del pico en América Latina y el Sur global? El efecto del covid-19 en el continente latinoamericano, con sus bolsas de miseria, servicios públicos desechados y gran parte de la fuerza de trabajo en la informalidad, será terrible. Lo que estamos presenciando en el Ecuador, con los cuerpos dejados a la intemperie, es un presagio de una realidad general de colapso sanitario, pero también de colapso económico.

Las medidas de Bolsonaro y Guedes ponen en primer lugar la solvencia y la rentabilidad de los bancos, el sistema financiero, los acreedores de la deuda pública y las grandes empresas. El diputado que permite la reducción de los salarios y las horas de trabajo de los trabajadores ya ha empujado a un millón de trabajadores a vivir con salarios reducidos y enormes dificultades. A su vez, los portavoces de la burguesía se asustan con las noticias económicas, exigiendo que se aproveche la oportunidad de la crisis para aprobar las medidas que llevan mucho tiempo deseando, como el recorte de los sueldos de la administración pública, el aumento de la subcontratación, el fin de la estabilidad y de los concursos. La clase obrera, tanto formal como informal, en los sectores público y privado, está condenada a la inseguridad, el endeudamiento, el empobrecimiento y el desempleo – se estima que el número de desempleados en Brasil podría duplicarse en los próximos meses.

El gobierno de Bolsonaro tiene la culpa
En Brasil, la pandemia ya ha superado los 25 mil casos y 1,5 mil muertes. Existe la posibilidad de un subregistro masivo: algunas fuentes dicen que hay 10 veces más casos de covid-19 en el país. Un ejemplo trágico de la rápida propagación y sus consecuencias es la situación de Manaos (AM), cuyo sistema de salud ya se ha colapsado.

Bolsonaro es en gran parte responsable del empeoramiento de la pobreza. Al relativizar el coronavirus, burlarse de él, visitar empresas y fomentar las «carreatas da morte», el individuo que ocupa la presidencia expone a millones de brasileños al riesgo. Junto con Guedes, propuso que el ingreso básico de emergencia fuera sólo de 200 reales. Su única propuesta concreta es recurrir a la hidroxicloroquina, un fármaco cuya eficacia contra el covid-19 no se ha demostrado.

Al mismo tiempo, su orientación antipopular y antinacional, de completa sumisión a Trump, crea más dificultades para la llegada al país de los dispositivos e insumos necesarios para enfrentar la enfermedad, como en el vergonzoso caso de la «confiscación» por parte del gobierno de los Estados Unidos de material comprado por los gobiernos estatales brasileños con proveedores chinos.

Se trata de una verdadera política de muerte, como señalan increíblemente los partidarios neofascistas del Bolsonaro en la difusión de montajes «humorísticos» en Internet en los que el presidente aparece riendo y bailando mientras lleva un ataúd.

 

Luchando por el programa de emergencia

Es necesario seguir la demanda de medidas para hacer frente a la propagación de la enfermedad y mitigar los efectos de la parálisis económica en los trabajadores. Es necesario acelerar el pago de los ingresos básicos; promover la reconversión industrial para producir los insumos y el equipo, como los ventiladores respiratorios, necesarios en los hospitales; defender a los trabajadores de la salud; además de promover la realización de pruebas masivas, combatir la falta de información y ayudar al aislamiento de los pacientes. ¿Quién pagará los costos de la crisis? Los millonarios deben ser gravados, a través de un impuesto sobre las grandes fortunas y las grandes herencias; impuestos sobre las ganancias y los dividendos; además de la tributación de los bancos y el sistema financiero. Existen otras medidas fundamentales, como la revisión del techo de gastos y la Ley de Responsabilidad Fiscal, y la fiscalización de la deuda pública (como, por cierto, se establece en la Constitución de 1988). Como muestra la serie de videos de Luciana Genro, los multimillonarios brasileños – y no los trabajadores y los funcionarios públicos – deben pagar la cuenta de la crisis!

Una nueva página para apoyar y construir nuevas alternativas en Latinoamérica y en el mundo, defendiendo el poder de los trabajadores y el pueblo contra el 1% de ricos y privilegiados, y una sociedad sin explotación.

Secretaría de redacción

  • Pedro Fuentes
  • Bernardo Corrêa
  • Charles Rosa
  • Clara Baeder